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El Este de Alemania se rebela

La derecha ultranacionalista ha sido el segundo partido más votado en la antigua RDA, donde los ciudadanos dicen sentirse abandonados y los refugiados han ejercido de catalizador

Simpatizantes de AfD celebran los resultados electorales, el domingo en Berlín.
Simpatizantes de AfD celebran los resultados electorales, el domingo en Berlín. EFE

Es su primer día en el Parlamento alemán. Tino Chrupalla mira alrededor y no acaba de creerse que aquí vaya a transcurrir su nueva vida. Hace solo dos días que Chrupalla, pintor de brocha gorda y candidato del partido de la derecha ultranacionalista Alternativa para Alemania (AfD), ha arrasado en las elecciones generales por Görlitz, su distrito del este del país. Desde su escaño quiere defender a los autónomos y a los jubilados y trabajadores pobres. Para ello tendrá que venir a menudo a Berlín, una ciudad que no le gusta “porque está llena de extranjeros”. Su distrito electoral está a tres horas en coche, pero la distancia mental y política que separa a sus habitantes de la capital es sideral.

En estos pueblos aseados, con verdes campos y pegados a la frontera polaca, un 32,9% de la población ha votado a la ultraderecha, convirtiéndolo en el partido preferido. Hay lugares como Neisseaue, donde la ultraderecha ha obtenido el 46,4% de los votos. Aquí los vecinos dicen sentirse abandonados y sus esfuerzos por reconstruir sus vidas tras la caída del muro, poco reconocidos, 27 años después de la reunificación de un país que, según los datos socioeconómicos no acaba de fundirse. En AfD, dicen haber encontrado el vehículo perfecto para rebelarse y canalizar su resentimiento. El voto protesta les permite ejercer una suerte de venganza contra una clase política en la que no confían, porque que sienten que se preocupa más por los refugiados de Siria que por los que se han quedado atrás en su propio país.

El triunfo de AfD en las elecciones del pasado domingo, donde obtuvo un 12,6% de los votos en toda Alemania y 94 escaños, ha catapultado a la extrema derecha al Parlamento por primera vez la Segunda Guerra Mundial, haciendo temblar los cimientos de la vida política alemana.

En Neisseaue hay poca vida en las calles. La población, envejecida, no tiene mucho que hacer. Aquí no hay tiendas ni cafés ni farmacia. Dos pueblos más allá, hay un pequeño supermercado, el único en un radio de 20 kilómetros. Sí hay un mini parque de atracciones, que más bien podría ser un museo con un helicóptero ruso tamaño natural donde se pueden subir los niños, un ábaco gigante y un montón de gnomos plantados en el césped. Hay también un trabi, el típico coche de la antigua República Democrática de Alemania (RDA) pintado de colores. Hoy está desierto, pero el dueño, Peter Kuhnt, asegura que el fin de semana vienen muchos niños de la zona.

Kuhnt es uno de tantos vecinos cabreados. “Los políticos no se preocupan de nosotros los alemanes, solo les importan los de fuera”. Siempre había votado al bloque conservador de la canciller, Angela Merkel, (CDU/CSU) , pero ahora dice estar decepcionado por la políticas de puertas abiertas que ha permitido la entrada de más de un millón de refugiados en dos años. “[Merkel] Viene del Este, pero se ha olvidado de nosotros”.

El voto de Kuhnt es preventivo. Porque a este extremo de Neisseaue no han llegado refugiados y de lo que se trata es de impedir que este rincón de Sajonia acabe convertido en una sociedad multicultural como Berlín. Asegura Kuhnt que hay colegios en Alemania en los que el 80% de los alumnos son extranjeros. No sabe cuál ni hasta qué punto es verdad o mentira, pero dice que hay una lista con los nombres de los alumnos que circula por Internet. Kuhnt espera ahora que AfD lleve nuevos aires al Parlamento alemán. “Sí, en AfD hay unos cuantos idiotas, pero también los hay en otros partidos”.

El Este de Alemania se rebela

Los datos indican que la esperada convergencia entre el Este y el Oeste no acaba de producirse. El último informe anual del Gobierno alerta de que el PIB en el oeste sigue siendo un 27% mayor, el desempleo es casi tres puntos porcentuales menor -5,8 frente al 8,5% del este- y los salarios son, con unos 600 euros brutos mensuales de media de diferencia también más bajos en la antigua RDA. El informe alerta también del desigual y rápido envejecimiento de la población. Entre 1990 y 2015, la población del Este decreció un 15%, sumando 12,6 millones 15 años después. Los jóvenes, sobre todo en las zonas rurales siguen emigrando, según los datos oficiales.

Pese a los agravios comparativos, las cifras reflejan que el bienestar es relativamente alto en el Este. Y hay un dato muy revelador. Sajonia, el Estado federado del Este donde se encuentra Neisseaue y una decena de poblaciones donde el apoyo a AfD superó el 40% es junto a Berlín el land cuyo PIB es el que más creció el año pasado; un 2,7%.

Élite académica y política

Petra Köpping, es secretaria de Estado de Integración en el Estado de Sajonia del partido socialdemócrata (SPD) pone el énfasis en la tesis de la incomprensión mutua. “No todo se soluciona con dinero. La gente dice, bueno construyamos más autopistas en el Este, pero de lo que se trata es de reconocer lo que han tenido que vivir en esta parte de Alemania. En el oeste tienen que ser conscientes de lo que ha pasado aquí”. Y sigue: “No puede ser que no se puedan hacer bromas de extranjeros y sí de gente de gente del este”. Köpping explica que la élite académica, la cultural, la jurídica y la política del país siguen siendo mayoritariamente del Oeste.

En el Ayuntamiento de Neisseaue está reunido el equipo de Gobierno. Son independientes y a pesar de no compartir las ideas de AfD, comprenden a la perfección porqué la gente les ha votado. No hace falta que apaguen los móviles, porque aquí no hay cobertura. De Internet, ni rastro. Explican que esta zona, que fue rica en textiles y en carbón hay muy pocas líneas de autobuses, no hay bancos y que no hay médico en el pueblo.

La gente, dicen ha sufrido mucho en los últimos 20 años, en los que han tenido que empezar sus vidas de cero y que ahora vienen los refugiados, les dan todo desde el principio y toca repartir de nuevo. “Se ha prestado mucha atención a las ciudades, pero el campo se ha olvidado”, interpreta Wolfgang Hainke, del Gobierno local. Los que no emigraron y ahora están en edad de jubilación temen por su futuro, o por el de sus hijos. Los refugiados han ejercido ha ejercido de catalizador y ha dado rienda suelta a sentimientos que llevan décadas fraguándose y que ahora Afd les pone nombre, les atribuye una supuesta causa y les ofrece una solución fácil. “Es claramente un voto protesta”, cree Evelyn Bergmann, la alcaldesa. Explican además, que cuando en el resto del país etiquetan al Este de “nazis” por su voto extremista, lo único que se consigue es ahondar la trinchera y alimentar un victimismo que a esas alturas goza ya de buena salud.

Werner Patzelt, catedrático de ciencia política de la Universidad de Dresde, ofrece otro argumento interesante. “Por razones históricas, en Alemania del Este, el sistema de partidos no está tan arraigado, la gente no se siente tan identificada con un partido y por eso, un partido protesta tiene más posibilidades de atrapar votos”.

Cae la noche en Berlín y sentado en una escalera del Parlamento Chrupalla, el diputado novel reflexiona cómo ha llegado hasta aquí. Cree que la gente está harta de la corrección política y aprecia cuando él “habla de problemas reales”, como “la islamización” de Alemania o de cómo “los refugiados disparan los gastos sociales”. Cuenta que él nunca se sintió representado por los políticos de Berlín y que con la llegada refugiados se apuntó a las manifestaciones de extrema derecha de Pegida en Dresde. Tres años después, su discurso antiinmigración se ha propagado subido al carro del descontento histórico y echa raíces, ahora también en el Bundestag.

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