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Las FARC escenifican su adiós a las armas

En un acto simbólico en el interior de Colombia, la guerrilla, el Gobierno y la ONU dan por finalizada la recepción de más de 7.000 armas

Desarme FARC
Una pareja de guerrilleros entrega a su bebé a Rodrigo Londoño, líder de las FARC, y al presidente colombiano Juan Manuel Santos, durante el acto del final de las armas en Mesetas (Colombia).

Las FARC han dejado de ser una organización armada la mañana del martes. La principal guerrilla de Colombia, en guerra con el Estado desde hace más de medio siglo, culminó la entrega de armas a la misión de Naciones Unidas que supervisa el cumplimiento de los acuerdos de paz firmados el año pasado. Se trata del paso más importante de la transición de sus cerca de 7.000 combatientes a la vida civil y el preludio a la constitución de ese grupo insurgente en partido político.

"Dejen esas armas, vivan en paz. Somos un solo pueblo", proclamó Santos ante centenares de guerrileros que vestían camiseta blanca con el lema Unidos por la paz. "Les tomo su palabra, Colombia entera les toma su palabra, y la comunidad internacional es testigo. La palabra será su única arma". La guerra con el Estado dejó en 53 años decenas de miles de muertos y ocho millones de víctimas.

La noche del fin de la guerra

Atardece en el campamento Mariana Páez, una de las 26 zonas de transición de las FARC a la vida civil. A la entrada de esta aldea de carpas y tiendas de campaña instalada en el municipio de Mesetas (Meta, centro del país), cuatro casetas de madera venden botas de caucho, camisetas, móviles, helados, patatas fritas y refrescos. Tres guerrilleros charlan sentados en sillas de plástico, omnipresentes en la Colombia rural. Berian Rodríguez va a cumplir 33 años y asegura que no se la da bien tratar con periodistas. "Buscamos una vida menos dolorosa sin desear emplear las armas y sobre estos propósitos aceptamos y buscamos nuestra salida", afirma.

Este excombatiente, que en realidad ya habla como un joven político, está a punto de vivir su última noche como miembro de una organización armada. "La lógica que todos buscamos es seguir con el nuevo paso que estamos dando, el nuevo movimiento político, continuar la lucha por la vía política". Defiende que "de alguna otra forma tiene que haber un cambio internamente en Colombia"." Porque buscamos un cambio, que no exista desigualdad, desempleo, que haya bienestar social y que construyan aquí en Colombia un socialismo como lo han hecho en diferentes países socialistas. Venezuela, Cuba, todos esos países de izquierdas". Ese es el modelo que defienden las FARC.

Después de meses de retrasos logísticos en la aplicación de los acuerdos de paz, se ha producido la fotografía del fin de la guerra. Ocurrió en el campamento Mariana Páez, en Mesetas, un municipio del departamento del Meta, uno de los más azotados por el conflicto armado y la producción de coca.

Los protagonistas de esa imagen son los máximos responsables de las negociaciones que se prolongaron en La Habana durante cinco años, el presidente del Gobierno, Juan Manuel Santos, y el comandante de las FARC Timoleón Jiménez, Timochenko. El panorama que dibujaron, desde posiciones ideológicas antitéticas, en un acto que compartieron con el jefe de los observadores de la ONU, Jean Arnault, fue de cambio radical en la vida y en la política de los colombianos.

En las últimas décadas ha habido en Colombia dos autoridades, dos Estados que han agrandado de forma dramática la brecha entre campo y ciudad. "Hay días que marcan nuestras vidas. Hoy 27 de junio para mí es el día en que las armas se cambiaron por las palabras", enfatizó el presidente, que mostró su desacuerdo sobre el futuro proyecto político de las FARC pero prometió defender su derecho a hacer política democrática.

Precisamente de política habló el jefe de las FARC, que en agosto se constituirán como partido. "Ayer (éramos) ejército del pueblo, hoy de la esperanza del pueblo. Este día no termina la existencia de las FARC. En realidad a lo que ponemos fin es a nuestro alzamiento de 53 años", afirmó, pidiendo a cambio el "cese de toda persecución política en Colombia".

"Así también esperamos que la democracia colombiana abra generosa sus brazos", agregó. Para la sociedad, muy dividida sobre estos acuerdos, las FARC son una organización muy impopular, pero Timochenko prometió caminar por las plazas y calles de Colombia "para llevar un mensaje de concordia". En esta ocasión, la última palabra sobre las FARC le corresponde a los electores.

El lunes por la noche los ciudadanos de ese país durmieron con casi 6.500 armas menos en el país. La guerrilla terminó de desprenderse de sus pistolas y fusiles, con la excepción de los 700 destinados al servicio de seguridad durante el período de reincorporación a la sociedad, que culmina en agosto. Aun queda la mayoría de las llamadas caletas, cerca de 900 depósitos de armamento que, de no ser desmanteladas antes de septiembre, pasarán a ser responsabilidad del Estado. Y aún queda la guerrilla del ELN, debilitada militarmente y en pleno proceso de negociación con el Gobierno, y la violencia de bandas armadas de narcotraficantes. Pero desde este martes Colombia es, al menos en parte, un país que rompió con la mayor sombra de su pasado.

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