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Franco no se lo merece

Cientos de hijos de exiliados españoles se movilizan para que Francia retire al dictador la Legión de Honor

En primer plano, Francisco Franco y, a su izquierda, el general Philippe Pétain en Montpellier en febrero de 1941.
En primer plano, Francisco Franco y, a su izquierda, el general Philippe Pétain en Montpellier en febrero de 1941. EFE

Jean Ocaña salió clandestinamente de España en agosto de 1947 para reunirse con su padre, un exiliado español afincado en Francia tras haber sufrido años de detención en Argelés (Francia) y Mauthausen (Austria). Hoy es un francés de 76 años que ha emprendido (y ganado) más de una guerra para que se rinda honor a los republicanos españoles. Hace unos días pegó un brinco en su asiento mientras leía el libro de un periodista, Gilbert Grellet, Un verano imperdonable, sobre la guerra civil. Por él supo que Francia otorgó a Francisco Franco la Legión de Honor y que nunca se la retiró. A su batalla para privarle de esa distinción se ha unido una quincena de asociaciones que representan a 1.500 hijos de exiliados.

Un verano imperdonable relata la negativa del Reino Unido y Francia a ayudar a la República Española contra los militares golpistas en 1936. Ahí cuenta Grellet que Franco fue condecorado en 1928 con la Legión de Honor, primero como oficial y más adelante, en 1930, como comendador. La propuesta fue de Philippe Pétain, presidente la Francia colaboracionista entre 1940 y 1944. “Franco es indigno de tal condecoración”, dicen las asociaciones. “Los crímenes contra la humanidad no prescriben”, argumenta Jean Ocaña para intentar convencer a las autoridades galas de que la Gran Cancillería de la Legión de Honor retire la medalla a título póstumo. “Va en contra de nuestro reglamento”, aducen en esta institución. “El que es privado de la condecoración debe tener la oportunidad de defenderse”.

El expediente con la petición española está en manos de la Gran Cancillería, pero también en la oficina del Primer Ministro y la Secretaría de Estado de los Antiguos Combatientes y de la Memoria. “Lo estamos analizando”, explican en este último departamento. “Nos encontramos con dos problemas. El primero, el reglamento interno de la institución. El segundo, el hecho de que el Gobierno español nunca nos lo haya pedido ni tampoco haya retirado condecoración alguna al general Franco. Hacerlo nosotros sería enmendarle la plana a otro país, lo que es incómodo”.

Ocaña esgrime en su petición la resolución de la ONU de 1946 que tachaba al franquismo de régimen fascista y la condena por parte del Consejo de Europa en 2006 por sus violaciones de los derechos humanos. Los reparos de las autoridades galas no desaniman a Ocaña. En 2010 se publicó un decreto que permite a la Gran Cancillería condecorar a título póstumo. “No tiene sentido que se aleguen normas de la época de Napoleón. Se puede aplicar la regla de 2010”, explica. “Nunca es demasiado tarde para reconsiderar una decisión como esta”.

Los hijos de los exiliados españoles no van a rendirse fácilmente. Ocaña logró al cabo de los años que en su ciudad natal, Albacete, levantaran un monumento a los 94 albaceteños muertos en Mauthausen. También, que su pequeño hermano muerto en 1940 dispusiese de una placa en el cementerio de la ciudad, donde está enterrado en una fosa común por ser “hijo de rojo”. Los que viven en Francia están logrando multitud de reconocimientos por sus servicios a este país en los últimos tiempos. Los supervivientes de La Nueve, por ejemplo, tienen desde el año pasado un jardín en el Ayuntamiento de París en su memoria. La Nueve es la compañía formada casi en su totalidad por republicanos españoles, la primera en llegar a París para liberar la ciudad en agosto de 1944. Hace cuatro años también recibieron la Legión de Honor.  “Quitarle la medalla a Franco es rendir honor a los principios de la República Francesa”, concluye Ocaña.