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El tigre celta vuelve a rugir

Irlanda deja atrás la austeridad, cinco años después del rescate, y va camino de ser la que más crece de la eurozona por segundo año

Los ministros Noonan (derecha) y Howlin presentan el presupuesto.
Los ministros Noonan (derecha) y Howlin presentan el presupuesto. AFP

Sentado ante un pequeño grupo de periodistas extranjeros, el presidente de la principal patronal irlandesa se toma unos segundos para regodearse en lo insólito de la escena. “¿Saben? Resulta muy agradable estar aquí para contar al mundo buenas noticias, hace unos años la situación era bien diferente”, reconoce. Y procede a enumerar los datos que sujetan esta historia de éxito.

Con un crecimiento previsto por encima del 6% en 2015, Irlanda va camino de convertirse en la economía que más crece de la eurozona por segundo año consecutivo. El paro ha bajado del 15% al 9,4% en solo tres años. El déficit ha pasado del 12,5% al 2,1% del PIB y la deuda pública, del 120% al 93%. La economía irlandesa es ya mayor (189.000 millones de euros de PIB) que en los años previos a la crisis. El alumno modélico de la escuela de la austeridad se ha graduado. El tigre celta vuelve a rugir y, esta vez, lo que alimenta el rugido no es el aire tóxico de una burbuja inmobiliaria.

Hace ya casi dos años que Irlanda despidió a la troika, y tres años más que el colapso de los bancos provocara el rescate del país con 67.000 millones de euros aportados por sus socios europeos y el FMI. El rescate hizo caer al Gobierno conservador de Brian Cowen. Y desencadenó cinco años de políticas de austeridad cuyo final ha querido escenificar esta semana el nuevo Ejecutivo, una coalición entre el centro derecha del Fine Gael y el centro izquierda del Partido Laborista, con la presentación de unas generosas cuentas públicas para 2016.

“Los días de recortes han quedado atrás”, dijo el martes solemnemente en el Parlamento el ministro laborista Brendan Howlin. Los presupuestos, por primera vez desde la crisis financiera, incluyen rebajas de impuestos y aumento del gasto por valor de 1.500 millones de euros. El ministro no olvidó en su discurso a aquellos diputados que “apelaban a Syriza hace no mucho y ahora callan”.

Con unas elecciones que deben celebrarse antes de la próxima primavera y que se prevén ajustadísimas, a nadie se le escapan las motivaciones electorales detrás de los presupuestos. Las encuestas castigan severamente al Gobierno de Enda Kenny por casi cinco años de recortes, y tendrá difícil repetir mayoría. El descontento se traduce, según explica Dan O’Brien, del think tank Instituto de Asuntos Internacionales y Europeos, en “un aumento del apoyo electoral al Sinn Fein y a formaciones independientes con discursos antiausteridad, que suman casi un 45% del voto en las encuestas”. “Pero siempre se ha destacado el relativo bajo nivel de las protestas populares en todo este tiempo”, añade.

Más transparencia

El sistema fiscal de las empresas en Irlanda ha sido duramente criticado tanto en Estados Unidos como en Europa. El año pasado la UE acusó a Irlanda de incurrir en ayudas de Estado ilegales al acordar con Apple un régimen impositivo que permitía a la empresa norteamericana abaratar su factura fiscal si se instalaba en el país. La investigación sigue en marcha. Pero, en un gesto de buena voluntad a la comunidad internacional, el Gobierno irlandés ha anunciado que se convertirá en uno de los primeros países en aplicar las recomendaciones de la OCDE para luchar contra el fraude fiscal de las grandes empresas tecnológicas. Los presupuestos presentados esta semana son los terceros consecutivos en los que el Gobierno anuncia más transparencia para proteger de las críticas su sistema de impuesto de sociedades que, con un tipo máximo del 12,5%, es uno de los más favorables de Europea.

La gota que colmó el vaso fue, literalmente, una gota de agua. Los irlandeses soportaron los recortes en los salarios e incluso la imposición de un “impuesto social universal”, pero cuando el Gobierno pretendió cobrar por el agua, eso fue ya demasiado. Las protestas, que provocaron una chapucera rectificación del Gobierno, catalizaron el descontento de una ciudadanía sustancialmente vaciada de jóvenes debido a la elevada emigración. En los últimos cinco años, 165.300 jóvenes irlandeses han emigrado, la mayoría en busca de trabajo cualificado. Uno de cada siete jóvenes ha abandonado el país en estos años.

Muchos han cuestionado esta semana la oportunidad de un paquete de estímulos fiscales cuando la economía está creciendo a buen ritmo. La ortodoxia liberal recomienda, parafraseando al responsable de las finanzas del país vecino, George Osborne, “arreglar el tejado mientras hace buen tiempo”. “Supongo que creen que deberíamos seguir flagelando un poco más a los ciudadanos”, contesta irónico el ministro Howlin. “Pero el tejado está ya arreglado, y hay que alimentar a los niños que viven bajo ese tejado”.

El llamado tigre celta es el fenómeno que convirtió la Irlanda empobrecida de los años 80 en una economía pujante, con una tasa de crecimiento medio superior al 6% entre 1990 y 2007. La fórmula: recortar el gasto público, mantener los tipos bajos y atraer multinacionales con una combinación de bajos impuestos y buena mano de obra local cualificada. Pero con la llegada del euro se fue hinchando una burbuja inmobiliaria y crediticia que explotó violentamente en 2010 obligando al país a pedir ayuda para pagar la factura. A principios de esta década, Irlanda encarnaba el juguete roto del capitalismo liberal.

“Cuando llegamos al Gobierno”, explica el ministro de Trabajo, Richard Bruton, “estudiamos qué se podía hacer en cada una de las áreas del Gobierno para crear puestos de trabajo, y nos propusimos convertirnos en el mejor país pequeño para instalar empresas en Europa”.

La inversión directa extranjera, atraída por el bajo coste laboral y un impuesto de sociedades (12,5%) entre los más bajos de la UE, es clave en la recuperación irlandesa. “Atraemos tres o cuatro veces más inversión que lo que correspondería a un país de nuestro tamaño”, explica Martin Shanahan, presidente la Oficina de Inversión Directa Extranjera (IDA), que apunta otras razones además del atractivo fiscal: “Lo primero que preguntan los potenciales inversores es si aquí pueden obtener la gente que necesitan para trabajar, si van a poder formar equipo”.

La recuperación irlandesa no está exenta de amenazas. Por paradójico que parezca, teniendo en cuenta las centenares de casas vacías que dejó la explosión de la burbuja inmobiliaria, la escasez de vivienda en la capital es una de los nubarrones en el horizonte. “La mayoría de las casas del boom se construyeron en el lugar equivocado”, explica Alan Barret, director del Instituto de Investigación Económica y Social. “Hoy la gente está volviendo al país porque hay trabajo. La demanda sería de 25.000 viviendas al año, pero no se están construyendo ni 10.000”.