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La desbandada del ISIS reaviva focos de conflicto en Siria

La guerra se intensifica en cinco frentes tras siete años de matanzas, destrucción y expulsión de civiles

Daños causados por los bombardeos sirios en Guta Oriental, cerca de Damasco.
Daños causados por los bombardeos sirios en Guta Oriental, cerca de Damasco. REUTERS

Lejos de ver reducida su intensidad después de la previsible derrota del Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés), la guerra se reaviva por varios focos en Siria en la que parecía su etapa final. Los enfrentamientos se han cobrado medio millón de vidas, han expulsado a la mitad de la población de sus casas y han hecho retroceder décadas la economía. Cuando se van a cumplir siete años del estallido del conflicto, choques y bombardeos se generalizan en al menos cinco frentes, con presencia de decenas de miles de combatientes extranjeros.

En este escenario de guerra mundial limitada, el despliegue de Rusia y de Irán y su milicias chiíes satélites ha obligado a retroceder a la rebelión contra Bachar el Asad, pero no ha logrado consumar la victoria del régimen a pesar de su control sobre dos terceras partes del territorio. Y Estados Unidos, que solo se había marcado como objetivo militar la erradicación del ISIS, se ha implicado en los últimos días en defensa de sus aliados kurdos con un mortífero contrataque contra milicianos progubernamentales.

Turquía interviene militarmente también desde hace tres semanas en la frontera noroccidental, e Israel acaba de lanzar su mayor ataque en más de tres décadas en Siria tras la pérdida de uno de sus cazas en una operación de represalia contra objetivos iraníes. Los redoblados bombardeos aéreos del régimen contra la población civil asediada en los últimos feudos de la insurgencia están causando centenares de víctimas y obligan a huir a decenas de miles de familias.

Los focos de conflicto que se multiplican en la guerra siria amenazan con dejar de lado el objetivo de la derrota definitiva del yihadismo. No se trata solo de choques aislados de turcos contra kurdos; de operaciones de las fuerzas del régimen contra los bastiones rebeldes; de ajustes de cuentas con fuerzas extranjeras como los que han desencadenado el derribo de un avión de combate ruso y otro israelí en apenas una semana, ni del enfrentamiento directo de tropas leales a Bachar el Asad contra la coalición internacional.

Todos estos movimientos, que persiguen ganancias territoriales en el tablero del conflicto sirio, son interpretados por algunos analistas como un inoportuno desvío de la estrategia compartida de acorralar al Estado Islámico para impedir su resurgimiento. Los milicianos del ISIS han regresado al desierto de la frontera sirio-iraquí, desde donde pueden amenazar con lanzar emboscadas contra las fuerzas sirias o kurdas, y ataques terroristas en las ciudades, como ha ocurrido en el vecino Irak. Esta es la situación en los focos activos:

Cantón de Afrin

Las fuerzas de Ankara se están encontrando con la resistencia de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG, en sus siglas en kurdo), la milicia que domina el Frente Democrático de Siria (FDS), que ha expulsado al ISIS del norte y el este de Siria bajo el paraguas de los bombardeos estadounidenses. Aparentemente, Rusia —que mantiene el control del espacio aéreo desde finales de 2015— ha tolerado la incursión militar turca, aunque el Gobierno de Damasco también parece haber permitido el paso de refuerzos kurdos hasta el aislado cantón a través de la provincia de Alepo. La corrección territorial que busca Turquía en la frontera nororiental siria —similar a la del Operación Escudo del Éufrates, que se prolongó más de seis meses entre 2006 y 2007— llevará tiempo. Más de 15.000 civiles se han visto desplazados por el avance de las tropas turcas.

Provincia de Idlib. El último gran feudo de la rebelión suní se ha convertido en refugio para más de un millón de sirios llegados desde otras regiones. Su presencia casi ha duplicado la población provincial. Grupos islamistas radicales de orientación salafista o próximos a Al Qaeda controlan parte de su territorio. Los bombardeos masivos de las aviaciones de combate rusa y del régimen han forzado el desplazamiento interno de más de 300.000 civiles desde el pasado diciembre.

Cerco de Guta Oriental

Sus 400.000 habitantes llevan cercados desde 2013 por las fuerzas del régimen y de sus aliados. Las milicias insurgentes del Ejército del Islam y el antiguo Frente al Nusra (filial de Al Qaeda) están sometidas a continuos bombardeos áreos, que la semana pasada se cobraron más de dos centenares de muertes (cerca de la mitad, de mujeres y niños), según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. En esta comarca de los suburbios de Damasco, los llamados “acuerdos de reconciliación” para garantizar la evacuación de los combatientes asediados junto con sus familias no parecen haber surtido efecto.

La desbandada del ISIS reaviva focos de conflicto en Siria

Deir Ezzor

En la orilla oriental del Éufrates, el mayor río de Siria, se sitúan las milicias de las FDS, bajo dirección kurda, y en la ribera occidental se despliega el Ejército del régimen junto con sus aliados. Hasta el pasado jueves, ambos bandos se habían mantenido a distancia con el objetivo coordinado de expulsar hasta la frontera iraquí, aguas abajo del río, a las fuerzas del Estado Islámico.

Más de un centenar de combatientes leales a El Asad murieron entonces en un bombardeo de la coalición internacional. Habían intentado tomar una base de las FDS para avanzar hacia los principales yacimientos de petróleo del país, pero fueron repelidos por el ataque más mortífero lanzado hasta ahora en Siria por EE UU, que ha desplegado a 4.000 miembros de sus fuerzas especiales.

Fronteras del suroeste

Se trata de una compleja región que se disputan grupos rebeldes enfrentados entre sí con las fuerzas gubernamentales sirias. En la triple frontera con Jordania y los Altos del Golán (ocupados por Israel desde 1967) también opera un grupo afiliado al ISIS. En el incidente más grave en el que se ha visto implicado Israel en los casi siete años de guerra civil en el vecino país árabe, un caza F-16 fue derribado el sábado después de haber destruido instalaciones iraníes cercanas a Palmira, en el desierto central del país.

El primer ministro Benjamín Netanyahu aseguró que Israel no se dejará intimidar después de haber perdido su primer avión en acción de combate desde 1982, aunque su Ejército ya sufrió el derribo de un helicóptero en Líbano en 2006. “Golpeamos con dureza a las fuerzas de Irán y Siria y lo seguiremos haciendo. Nuestro modo de actuar no ha cambiado”, advirtió.

El ataque israelí a Palmira causó seis muertos “no sirios”, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. La operación de represalia a gran escala desencadenada para destruir ocho baterías antiaéreas y cuatro puestos iraníes ha sido calificada por Israel como la más importante en más de tres décadas en Siria.