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Stoltenberg: “La OTAN no va a entrar en combate contra el terrorismo”

El secretario general de la Alianza Atlántica asegura que Europa eleva paulatinamente el gasto en defensa, pese a las críticas de Estados Unidos

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, el 18 de mayo.
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, el 18 de mayo. efe

“La OTAN está obsoleta”. El autor de esa frase cascabelera, un multimillonario también conocido por su querencia para meterse en líos como presidente de EE UU, llega hoy a Bruselas para la cumbre de la OTAN de mañana. Donald Trump carga desde hace meses contra el magro gasto en defensa de la UE y exige que la organización se involucre en la lucha contra el terrorismo. Y ese es, precisamente, el menú de la reunión de mañana: además de presentar a Trump en sociedad, se trata de contarle que el gasto ha iniciado una escalada y de debatir cómo puede ayudar la OTAN a combatir ese fenómeno que ha dejado heridas en Londres, Madrid, París, Bruselas y, esta misma semana, en Mánchester. El noruego Jens Stoltenberg (Oslo, 1959), secretario general de la Alianza, recibe a EL PAÍS y a media docena de medios europeos en un frío despacho de la vieja sede de la OTAN con un discurso muy medido sobre todos esos asuntos: “Trump apoya y aprecia los progresos que han hecho los aliados”. Pero a lo largo de la conversación tirará de ironía para contar que no espera tuits incendiarios ni filtraciones: “Los móviles no están permitidos en la sala”.

Dos décadas y media después de la disolución del Pacto de Varsovia, parecía que la OTAN se había quedado sin competidores, pero su archirrival —Rusia— vuelve a dar guerra y el mundo está en un momento tan extraño que el país impulsor de la Alianza, EE UU, está liderado por un presidente que amenaza con modificar el sustrato de la relación transatlántica. La política exterior no parecía ser una prioridad de Trump, que después se ha reivindicado con un ataque a una base militar siria y con un giro en su aproximación a la OTAN y a la citada Rusia. La cumbre es la ocasión perfecta para calibrar su temperamento, sugiere Stoltenberg a lo largo de casi una hora de conversación.

Gasto: en la buena dirección. Sobre el reparto de las cargas, el jefe de la OTAN es tajante: “Trump ha expresado con claridad que aprecia los progresos en Europa. Tras años de caída del gasto militar, hay aumentos significativos. Varios países alcanzarán el listón del 2% del gasto en defensa sobre el PIB en un año: Rumania, Letonia y Lituania van por ese camino, y otros aún están lejos, como Alemania, pero avanzan con rapidez”. En marzo, Trump acusó a Berlín de deberle “grandes sumas de dinero” a EE UU “por la costosa defensa que proporciona a Alemania”. Esa retórica ha desaparecido.

OTAN y terrorismo. Stoltenberg defiende que la Alianza “ha jugado un papel clave en la lucha antiterrorista durante años”. “La única vez que la OTAN ha invocado la cláusula de defensa colectiva fue tras los ataques terroristas a EE UU [del 11-S]. Y nuestra mayor operación militar de siempre es Afganistán y está relacionada con el terrorismo”. Europa, aun así, ve con cierto recelo los deseos de Trump. Stoltenberg se ve obligado a navegar entre dos aguas: “Estamos apoyando a la coalición internacional contra el Estado Islámico con AWACS [aviones de vigilancia de gran precesión] y entrenando a oficiales y soldados iraquíes, como ya hicimos en Jordania. Y en Afganistán hemos dado por acabada nuestra operación de combate, pero estamos entrenando a policías y militares para combatir al ISIS y a otros grupos terroristas”.

“A largo plazo creo que es más sostenible entrenar a las fuerzas locales y apoyar a los Gobiernos con problemas para que estabilicen sus países por sus propios medios. Hay que trabajar con todo tipo de herramientas, no solo militares: control de fronteras, adiestramiento, inteligencia, diplomacia. Debatiremos involucrarnos más en la coalición internacional como señal de apoyo político, para estar en los debates. Pero la OTAN no va a entrar en operaciones de combate contra el terrorismo”, subraya.

Diálogo (tenso) con Rusia. Las relaciones con Moscú sobrevuelan toda la entrevista. Está por ver el impacto de las supuestas revelaciones de Trump a Rusia: “Confío en que los aliados entiendan la importancia de la cooperación en inteligencia, y en que lo hagan con la imprescindible confianza y discreción”, algo que, por cierto, no caracteriza ese episodio. Stoltenberg defiende que la OTAN “debe mostrar fortaleza ante Rusia”, pero a la vez “apertura para dialogar”. “Ese diálogo político es una expresión de la capacidad de adaptación de la OTAN”, añade, pero no está exento de tensiones. Stoltenberg cita las interferencias rusas en varias elecciones. Y se detiene en los ciberataques: “Los aliados están convencidos de que Moscú está tras los últimos ciberataques. Cada vez son más sofisticados, más frecuentes, más intensos. Y eso solo puede ir a más”, avisa.

Tras la intervención en Georgia, y sobre todo tras las crisis en Ucrania y Siria, las tensiones con Moscú se han intensificado hasta cotas desconocidas desde la Guerra Fría. Los ataques cibernéticos y el terrorismo, sin embargo, son diferencias inapelables respecto al pasado. Eso, y la presencia de Trump: “La OTAN es una alianza de 28 democracias, con liderazgos y perspectivas muy distintas. Pero las diferencias no han debilitado nuestra capacidad para protegernos mutuamente”, cierra.