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Kosovo sigue buscando su futuro

La falta de acuerdo para formar Gobierno, la corrupción endémica y el alto desempleo han llevado a este joven Estado a un punto muerto

Las víctimas de la matanza de Rezalle, celebrado en Kosovo el pasado abril. 
Las víctimas de la matanza de Rezalle, celebrado en Kosovo el pasado abril.  AFP

Atrapado en una corrupción sistémica, con un paro juvenil que ronda el 60% en algunas franjas de edad, Kosovo se enfrenta a una creciente parálisis. Nueve años después de su independencia de Serbia, el Estado más joven de Europa no ha logrado salir de su crisis, económica y política.

En las últimas elecciones generales, celebradas el 11 de junio, una nueva formación, Levizja Vetevendosje (autodeterminación), transformada en partido a partir de un movimiento político creado en 2005, ha logrado duplicar sus votos y hacerse con 32 escaños en el Parlamento. Con un discurso basado en el combate a las desigualdades, cobró fuerza durante una oleada de sonoras protestas contra la corrupción y el abuso de poder.

Pero aunque este partido haya sido la formación más votada, la victoria ha recaído en una coalición de tres partidos surgidos del Ejército de Liberación de Kosovo. La alianza de los tres partidos, cuyo origen se remonta a la guerrilla que luchó contra el régimen serbio, ha conseguido 39 escaños en conjunto. Y un antiguo líder guerrillero, Ramush Haradinaj, es quien tiene más posibilidades de convertirse en primer ministro, aunque los viejos dirigentes del país se enfrentan a una creciente oposición, en la calle y en el Parlamento. Haradinaj, candidato a primer ministro por la llamada coalición del “Ala bélica”, también es conocido por el sobrenombre de Rambo. Se proclamó vencedor, pese a que necesita el apoyo de al menos 61 diputados, una mayoría de la que carece. El hecho de que, aunque nunca ha sido condenado, Haradinaj haya sido acusado de crímenes de guerra y contra la humanidad en 37 casos diferentes no contribuye precisamente a la buena imagen exterior del país.

Vetevendosje y la Liga Democrática de Kosovo (LDK, centro derecha) también han mostrado voluntad de aliarse en una coalición, y han rechazado cualquier posibilidad de formar Gobierno junto a la coalición liderada por Ramush Haradinaj. La situación se parece al callejón sin salida política en el que estuvo España en 2016, cuando los demás partidos se negaron a apoyar al PP de Rajoy y el país acudió dos veces a las urnas en un plazo de seis meses. No se puede descartar un punto muerto similar en Kosovo.

La UE ha advertido en varios informes de la necesidad de luchar contra la corrupción, que afecta a los principales organismos estatales

En los 18 años transcurridos desde que acabó la guerra, los partidos tradicionales se han alternado en el poder. La corrupción ha sido una preocupación constante que ha tenido como consecuencia la falta de desarrollo. Dicha corrupción, el clientelismo y el nepotismo han perpetuado el estancamiento de la economía de Kosovo, que registra una elevada tasa de desempleo, sobre todo entre los jóvenes de entre 15 y 24 años (edades en las que alcanza el 60%), lo cual explica el fuerte apoyo que la juventud ha otorgado a Vetevendosje.

En sus informes anuales sobre el progreso del país, la Comisión Europea no ha dejado de hacer advertencias sobre el alcance de la corrupción. Los ciudadanos de Kosovo permanecen aislados en un limbo, y son los únicos habitantes de los Balcanes occidentales que no pueden desplazarse libremente por la zona Schengen. El informe de la Comisión Europea de 2016 calificaba de “endémica” la corrupción e instaba a que “se refuerce su persecución” como una de las principales condiciones para que los kosovares pudieran moverse con libertad por la UE.

A pesar de las promesas, los políticos tradicionales se han visto salpicados una y otra vez por los escándalos. En agosto de 2016, el portal local Insajderi publicó un buen número de pinchazos telefónicos filtrados que destapaban el amiguismo en las instituciones kosovares y la manera en que la cúpula del PDK, el partido gobernante, de centro derecha, controlaba los principales organismos del Estado mediante el nombramiento de sus militantes para ocupar puestos en diversas empresas de propiedad estatal, en el sistema judicial y en otras instituciones. Las filtraciones suscitaron una oleada de protestas en las calles de Pristina, pero no se ha emprendido ninguna acción judicial formal.

Los pinchazos sí que fueron investigados por la Misión Civil de la Unión Europea para el Sistema de Derecho en Kosovo (EULEX) —la mayor de la historia de la UE en el exterior—, que ejerció el poder ejecutivo hasta dotar a las autoridades kosovares de un sistema judicial después de la proclamación de la independencia en 2008. La función principal de EULEX era combatir la corrupción entre los altos cargos políticos. Sus detractores no se cansan de subrayar que este organismo prefiere hacer la vista gorda con las corruptelas a cambio de mantener la “estabilidad”.

La UE lleva presionando desde 2011 para que Kosovo y Serbia normalicen relaciones. Hashim Thaçi, actual presidente del país, y que también se ha visto involucrado en los pinchazos filtrados, firmó en abril de 2013, siendo primer ministro, el primer acuerdo político con Serbia, considerado por amplios sectores un hito que ayudaría a restablecer las relaciones entre los antiguos enemigos. Desde 2013 se han firmado numerosos acuerdos con la mediación europea, pero no han llegado a aplicarse. Cuatro años después de aquella primera firma, las relaciones entre los dos países distan mucho de ser pacíficas o de haberse normalizado, ya que Serbia niega la condición de Estado a Kosovo. En el preámbulo a su Constitución, sigue sosteniendo que este país le pertenece.

Kosovo ha sido reconocido como Estado soberano por otros 114 países de todo el mundo, incluidos EE UU y 23 miembros de la UE, pero aún no por España, Rumanía, Grecia, Chipre y Eslovaquia. Los miembros de la UE que no lo reconocen no han cambiado su postura a pesar de que, en 2010, la Corte Internacional de Justicia emitió un dictamen consultivo en el que afirmaba que “la declaración de independencia de Kosovo no infringe las leyes internacionales”. La posición española, que se ha mantenido sin cambios bajo Gobiernos socialistas y populares, está marcada por el rechazo a cualquier separatismo unilateral, aunque las autoridades de Kosovo insisten en que su caso no tiene nada que ver con Cataluña.

Independientemente de cuál sea la combinación del próximo Gobierno y de cómo se supere el bloqueo político, los ciudadanos de Kosovo han votado claramente por el cambio y en contra de la consolidación de la corrupción. El resultado ha hecho ver asimismo a las fuerzas del espectro político que el abuso de poder constituye un principio inaceptable para una democracia que pronto celebrará una década desde la independencia.

Eraldin Fazliu es un periodista kosovar de la revista ‘Kosovo 2.0’.

Traducción de News Clip.

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