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Los retos que Irán tiene pendientes

Con o sin acuerdo nuclear, Rohaní necesita hacer frente a graves problemas internos que frenan el desarrollo y modernización de su país

Un vendedor ambulante iraní espera clientes en el centro de Teherán.
Un vendedor ambulante iraní espera clientes en el centro de Teherán. AP

Dos años de arduas negociaciones nucleares con las seis grandes potencias han copado el debate político y los titulares de prensa, dando la impresión de que el acuerdo solucionaría la mayoría de las dificultades a las que se enfrenta Irán. Sin embargo, muchos analistas advierten de que el pacto no es la panacea universal para los problemas que afronta el país, ya que muchos de ellos son fruto de la mala gestión de gobiernos anteriores. Con independencia del resultado de ese proceso, el Gobierno de Hasan Rohaní tiene ahora que abordarlos. Estos son sus principales retos:

Evasión fiscal. En una reciente entrevista televisada, el vicedirector de la Agencia Fiscal, Hossein Vakili, cifró lo defraudado en 1.300 billones de riales (36,000 millones de euros). Muchas empresas contratan los servicios de asesores fiscales para escamotear sus contribuciones. Además, “de los 22 millones de trabajadores, 7 son informales”, es decir, que no están dados de alta ni pagan impuestos, según ha revelado el ministro de Trabajo y Bienestar Social, Ali Rabií.

Contrabando. El año pasado alcanzó 25.000 millones de dólares (unos 22.600 millones de euros), según el vicedirector de la Comisión de Agricultura del Parlamento, Golamreza Nuri Azlayeh. Cigarrillos, ropa y telas son los principales productos importados fuera de los canales oficiales, mientras el combustible copa las exportaciones ilegales. Los analistas atribuyen el aumento del contrabando a los lentos procesos aduaneros, los altos aranceles sobre algunos bienes y la falta de voluntad para aplicar las normas, y le responsabilizan de la pérdida de 600,000 empleos anuales.

Corrupción administrativa y financiera. El descubrimiento en 2011 de un caso de malversación por 830 millones de euros, el mayor en la historia de Irán, y otro asunto el año pasado por el que Mohammad Reza Rahimi, vicepresidente con Mahmud Ahmadineyad, fue condenado a cinco años de cárcel, mostraron la falta de mecanismos necesarios para impedir el abuso de los altos cargos. Transparencia Internacional sitúa a Irán en el puesto 136 de entre 175 países estudiados en 2014.

Eliminación de los subsidios directos. Cada iraní recibe mensualmente 445.000 riales (unos 12 euros), lo que supone la distribución de 8.800 millones de euros al año. Aunque el Gobierno de Rohaní ha retirado a 200.000 iraníes del sistema, muchos adinerados siguen recibiendo esta ayuda. Algunos analistas opinan que resulta complicado determinar a quiénes suspender esos beneficios, pero el Gobierno tampoco se arriesga porque teme que reste apoyos al presidente.

Fuga de cerebros. Unos 150,000 profesionales salen anualmente de Irán en busca de una mejor calidad de vida, lo que le sitúa en cabeza de los países exportadores de cerebros. Los destinos favoritos son EE. UU. y Canadá. Reza Faraji Dana, asesor del presidente para Asuntos Científicos y Educativos, evalúa esa pérdida en 150,000 millones de dólares al año. Prueba de su valían, un alto porcentaje de los ganadores de medallas en las olimpiadas científicas terminan emigrando.

Conservación medioambiental. Irán pierde cada año hasta un 1,5 % de sus bosques debido a la sobreexplotación y los incendios, pero todavía no dispone de un helicóptero cisterna. Durante las últimas décadas, la construcción de presas y la perforación de pozos profundos para contentar a los campesinos y materializar la autarquía agrícola, han acelerado la desertización. Es el país con el mayor volumen de erosión del suelo en el mundo. Aun así el presupuesto de la Organización de Protección del Medio Ambiente es de apenas 48 millones de euros, 40 veces menos de lo que se destina a centros culturales.

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