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EP Global BLOGS Coordinado por Pablo Ferri

Manhattan en Michoacán, historia de una exageración

La semana pasada, medios de todo el mundo publicitaron el hallazgo de una gran ciudad precolombina en México. Arqueólogos consultados por EL PAÍS dicen que, de momento, no es para tanto

Una excavación arqueólogica en la zona del viejo imperio purépecha.
Una excavación arqueólogica en la zona del viejo imperio purépecha. cortesía

1. ¿De dónde sale Angamuco?

Durante el último encuentro anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, celebrado en Austin hace unos días, el arqueólogo Chris Fisher lanzó una bomba de hidrógeno a los cimientos de las teorías históricas sobre Mesoamérica. El sitio arqueológico en que había estado trabajando desde hacía diez años, Angamuco, en el Estado de Michoacán, no era uno cualquiera. Angamuco, dijo, fue en el pasado una enorme ciudad que llegó a ocupar alrededor de "26 kilómetros cuadrados" y albergó en torno a "40.000 estructuras, tales como casas, pirámides, carreteras, graneros", etcétera.

Fisher dijo que Angamuco, una desconocida hasta entonces, había sido más grande que la célebre Teotihuacan; o que Tzintzuntzan, la capital de viejo imperio purépecha, que dominó Michoacán hasta la conquista; e incluso que la urbe imperial de los aztecas, Tenochtitlan. De hecho, según las cuentas del arqueólogo, Angamuco se acababa de convertir en la mayor ciudad precolombina jamás descubierta.

La bomba de Fisher provocó un alud de titulares, más aún después de una entrevista que concedió al diario británico The Guardian, en la que aseguró que Angamuco llegó a tener "tantas estructuras de edificios como la isla de Manhattan". Fisher dijo también que el apogeo de la ciudad se dio entre los siglos X y XIV, momento en el que llegó a tener "más de 100.000 vecinos".

Lo raro de todo lo que dijo es que Angamuco no aparece prácticamente en las fuentes históricas. No fue capital del imperio purépecha, caso de Tzintzuntzan, ni aparece mencionada como ciudad importante, casos de Ihuatzio y Pátzcuaro. ¿De dónde sale Angamuco? ¿Cómo es posible que no se supiera de ella hasta hace tan poco tiempo?

EL PAÍS ha consultado a arqueólogos con amplia experiencia de campo en Michoacán para responder a estas preguntas. Y aunque cada uno aporta sus matices, la conclusión es que la comparación con Manhattan es exagerada o precipitada. José Luis Punzo, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, INAH, argumenta por ejemplo: "Decir que es más grande que Teotihuacán... No me atrevería a aventurarlo. Ese tipo de comparaciones, con lo de Manhattan, son desafortunadas. Confunden al público". El francés Gregory Pereira, del Centre National de la Recherche Scientifique, dice: "Se me hace muy extraño que un sitio de tanta importancia no esté ni siquiera mencionado en la Relación de Michoacán -fuente histórica purépecha- porque los uacúsecha, quienes fundaron el imperio purépecha después de derrotar a los señoríos rivales, mencionaron ampliamente a estos". Es decir, que si Angamuco hubiera sido un gran pueblo enemigo, lo normal habría sido vanagloriarse con su derrota.

2. Tan bella como La Ilíada

En La Conquista Divina de Michoacán, el premio Nobel francés J.M.G. Le Clézio recupera uno de los textos esenciales de la historia precolombina de México, la Relación de Michoacán.

Se trata de un testimonio desesperado, la constancia de una cultura que se evapora, miles de años de historia y conocimientos consignados a las buenas intenciones de un fraile cronista. Un acte de foi. Sin la Relación... se sabría poco o nada del imperio purépecha. El más potente del México precolombino junto al Azteca. En el siglo XVI, en plena conquista, este fraile anónimo plasmó en papel la historia oral de un pueblo que desaparecía, el relato de los últimos purépecha frente a la decadencia.

En su ensayo, de apenas 100 páginas, Le Clézio comenta el viejo texto, las andanzas de los primeros purépecha junto al Lago de Pátzcuaro, en el actual Estado de Michoacán, en el oeste mexicano, su paso errante, nómada y luego, con el tiempo, su madurez sedentaria. El nacimiento de un imperio, su consolidación y su destrucción a manos de los conquistadores españoles. "Es uno de los libros más bellos y conmovedores de la literatura universal", escribe el Nobel francés, "digno de ser comparado con La Ilíada o el Poema de Gilgamesh".

Dentro de las limitaciones del fraile cronista, la Relación de Michoacán es un relato rico en detalles. Sin ser un compendio de heráldica prehispánica, el autor menciona los nombres de los cazonci, emperadores, los petamuti, sacerdotes historiadores, las ciudades y dioses principales.

Se sabe que la ciudad más importante del Imperio Purépecha fue Tzintzuntzan, y que antes lo fue Pátzcuaro. Se sabe que sus dioses preponderantes eran Xarátanga y Curicaueri. Le Clézio menciona un par de veces a los "angamucurachan", dioses de la montaña, pero nada de una ciudad llamada Angamuco. En la Relación... tampoco aparece.

3. Hijo de la Inquisición

El imperio purépecha cayó pocos años después que el azteca. Si Hernán Cortés fue la némesis de Moctezuma y Cuauhtémoc, el castellano Nuño de Guzmán fue el de Tangaxoan, último cazonci de los purépecha.

De Nuño de Guzmán se ha dicho que fue un animal. Algo así como Pedro De Alvarado, que en ausencia de Cortés, ocupado en intrigas y motines en la costa de Nueva España, ordenó atacar y masacrar a los indígenas náhuatl en Tenochtitlan.

Según el historiador Fausto Marín Tamayo, el padre de Nuño fue alguacil de la Inquisición en Guadalajara y tuvo siete hijos, entre ellos Nuño. A la muerte de Fernando El Católico, tras la coronación de Carlos V, los Guzmán se hicieron con el favor del monarca y aprovecharon sus nuevas influencias en España y allende los mares. Carlos V le encargó a Nuño la gubernatura de Pánuco, en Nueva España, a donde partió en 1525. Tras algunos titubeos iniciales, el castellano se lanzó a la conquista del actual Estado de Jalisco y el de Michoacán, arrasando y esclavizando a su paso.

Tangaxoan murió por orden suya, quemado vivo. Nuño pretendía todo su oro y el que le traían, robos mediante, no le parecía suficiente. Torturó al cazonci y luego ordenó su asesinato. Le Clézio rescata este pasaje de la Relación de Michoacán: "¿Para qué quieren este oro?, pregunta el cazonci a sus dignatarios. Débenlo de comer estos dioses, por eso lo quieren tanto".

4. Derrames de lava volcánica

El descubrimiento de Chris Fisher fue posible, explicó en Austin, gracias a una herramienta revolucionaria. Se trata del LiDAR, una técnica de mapeo aéreo laser. Un forma de obtener al detalle un plano de relieve del suelo, salvando la vegetación, sedimentos recientes, etcétera.

Con dos vuelos de LiDAR, explicó Fisher, habían sido capaces de mapear la ciudad entera y aventurarse a informar de su extensión y la cantidad de edificios que albergó.

El arqueólogo francés Gregory Pereira ha trabajado en sitios arqueológicos de Michoacán desde hace décadas. Como parte del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, ha estado implicado en diferentes proyectos en torno al viejo imperio tarasco. "Subsisten varios problemas que el LiDAR no resuelve. Para empezar, muchas formas observadas son naturales o difíciles de interpretar sin la observación directa en campo. En los terrenos de Malpais -antiguos derrames de lava volcánica, abundantes en Michoacán- donde el sitio de Angamuco fue construido, el problema es particularmente agudo, puesto que estos espacios tienen naturalmente una gran cantidad de montículos naturales, que pueden ser confundidos con ruinas arqueológicas".

El mexicano José Luis Punzo añade: "Todo este conglomerado tan grande, 26 kilómetros cuadrados, hay que ver cuándo estuvo ocupado. Son muchos asentamientos, no sabemos si es una sola ciudad o varias ciudades superpuestas. Un asentamiento ocupado en diferentes momentos. Puede parecer una sola cosa, pero también pudo haber sido una cosa ocupada varias veces a lo largo de los siglos". O sea, en vez de un Manhattan, varias Hoboken de diferentes épocas superpuestas.

Punzo zanja: "Es precipitado decir que fue una ciudad como Manhattan".

Pereyra abunda en su argumento del principio. De haber sido una ciudad tan grande y numerosamente poblada, contemporánea de los uacúsecha, los primeros purépecha, estos, en su guerra por el poder, lo habrían mencionado en la Relación... "O bien el relato de la Relación... ha borrado por completo la existencia del sitio por razones ideológicas (pero, ¿por qué esconder esta realidad si, al contrario, los reyes de Tzintzuntzan se enorgullecían de sus hazaña y reivindicaban haber conquistado sus rivales?); o bien el sitio no ha sido correctamente identificado. Existe relativamente cerca del sitio reportado por Fisher, un lugar que se llama Curinguaro y que correspondía, en el Posclásico, a un gran rival de los uacúsecha".

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