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La Iglesia abraza la evidencia científica

El Papa asume los "numerosos" estudios que señalan que la mayor parte del cambio climático se debe a la actividad humana

El papa Francisco
El papa Francisco en una ceremonia en Roma en 2014. Getty Images

El papa Francisco habla en su primera encíclica de anhídrido carbónico, de óxidos de nitrógeno, de combustibles fósiles frente a energías renovables, de fertilizantes y detergentes que dañan los ríos y mares, de corredores biológicos... Es, en definitiva, una encíclica (Laudato Si) cargada de argumentos científicos en la que el máximo responsable de la Iglesia católica abraza las evidencias sobre la vinculación entre el calentamiento global y el hombre.

"Hay un consenso científico muy consistente", dice el Pontífice, "que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático". "Es verdad que hay otros factores (como el vulcanismo, las variaciones de la órbita y del eje de la Tierra o el ciclo solar), pero numerosos estudios científicos señalan que la mayor parte del calentamiento global de las últimas décadas se debe a la gran concentración de gases de efecto invernadero (anhídrido carbónico, metano, óxidos de nitrógeno y otros) emitidos sobre todo a causa de la actividad humana", apunta Francisco, que arrincona así a los negacionistas del cambio climático. El papa denuncia que "hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos".

Biodiversidad y privatización del agua

La encíclica del Papa no solo aborda las causas y consecuencias del cambio climático. También se adentra, y concreta, otros problemas medioambientales.

Agua. Francisco advierte de la pérdida de calidad de las aguas, de la contaminación de los acuíferos y de los problemas de acceso a este recurso en África. Pero hay más: "Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso es­caso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado". En su opinión, "el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamen­tal y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos".

Biodiversidad. "La pérdida de selvas y bosques im­plica al mismo tiempo la pérdida de especies que podrían significar en el futuro recursos suma­mente importantes, no sólo para la alimentación sino también para la curación de enfermedades y para múltiples servicios". El Papa habla de la "alerta" que despierta conocer la "la ex­tinción de un mamífero o de un ave, por su ma­yor visibilidad". Pero añade: "para el buen funcionamien­to de los ecosistemas también son necesarios los hongos, las algas, los gusanos, los insectos, los reptiles y la innumerable variedad de microorga­mismos". También critica la deforestación de los "pulmones del planeta", como la Amazonia o la cuenca fluvial del Congo.

Océanos. "El problema creciente de las aguas contaminadas y de la protección de las áreas marinas más allá de las fronteras nacionales sigue representando un desafío importante", opina el Papa. "Tenemos que acordar esquemas de gobernanza para el conjunto de lo que se suele llamar los bienes comunes mundiales", propone. También alerta en su encíclica de los problemas de las barreras de coral, que "hoy ya son  estériles o están en un continuo estado de declinación".

El último informe de síntesis del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), en el que participaron más de 800 científicos, concluía que "las emisiones de gases de efecto invernadero y otros impulsores antropógenos han sido la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX". Y apuntaba a que los efectos de este cambio ya se notan en todo el planeta. "Parecen advertirse síntomas de un punto de quiebre", dice ahora el Papa, "a causa de la gran velocidad de los cambios y de la degradación". Estos síntomas se "manifiestan tanto en catástrofes naturales regionales como en crisis sociales o incluso financieras".

José Manuel Moreno, catedrático de Ecología y miembro del IPCC, cree que la encíclica contiene "un mensaje muy importante que advierte de que el hombre está transformando el planeta y de que existen evidencias científicas". 

La encíclica señala hacia la raíz del problema del calentamiento, que "se ve potenciado especialmente por el patrón de desarrollo basado en el uso intensivo de combustibles fósiles". El Papa apunta al camino a seguir: "la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes –sobre todo el carbón, pero aun el petróleo y, en menor medida, el gas– necesita ser reemplazada progresivamente y sin demora".

Pero el pontífice da un paso más al vincular el cambio climático con las desigualdades en el planeta. "El calentamiento originado por el enorme consumo de algunos países ricos tiene repercusiones en los lugares más pobres de la tierra, especialmente en África, donde el aumento de la temperatura unido a la sequía hace estragos en el rendimiento de los cultivos". José Manuel Moreno valora está vinculación que hace el Papa entre los problemas medioambientales y la pobreza. En su opinión, era necesario que algunas organizaciones, como es el caso de la Iglesia, se pronunciasen sobre los efectos en los países menos desarrollados.

Yolanda Kakabadse, presidenta de WWF, ha aplaudido este jueves el mensaje del Papa. "Incluye una perspectiva moral muy necesaria para el debate climático". Por su parte, Greenpeace ha considerado que las palabras del Papa deben "sacar a los jefes de Gobierno de su complacencia" y "animarles a aprobar leyes estrictas en sus propios países para proteger el clima y acordar un potente protocolo climático en París".

La encíclica se publica cuando el debate sobre el calentamiento está más presente, ya que París acogerá a finales de año la cumbre internacional en la que se deberá aprobar el nuevo protocolo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que se aplicará a partir de 2020. "Las cumbres mundiales sobre el ambiente de los últimos años no respondieron a las expectativas porque, por falta de decisión política, no alcanzaron acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces", recrimina el Papa en la encíclica.

Francisco recoge así un sentir que parece mayoritario. Un reciente sondeo realizado a 10.000 personas en 75 países, el World Wide Views Climate and Energy, apuntaba a que el 70,8% de los encuestados consideraba que las negociaciones sobre el clima que la ONU celebra desde 1992 no han hecho lo suficiente para luchar contra el calentamiento global.

Ante el reto de intentar frenar este proceso, en la encíclica se afirma que ante el cambio climático hay "responsabilidades diversificadas". "Es necesario que los países desarrollados contribuyan a resolver esta deuda (ecológica) limitando de manera importante el consumo de energía no renovable y aportando recursos a los países más necesitados para apoyar políticas y programas de desarrollo sostenible". Se adentra así en uno de los debates que está centrando los meses previos a la cumbre de París: la petición que están haciendo los países en desarrollo para que las economías más ricas les ayuden económicamente para luchar contra el cambio climático.

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