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Trump critica las sanciones a Rusia que el Congreso le obliga a firmar

La ley penaliza a Moscú por su injerencia en las presidenciales de EE UU

Donald Trump, el pasado martes en el Despacho Oval.

Sin otra alternativa que claudicar, Donald Trump se rebela y declara la guerra al Capitolio. El presidente estadounidense firmó este miércoles la ley aprobada por el Congreso que impone nuevas sanciones a Rusia y limita la capacidad del mandatario de retirarlas. Pero lo hizo a regañadientes, cuestionando la separación de poderes y alejándose de su propio partido, el republicano, que controla ambas cámaras legislativas.

“Aunque estoy a favor de medidas duras para castigar y disuadir el comportamiento agresivo y desestabilizador de Irán, Corea del Norte y Rusia, esta legislación es significativamente defectuosa”, dijo Trump en un comunicado. “Traspasa de forma inapropiada el poder ejecutivo, pone en desventaja a compañías estadounidenses y daña los intereses de nuestros aliados europeos”.

La ley, que ha enfurecido a Rusia y la Unión Europea, es una humillación para Trump. Se le ha impuesto el Congreso con un respaldo casi mayoritario y revela, pese a la brecha partidista en casi todos los asuntos, la profunda desconfianza que despierta entre republicanos y demócratas su acercamiento a Moscú.

La UE tomará medidas si se perjudica a sus empresas

AGENCIAS

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, advirtió este miércoles a la Administración de Donald Trump de que la UE se reserva el derecho de tomar medidas de represalia contra EE UU —y de hacerlo en un plazo breve— en el caso de que las nuevas sanciones estadounidenses contra Rusia perjudiquen los intereses de la Unión. “Estamos preparados. Debemos defender nuestros derechos económicos cara a cara con Estados Unidos, y así lo vamos a hacer”, recalcó ayer Juncker en declaraciones a la emisora de radio alemana ARD, cuya transcripción facilitó, antes de su emisión, su equipo de prensa.

Juncker insistió en que resulta crucial coordinarse con EE UU para asegurarse de que las sanciones que se impongan a Rusia por su participación en la crisis ucrania sean verdaderamente efectivas. Si fracasa la diplomacia, la UE se prepara para defender a las empresas de sus países miembros de aquellas medidas que pueda imponer EE UU.

Todos los presidentes recelan de que los legisladores se entrometan en su política exterior, pero en este caso Trump no ha tenido otra opción que aceptar una ley que rechazó desde el principio. Intentar vetar la norma -que también penaliza a Teherán y Pyongyang- hubiese supuesto un desaire aún mayor porque probablemente los legisladores podrían haber anulado su veto al sumar el amplio consenso necesario para hacerlo.

“Construí una gran compañía que vale muchos miles de millones de dólares. Esta es gran parte de la razón por la que fui elegido. Como presidente, puedo hacer mucho mejores acuerdos con países extranjeros que el Congreso”, señaló Trump. La crítica es insólita sobre todo porque el presidente necesita al Congreso para hacer avanzar su agenda pese a que nunca ha escondido su animadversión hacia el establishment de Washington.

Trump se presentó a las elecciones como el antipolítico, el empresario eficaz, el maestro de la negociación que podía trasladar esas dotes a la Casa Blanca. Pero en sus seis meses de presidencia, no ha logrado ningún éxito legislativo. La culpa, alega, no es suya. “El Congreso no pudo ni negociar una ley sanitaria después de siete años hablando”, ironizó en el comunicado en referencia al debate que naufragó la semana pasada.

El republicano sostiene que la ley “dificulta” a EE UU la negociación de buenos acuerdos y acercará a China, Rusia y Corea del Norte. También dice compartir el deseo de dejar claro que no se tolerarán “interferencias” en el proceso democrático estadounidense y que Washington está con sus aliados frente a la “subversión” rusa.

Pero en su nota Trump obvia la esencia de la ley. El Congreso le ha obligado a hacer lo que rechazaba: castigar la injerencia de Rusia durante la pasada campaña electoral. La norma también incluye nuevas penalizaciones por el papel ruso en las crisis de Ucrania y Siria. Los servicios de inteligencia estadounidenses acusan al Kremlin de orquestar una campaña de ciberataques para ayudar a Trump a ganar las elecciones presidenciales.

El republicano se resiste a aceptar esa conclusión y dice ser objeto de la “mayor caza de brujas” de la historia. Un fiscal especial y varios comités legislativos investigan si el entorno de Trump se coordinó con la injerencia rusa y pudo cometer un delito de obstrucción a la justicia. La sombra de la trama rusa planea constantemente sobre la presidencia del republicano. Los contactos, no revelados, del entorno de Trump con personalidades rusas -antes de la investidura presidencial de enero- han provocado dimisiones e investigaciones.

Como candidato, Trump elogió repetidamente al presidente ruso, Vladímir Putin, y abogó por mejorar la relación con Moscú, sugiriendo incluso la retirada de sanciones. Como presidente, ha mantenido la distancia en asuntos relacionados con Ucrania pero ha promovido un acercamiento en Siria y ha aparcado el debate sobre la injerencia electoral. Ahora, el Congreso ha atado de manos sus intenciones.

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