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Merkel se queda cada vez más sola en su gestión de la crisis de refugiados

Sus socios bávaros le amenazan con los tribunales y el SPD reclama un nuevo camino

La canciller Angela Merkel, con los ministros socialdemócratas de Economía, Sigmar Gabriel, y de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, en noviembre de 2014.
La canciller Angela Merkel, con los ministros socialdemócratas de Economía, Sigmar Gabriel, y de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, en noviembre de 2014.

En lugar de catapultarla a la gloria del Nobel para el que sonaba como favorita, el día de ayer mostró la soledad de la canciller alemana, Angela Merkel, en su gestión de la crisis de los refugiados. Los líderes de dos de los tres partidos que sostienen su Gobierno le dieron algo más que un toque de atención. Horst Seehofer, jefe de la CSU, fue más allá de sus ya habituales críticas y amenazó con llevar a la canciller a los tribunales si no detiene el flujo de solicitantes de asilo. Sigmar Gabriel, líder del SPD, reclamó a Merkel un nuevo camino para contener las llegadas.

Las intervenciones de los dos líderes son interesantes porque muestran la pérdida de apoyos de Merkel, que ha comprometido toda su credibilidad a una gestión de la crisis capaz de ofrecer “una cara amable” a los refugiados que huyen de la guerra o de la persecución política.

Los populistas de derechas cogen fuerza

Los miles de refugiados que cada día llegan a Alemania han dado alas a dos fuerzas populistas que parecían consumidas por sus luchas internas: el partido conservador Alternativa para Alemania (AfD) y los islamófobos de Pegida.

AfD, que ha renacido en las encuestas con una intención de voto del 7%, anunció ayer que denunciará a la canciller Merkel por contrabando de personas. El partido reunió el miércoles a 8.000 simpatizantes en Erfurt. Mientras, cada semana crecen las marchas en Dresde de Pegida, que se preparan para una gran manifestación el 19 de octubre.

No es ninguna novedad que Seehofer exprese su profundo malestar. El líder regional bávaro ha acusado a su teórica aliada en los últimos días de carecer de plan, de enviar señales equivocadas y de haber liberado un genio al que será imposible devolver a la botella, entre otras lindezas. El líder de los socialcristianos de la CSU, partido hermano de los democristianos de Merkel, amenazó esta semana con tomar “medidas de emergencia”, como devolver a los inmigrantes en autobuses a Austria o al país europeo por donde entraron.

Ayer no anunció ninguna de estas medidas que levantarían un polvorín, pero Seehofer necesitaba dar un golpe sobre la mesa que mostrara, como dijo, que Baviera ya está en el límite de lo que puede soportar. Y optó por la sorprendente decisión de amenazar con llevar al Tribunal Constitucional a un Gobierno del que su propio partido forma parte. El argumento legal es que si Berlín no logra reducir el peso migratorio, estará poniendo en peligro “la capacidad de actuación de los Estados federados”. “Seehofer no tiene el poder. Así que todo lo que puede hacer es gesticular”, asegura el politólogo Hajo Funke.

La segunda estocada a Merkel del día es más sutil. En un artículo conjunto que hoy publica Der Spiegel, los dos pesos pesados de la socialdemocracia en el Gobierno —el vicecanciller Sigmar Gabriel y el ministro de Asuntos Exteriores, Frank Walter Steinmeier— reclaman un límite a la llegada de inmigrantes.

Una tercera vía

“No podemos recibir e integrar cada año a más de un milón de refugiados”, sostienen, en contradicción con Merkel, que insiste en que las normas de asilo no contemplan límites. Más interesante aún es la petición que Gabriel y Steinmeier hacen de un nuevo camino que no se resuma en la frase “el bote está lleno” —habitual en los discursos más derechistas—, pero tampoco en el “vamos a lograrlo” que Merkel ha repetido hasta convertirlo en el lema de su política migratoria. Si el debate no huye de estos dos extremos, “la cuestión de los refugiados amenaza con desgarrar a nuestra sociedad”, sostienen los dos veteranos socialdemócratas. En lo que va de año se han producido casi 500 ataques a albergues para refugiados, tres veces más que en 2014.

La toma de posición de los líderes de la CSU y del SPD llega en uno de los momentos más complicados de los diez años en el poder de Merkel, a la altura de cuando en 2008 tuvo que hacer frente a la crisis financiera recién llegada de EE UU.

Las cifras se disparan de un día a otro. El Gobierno aún mantiene que este año recibirá 800.000 peticiones de asilo —cuatro veces más que en 2014—, pero parece evidente que esta previsión ha quedado superada por la realidad. Un informe citado esta semana por el diario Bild disparaba las llegadas hasta los 1,5 millones. El Gobierno, que ni confirma ni desmiente este dato, recibió en septiembre 164.000 solicitudes de asilo, récord absoluto que se acerca a las cifras de todo 2014.

Al mismo tiempo que se disparan las llegadas, aumenta el descontento con Merkel, también en su partido. En una entrevista seguida por 3,5 millones de telespectadores, la canciller admitió el miércoles que no puede cerrar las fronteras y que es imposible evitar nuevas llegadas. [/TEX]“Me niego a participar en una competición a ver quién es menos amigable con los refugiados”, añadió. “Creo que la inmigración tiene que poder ser dirigida y controlada, si no queremos que Alemania se nos vaya de las manos”, le respondió ayer Seehofer.