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Angola se prepara para vivir sin Dos Santos

El presidente, en el poder desde 1979, abandona el cargo tras las elecciones de este miércoles

Elecciones en Angola 2017
El presidente angoleño Jose Eduardo Dos Santos saluda a sus partidarios, este sábado en Luanda. REUTERS

Las inmensas banderas rojinegras ondean con la brisa fresca en la árida capital, Luanda. Colgadas de los puentes, de las farolas, en la playa, los colores del Movimiento Popular por la Liberación de Angola (MPLA) —que son los mismos que los de la bandera nacional— tiñen la ciudad en las horas previas a las elecciones de este miércoles que no apuntan a cambio político, pero que serán una histórica y sonada despedida: la del presidente José Eduardo Dos Santos, en el poder desde hace 38 años.

“Cuando yo nací, Dos Santos ya estaba al frente”. Como Pedro, que habla pidiendo el anonimato, toda la juventud de Angola (25,7 millones de habitantes, según el censo de 2014) solo conoce su país en manos de Dos Santos, de 74 años, y ha vivido siempre bajo un sistema dirigido y controlado por un solo hombre. Junto con Teodoro Obiang, el presidente de Guinea Ecuatorial, en el poder desde 1979, José Eduardo Dos Santos es el mandatario africano con más años a los mandos de un gobierno, por encima del camerúnes Paul Biya (35 años) o del zimbabuense Robert Mugabe (29 años). Ahora, Dos Santos, frágil de salud (ha estado en una clínica de Barcelona dos veces en el último año), entrega voluntariamente la segunda posición del podio, en un gesto político sabio que le alejará de la primera línea, aunque no necesariamente del poder.

La Constitución aprobada en 2010 prevé la celebración de elecciones generales cada cinco años. Con los sufragios se eligen 130 diputados de ámbito nacional y otros cinco diputados por los círculos electorales de cada una de las 18 provincias del país. Solo puede ser presidente del país el cabeza de lista de ámbito nacional que sea más votado. De los 220 diputados de la Asamblea, 175 están en manos del MPLA. Casi 10 millones de angoleños están convocados a las urnas este miércoles.

“Este país necesita el cambio”, afirma Abel Chivukuvuku, el candidato de uno de los principales partidos de la oposición (CASA-CE), en su último mitin, invocando un elixir que cala entre la juventud, ansiosa de apertura, pero que no hace temer a la poderosa estructura del MPLA.

Partidarios del opositor Abel Chivukuvuku, este domingo en Luanda. ampliar foto
Partidarios del opositor Abel Chivukuvuku, este domingo en Luanda. EFE

Los rascacielos cortan el elegante perfil de la costa de Luanda, haciendo sombra a una ciudad envuelta por los barrios de casas de chapa. Los recursos minerales, como los diamantes y sobre todo el boom del petróleo, han permitido al Estado reconstruir una parte de las infraestructuras totalmente destrozadas por la guerra, que terminó en 2002. Trece años de lucha por la independencia de Portugal, más 27 de guerra civil, dejaron el país cicatrizado por las bombas, los desplazados, los heridos e hipotecado por las minas antipersonas —Angola está entre los cinco países más minados del mundo—. Hay 88.000 personas viviendo con heridas debido a esas explosiones. El desplome del precio del petróleo frenó el desarrollo económico del país, que ha entrado en recesión por primera vez desde 2002.

Todo es caro en Luanda, menos los candongueiros, esos transportes blancos y azules que permiten el movimiento a las clases populares de la capital. Uno de ellos entra a todo gas por la lengua de tierra de Ilha, que cierra la laguna con el puerto deportivo y algunos de los clubes más exquisitos de la ciudad. El ayudante del conductor, colgado en la puerta que abre a cada frenazo para recoger a gente, saca con delicadeza la bandera amarilla de CASA-CE por la ventana. En una de las paradas, enfrente de un camino de arena con un hervidero del MPLA, las mujeres con paraguas, gorras y camisetas rojinegras le indican que se equivoca de partido.

Angola se prepara para vivir sin Dos Santos

En la calle, las divergencias son suaves, amables y cordiales. Pero expresar una opinión contraria al MPLA puede tener graves consecuencias, como bien sabe el reducido grupo de angoleños que osa señalar, condenar y denunciar los excesos del partido y de la familia del presidente. El periodista y activista Rafael Marques de Morais ha estado en la cárcel, ha sido amenazado y acusado por las autoridades por “injuria contra la autoridad pública”. Pero, a pocas horas de los comicios, sigue sin miedo a hablar.

Para Marques, Joao Lourenço, ministro de Defensa y a sus 63 años relevo de Jose Eduardo Dos Santos, no augura una apertura del sistema, ni siquiera dentro de las filas del MPLA, sino más bien al contrario. “No es un hombre de diálogo”, cuenta. “El presidente Dos Santos ha encontrado con los años una manera de usar la corrupción como represión, en vez de la violencia. El resultado para la población es el mismo: mueren por falta de medicamentos y ausencia de los servicios básicos, pero al menos ha sido capaz de absorber a la mayoría de la oposición".

El nuevo candidato es, en cambio, “un hombre con una visión más radical del poder, e intentará imponerse no a través del diálogo o la tolerancia, sino mostrando quién está al cargo”, según Marques. Hace dos décadas que Marques denuncia con nombres y apellidos los negocios fraudulentos de la familia Dos Santos y de la cúpula de “los generales”, que combinan el poder político y económico de Angola. “El presidente Dos Santos ha privatizado el Estado, los principales bienes del país —el sector diamantífero, el petróleo, y el sector bancario— están en manos de sus hijos”, denuncia. La hija mayor, Isabel Dos Santos, se ha convertido en la primera mujer multimillonaria de África. Según el Centro de Investigación Científica de la Universidad Católica de Angola, entre 2002 y 2015, 24.000 millones de euros del presupuesto del Gobierno han desaparecido.

Entre el amarillo y el rojiblanco, que viste Luanda, asoma también el gallo del gran enemigo histórico, la UNITA, el partido opositor con mayor representación en el Parlamento actual. El grupo armado del célebre Jonas Savimbi, contra quien el MPLA jugó la feroz guerra civil, y que solo después de la muerte de Savimbi, convirtió su oposición de armada a política.

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