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Toda una noche sin dormir, pendientes de Ecuador

Más de 420.000 ecuatorianos viven en España, donde era madrugada cuando se registró el terremoto

El terremoto de 7,8 de magnitud en la escala de Richter encontró al casi medio millón de ecuatorianos que vive en España de fiesta o en la cama. El seísmo, el más fuerte de las últimas tres décadas y que ha dejado más de 270 fallecidos, se registró casi a las dos de la mañana, hora peninsular. Allá, al pie del Pacífico, a casi 9.000 kilómetros de distancia y siete horas de diferencia, estaba ocurriendo lo peor: casas y edificios desplomados, gente atrapada entre escombros y metales, calles y carreteras partidas en dos, y una cifra de muertos, heridos y desaparecidos que no hacía más que crecer.

Voluntarios recuperan el cuerpo de una persona.

Carlos Gavilánez, un ecuatoriano de 38 años que vive en Madrid, estaba a punto de irse a dormir cuando comenzó a leer en Twitter que hubo un "temblor". Nada grave, pensó al inicio, porque viene de un país acostumbrado a que la tierra se mueva de vez en cuando. "Todavía no sabíamos de qué magnitud había sido, pero de pronto empecé a ver fotos y vídeos con puentes caídos, casas destruidas, centros comerciales sin techos y me di cuenta de que era peor de lo que pensaba", cuenta este domingo, con ojeras más pronunciadas que las de ayer: no fue capaz de dormir hasta las siete de la mañana, cuando supo que todos sus familiares y amigos estaban bien. "Empecé a escribirles a mis hermanos por WhatsApp y uno no aparecía. Tardé una hora más o menos en ubicar a todos".

La tarea no era sencilla. Muchos salieron con lo puesto y, por miedo a las réplicas, algunos pasaron la noche en parques o casas de familiares. Otros corrían sin rumbo y, en el camino, caídas o empujones. La electricidad se fue durante horas en gran parte de las provincias costeras más afectadas, como Manabí, Esmeraldas y, en menor medida, Guayas.

María, por ejemplo, se valió de su hermano en Guayaquil para saber que toda su familia estaba bien: era el único que contestaba el teléfono casi a las tres de la mañana. Su madre estaba en un centro comercial de la ciudad de Samborondón (Guayas) cuando ocurrió todo y esto fue lo que le contó cuando al fin pudo hablar con ella: "La gente corría desesperada y gritando. Me empujaron y me caí. Era como una película: parecía el fin del mundo". Cuando salió a la calle se encontró con puentes y túneles cerrados por precaución; tráfico congestionado en las calles; reportes de saqueos y gente pendiente de si se iba a emitir una alerta de tsunami, que finalmente fue descartada.

Los ecuatorianos en España —más de 420.000, según el Instituto Nacional de Estadística—, a esa hora, tenían a mano sus móviles e Internet como principales herramientas de comunicación: redes sociales (Twitter y Facebook, principalmente), llamadas, WhatsApp, Skype... Los locutorios estaban cerrados. Héctor Bailón, un ecuatoriano de 50 años, 17 de ellos en España, ya estaba dormido cuando ocurrió el terremoto. Se despertó por su "sueño liviano" ante las continuas notificaciones de Facebook que no dejaban de sonar. La red social activó la aplicación Security Check para que aquellos usuarios que se encuentran cerca de las zonas de desastre comuniquen que están bien. Las alertas llegaban a su móvil una detrás de otra. Menos las de sus familiares en Quito y Loja.

"Al inicio no teníamos mucha información oficial y pasé toda la madrugada leyendo periódicos de Ecuador. Así hasta que logré hablar con ellos, ya a la una de la tarde, hora de España", relata Bailón, desde Torrejón de Ardoz (Madrid), donde cuenta que en Manabí y Esmeraldas tiene excompañeros de universidad y exalumnos que aún no dan señales de vida.

Para buscar a familiares

España: 900-935-930 / 013-948-900

Colombia: 018-005-184-289

Perú: 080-077-013 / 080-077-042

Chile: 800-123-703

Italia: 800-141-732

Estados Unidos o Canadá: 1844-668-4543

Página web: Puede comunicarse por chat o llamada web a través de la página consuladovirtual.gob.ec.

El Ministerio de Relaciones Exteriores ha habilitado un call-center que, durante las 24 horas del día, da información a los familiares de ecuatorianos —o de cualquier otra nacionalidad que residan o estén temporalmente en ese país— que aún no dan señales de vida. Uno de los operadores contó a este periódico que su labor consiste, básicamente, en ir armando una base de datos que se cruza con la información de fallecidos, heridos o desaparecidos. Quien llama (desde España: 900-935-930 o 013-948-900) debe entregar sus datos personales, los del familiar desaparecido y un número de contacto para recibir información desde la Cancillería o sus oficinas consulares. El ministerio también atiende a través de la página consuladovirtual.gob.ec, por chat o llamada web.

"Angustiada y sin información"

Andrea Resabala, una estudiante de marketing de 31 años, vive en Madrid desde noviembre y cuenta que nunca había vivido algo así, lejos de casa: "No sé qué es peor: si estar allá y vivir todo eso, o estar aquí angustiada y sin información de tu familia y amigos". Ella estaba estudiando cuando empezaron a llegarle mensajes por WhatsApp. "Al inicio pensaba que era un temblor más, pero cuando vi que empezaban a viralizarse fotos de puentes caídos y casas destruidas, desperté a mi compañera, que también es ecuatoriana, y empezamos a llamar a Ecuador. También nos comunicamos con amigos ecuatorianos en Sevilla y Mallorca. Yo logré hablar con mi mamá como a las tres y media de la madrugada".

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