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Los terribles años del “cáncer de los homosexuales”

Así ha informado EL PAÍS de la epidemia del sida en sus 40 años de historia

Manifestación en defensa de los derechos de los enfermos del sida en Nueva York, 1986
Manifestación en defensa de los derechos de los enfermos del sida en Nueva York, 1986 Getty Images

Este diario informaba por primera vez del sida en 1982, en una tribuna Ramón Chao, padre del cantante Manu Chao, titulada Los dos hermanos de Irimia. El periodista se preguntaba por la carga de prejuicio de una enfermedad sobre la que en Estados Unidos se informaba de esta forma: "41 homosexuales afectados por una forma grave de cáncer". 

Eran los primeros años de la brutal epidemia que acabaría matando a más de un millón de personas al año. Poco o nada sabíamos de ella, pero Chao ya alertaba del prejuicio de ligarla a la sexualidad de los enfermos.

En agosto ya dábamos fe de la preocupación en el incipiente foco de la epidemia: “200 muertos en Estados Unidos por un mal desconocido”. Era una nota breve, sucinta, casi de trámite:

La enfermedad ha sido llamada aids (las siglas en inglés de síndrome de deficiencia inmunológica), y se caracteriza por una desaparición de las defensas inmunológicas, que podría estar provocada, según ciertas teorías, por un virus transmitido por la sangre. Se ha descubierto que la aids afecta particularmente a hemofílicos, adictos a las drogas duras, homosexuales y refugiados haitianos (Leer más).

¿Qué podían tener en común “hemofílicos, adictos a las drogas duras, homosexuales y refugiados haitianos”? Aquella nota quedó sin eco hasta que la enfermedad llegó a España un año después. Escribió sobre el primer caso nacional la entonces delegada de El País en Londres, Soledad Gallego-Díaz. Esta es parte de su crónica:

Las víctimas [de Sevilla] son tres enfermos de hemofilia que pueden haber contraído el extraño virus a través de las transfusiones sanguíneas a las que se tienen que someter periódicamente. Un niño de nueve años ha muerto y dos jóvenes, menores de 20, se encuentran gravemente enfermos. Los médicos españoles que comunicaron los casos de AIDS advierten contra los peligros de realizar transfusiones con sangre donada por homosexuales, ya que la comunidad gay, por motivos que se desconocen, parece especialmente sensible al síndrome. […] Algunas sectas religiosas norteamericanas aprovecharon la terrible circunstancia para lanzar una violenta campaña contra los homosexuales, a los que se quería hacer creer que el síndrome era una venganza divina (Leer más).

En mayo de 1983, Ramón Vilaró, delegado del diario en Washington, citaba en un reportaje sobre la misteriosa enfermedad a un médico español, Javier Domingo, el jefe del Departamento de Patología del Kings County Hospital Brooklin. Su testimonio era inquietante:

Todo empezó cuando a principios de 1981 comenzaron a aparecer unos diez jóvenes homosexuales afectados de neumonía. También llegaron, sobre todo a los hospitales de San Francisco y Nueva York, jóvenes homosexuales con síntomas de cáncer conocido como kaposi sarcoma (KS), que se desarrolla con gran rapidez y con efectos mortales, debido a virus desconocidos que alteran las células. En septiembre del año pasado el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta definió que la enfermedad de la AIDS había que considerarla transmisible, como una epidemia. Hasta hoy no se ha podido demostrar que tipo de organismo es el transmisor de la enfermedad, que probablemente es un virus. No tenemos ningún sistema que puede determinar, por otra parte, qué persona está incubando la enfermedad que puede tardar de cuatro meses a un año en aparecer (Leer más).

Tras miles de muertes a ambos lados del atlántico, el 11 de septiembre de 1984, ante la pasividad del Gobierno norteamericano –más de 3.000 fallecimientos- un laboratorio privado. Chiron Corporation, anunciaba que había reproducido el virus que podía causar la enfermedad. Puedes leer aquí la nota.

Es reconfortante, entre tanta confusión, leer las palabras de Jesús Fuentes, subdirector general de Vigilancia Epidemiológica, del Ministerio de Sanidad y Consumo, y miembro de la Comisión de Seguimiento del SIDA, a Carmen Mariño en agosto de 1985:

Actualmente se desecha ese tipo de contacto social como posible transmisor. Hasta ahora nadie ha cogido SIDA por dar un abrazo o un beso en la mejilla o por convivir y utilizar los mismos utensilios. Podemos asegurar que para adquirir el SIDA hay que pertenecer a uno de esos grupos de riesgo, y que el resto de la población tiene una razonable certeza de no llegar a contagiarse. Esta impresión hay que intentar transmitirla, porque hay un cierto pánico social. Y además, porque se puede dar el caso de que, como en la Edad Media ocurría con los leprosos, haya personas, drogadictos o con costumbres sexuales diferentes, que sean marginados por temor al contagio (Leer más).

Del primer caso célebre informábamos el 26 de julio de 1985, de nuevo a través de Sol Gallego Díaz, en esta ocasión desde París: “Rock Hudson sufre el SIDA desde hace un año”.

Meses después Javier Rivas reconstruía los últimos días de Rafael, un enfermo hemofílico. Decía su hermano: "Si se hubieran preocupado antes por el tema, si hubieran efectuado un mayor control de la sangre, se podría haber evitado la muerte de algún hemofílico, se podría haber evitado la muerte de mi hermano".

Mientras, EE UU caía presa del pánico, según escribió Francisco Basterra:

Un creciente clima de miedo, que en algunos casos bordea la histeria, se está apoderando de la sociedad norteamericana ante la extensión del SIDA. El síndrome de inmunodeficiencia adquirida, al igual que las pestes medievales, está provocando problemas de discriminación en colegios, cuarteles, oficinas e incluso en las relaciones personales, que convierten a las víctimas de esta enfermedad incurable en los leprosos del siglo XX.

En 30 años llegarían los avances científicos que facilitarían el diagnóstico, el tratamiento –que no la cura o vacuna– de sus síntomas. Para muchos se convertiría en una enfermedad crónica. Tanto que este verano llegamos a publicar otra noticia, preocupante, sobre el aumento de nuevo de casos diagnosticados ante la percepción social de que ya no es una enfermedad mortal. A pesar de ello, y por desgracia, este diario aún no ha publicado su última página sobre esta terrible enfermedad.