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Los iraníes empiezan a ver signos de cambio tras el acuerdo nuclear

La llegada de empresas extranjeras anima las esperanzas de que se recupere la economía

Una mujer camina frente a la puerta del ‘fast food’ con los símbolos del Kentucky Fried Chicken en Teherán, el 3 de noviembre de 2015.
Una mujer camina frente a la puerta del ‘fast food’ con los símbolos del Kentucky Fried Chicken en Teherán, el 3 de noviembre de 2015. AFP

Nada más salir del aeropuerto Imam Jomeini de Teherán, los luminosos de una cadena de hoteles francesa reciben al viajero. Lo que en cualquier otra ciudad pasaría desapercibido, aquí es un signo de los cambios que ha desencadenado la firma del acuerdo nuclear con las seis potencias el pasado verano. No había empresas extranjeras de hostelería desde que hace 36 años las grandes estadounidenses abandonaron Irán tras la toma de la embajada. Aunque las sanciones todavía tardarán varios meses en levantarse, los iraníes empiezan a ver signos de la apertura de su país al exterior.

“Tengo muchas esperanzas”, declara Roya Saadat recién contratada por una consultora que prepara el terreno para varias firmas extranjeras. “Hacemos estudios preliminares para compañías británicas e internacionales”, resume sin poder dar más detalles. La confianza en las perspectivas de mejora le ha animado a dejar el trabajo en un banco (más burocrático, pero seguro) en el que se refugió cuando las protestas poselectorales de 2009 cerraron su camino como intérprete.

Poco a poco empieza a notarse movimiento en el mercado laboral. Consultores establecidos reciben solicitudes de empresas que necesitan asistencia local y tienen que ampliar sus plantillas. Otras compañías buscan representantes iraníes o, como en el caso de Nokia, 200 ingenieros. Decenas de jóvenes informáticos están encontrando empleo con importantes webs internacionales que preparan versiones en persa de sus portales para lanzarlos en cuanto se levanten las sanciones. Los sueldos que ofrecen son más altos que la media iraní (hasta 3.000 dólares, en algunos casos).

Los preparativos se llevan con discreción porque aún no tienen los permisos y debido a las sensibilidades locales. Los sectores más inmovilistas del régimen advierten casi a diario contra la invasión cultural de Occidente, y en particular de EE. UU. De hecho, algunas de esas webs están buscando nombres alternativos para evitar su identificación automática con las multinacionales. La televisión iraní emitió recientemente un reportaje en el que criticaba a Amazon por promover ciertos libros de acuerdo con sus intereses. Hasta ahora, la compra desde Irán en esa y otras webs sólo puede hacerse a través de sitios intermediarios debido sobre todo a la restricción a las transferencias de dinero.

“Las empresas se están preparando para unirse al mercado global”, confirma Fatemeh Moghimi, propietaria de Sadid Bar, una compañía de transporte internacional. Ella ha empezado por adaptar sus dos centenares de camiones a los estándares europeos a la espera de que lleguen los pedidos.

Las expectativas son enormes tanto por parte iraní como extranjera. El problema es que esta etapa transitoria, con capacidad para transformar Irán y su papel en el mundo, ha coincidido con una situación económica terrible debido a los bajos precios del petróleo.

“Nadie está haciendo dinero en este momento y nuestra industria necesita inversiones millonarias, algo que incluso si las sanciones se levantan mañana, no llegará antes de un año”, confía un empresario convencido de que “el gran capital” no va a moverse hasta después de las elecciones estadounidenses de 2016.

“Irán no es sólo petróleo”, señala por su parte José María Viñals, socio del despacho de abogados español Lupicinio, que ha estado presente en el país durante “los años de plomo” trabajando en el tema de sanciones y representando a personas y entidades iraníes ante el Tribunal de Luxemburgo. Menciona sus 80 millones de habitantes. “Por un lado, cuenta con una importante clase media alta que hace muy atractivo el mercado de servicios”, apunta. “Por otro, ofrece infraestructuras y recursos humanos con un elevado nivel educativo”, añade convencido de que “si se hacen en las cosas y se abre al mundo va a haber muchas oportunidades porque está todo por hacer”.

Ese “todo” se refiere a las envejecidas instalaciones petroleras, pero también, como precisa el economista y consultor Jamshid Edalatian, “las infraestructuras de transporte, los puertos, la red ferroviaria, las carreteras”. Además, este experto subraya la necesidad de otros cambios como “simplificar las normas aduaneras, acelerar el proceso de privatización o garantizar la paz en la región para poder exportar a los países vecinos”.

La tarea se presenta hercúlea y se desconoce hasta dónde están dispuestos a llegar los responsables iraníes. De momento, han anunciado el nombramiento de 25 agregados comerciales para despachar a sus embajadas en el exterior y no pasa una semana sin que se anuncie la visita de alguna delegación comercial extranjera. “Aquí no atan los perros con longanizas”, advierte un diplomático europeo. “No es Eldorado, pero lo que más se le parece”, resume Viñals.

“Es cierto que no esperamos un cambio radical de la situación económica en los próximos meses, pero si la implementación del acuerdo coincide con una victoria de los reformistas en las elecciones legislativas [del próximo febrero], aumentarán las posibilidades”, concluye Saadat. Su nuevo trabajo, como el de muchos iraníes, depende de ello.

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