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Xi Jinping viaja a EE UU para enviar un mensaje de poder

La ciberseguridad, la economía y las disputas territoriales dominarán las conversaciones

El presidente chino, Xi Jinping, y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en un encuentro en 2013 en California.
El presidente chino, Xi Jinping, y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en un encuentro en 2013 en California. AP

Los gestos del presidente Xi Jinping para dejar claro su liderazgo y el mandato del Partido Comunista en China entran esta semana en una nueva etapa, con su visita a Estados Unidos. Después del alarde de fuerza ante sus ciudadanos que supuso el desfile militar que atravesó Pekín a principios de este mes, Xi quiere enviar el mismo mensaje de poderío, en una gira que culminará con una reunión con el presidente Barack Obama en Washington y un discurso ante los líderes mundiales en la Asamblea General de la ONU en el 70 aniversario de la institución.

La pompa y la circunstancia serán claves durante este viaje de Estado, que llega en un momento delicado para Xi: tras los vaivenes de la Bolsa en agosto persisten las dudas sobre la marcha de la economía china y lo adecuado de la respuesta de su Gobierno. El presidente chino iniciará su estancia este martes en Seattle. Allí se reunirá con empresarios de compañías como Microsoft, Boeing o Starbucks y desarrollará contactos -tiene muy presente el próximo año electoral en EE UU, donde su país puede convertirse en uno de los temas de campaña- antes de continuar viaje a la capital. En Washington le esperan el viernes una ceremonia de bienvenida en los jardines de la Casa Blanca -con una salva de 21 cañones- y una cena de Estado en su honor y el de su esposa, Peng Liyuan.

Si no en el fondo -Washington ya ha dejado claro su falta de interés en la fórmula "un nuevo modelo de relaciones entre grandes potencias" que propone Xi para la relación bilateral-, el presidente chino quiere enviar a casa el mensaje de que los más grandes tratan ya a China como un igual.

Todo estará medido al milímetro: desde el cierre de Lafayette Square, la plaza frente a la Casa Blanca, hasta la cuidadosa lista de invitados al banquete. Los funcionarios chinos encargados de coordinar los actos han supervisado estrictamente los preparativos: Pekín recuerda con horror el precedente de 2006, cuando una simpatizante del grupo Falun Gong consiguió infiltrarse en la ceremonia de bienvenida al presidente Hu Jintao.

Pero si el guion ordena abundantes sonrisas y apretones de manos, entre bambalinas las conversaciones no tendrán un tono tan risueño. La relación chino-estadounidense, con un intercambio comercial de más de 520.000 millones de euros al año, es, en palabras del exembajador Ma Zhengang, “el lazo bilateral más importante del mundo, pero también el más complicado”.

Algunas de estas complicaciones han saltado al primer plano en las últimas semanas. Este martes China confirmaba la detención de una ciudadana estadounidense de origen chino, Sandy Phan-Gillis, como posible responsable de espionaje y robo de secretos de Estado. El portavoz del Ministerio de Exteriores chino Hong Lei afirmaba que Phan-Gillis es sospechosa de "poner en peligro la seguridad nacional" y se encuentra en manos de las "autoridades chinas relevantes". La familia de la mujer, que niega las acusaciones, ha indicado que la estadounidense se encontraba en China como parte de una delegación comercial de Houston (Texas) y fue detenida cuando pretendía cruzar hacia Macao el 19 de marzo.

La ciberseguridad será uno de los asuntos dominantes en las conversaciones en el Despacho Oval. EE UU sospecha que China está detrás del robo informático de los datos de millones de funcionarios públicos, y ha acusado a ese país de espionaje contra algunas de sus principales empresas. Como represalia, llegó incluso a plantearse la imposición de sanciones contra entidades chinas. Tras el envío de última hora de un alto cargo del régimen comunista, Meng Jianzhu, para distender posturas, ambas partes podrían anunciar un acuerdo de cooperación en el ciberespacio -de alcance limitado- durante la visita presidencial.

"La ciberseguridad no es una molestia trivial. Para EE UU, es una preocupación económica y de seguridad nacional. Impone una enorme tensión en nuestra relación bilateral y es un factor vital para determinar la trayectoria futura de los lazos chino-estadounidenses", afirmaba este lunes la consejera de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Susan Rice.

Las cada vez más firmes reclamaciones de Pekín sobre soberanía en el mar del sur de China son otro de los grandes escollos. Washington ha expresado su preocupación sobre las actividades de construcción chinas en atolones y arrecifes que el gigante asiático se disputa con otros países en la zona. Aunque ha reconocido que esas estructuras tienen también fin militar, China asegura que su propósito incluye facilitar la investigación o la pesca y niega que vaya a perjudicar la libertad de navegación.

La economía global, la nueva ley de seguridad nacional en la República Popular y sus efectos sobre las empresas extranjeras, el cambio climático o las solicitudes chinas de extradición de ciudadanos buscados por corrupción serán otros temas a abordar. El Gobierno chino ha apuntado que también saldrá a relucir la situación en Taiwán. Algunos analistas estadounidenses perciben la isla como un futuro foco de tensión en la relación bilateral tras años de calma, ante la posibilidad de que en las elecciones del próximo enero se imponga el Partido Democrático Progresista, partidario de una línea más dura frente a Pekín.

La gira de Xi concluirá en Naciones Unidas. El domingo ofrecerá un discurso de inauguración y presidirá una de las sesiones de la reunión de líderes sobre igualdad y empoderamiento de la mujer, de la que China es coorganizadora. El lunes 28, antes de regresar a su país, el jefe de Estado chino debutará en la Asamblea General y ofrecerá un discurso sobre el papel de China como uno de los cofundadores del orden mundial creado después de 1945.

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