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“Tuve que lidiar con cosas inmorales. Era la única forma de gobernar Brasil”

Lula vivió la corrupción en su mandato con "angustia y un poco de culpa", según Mujica

Mujica y Lula, en Montevideo en 2014.
Mujica y Lula, en Montevideo en 2014. INSTITUTO LULA

Lula da Silva reconoció que tuvo que lidiar con "muchas cosas inmorales y chantajes" durante sus años como presidente de Brasil. “Esa era la única forma de gobernar” el país, afirmó el fundador del Partido de los Trabajadores (PT) en un encuentro con el expresidente uruguayo José Mujica, según el libro Una oveja negra al poder, de los periodistas Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz.

El clima político de Brasil está tan agitado que hasta unas declaraciones del mejor aliado latinoamericano de Lula han derivado a un pequeño escándalo. El texto asegura que Lula vivió el episodio de la corrupción con "angustia y un poco de culpa". Algunos interpretaron los comentarios como una "confesión" de que permitió prácticas ilegales durante su presidencia (de 2002 a 2010). Uno de los autores lo desmintió al portal de noticias G1: "Lula estaba hablando sobre 'cosas inmorales' y no sobre el [caso de corrupción] mensalão. Lo que Lula transmitió a Mujica fue que es dificil gobernar Brasil sin convivir con chantajes y 'cosas inmorales". 

El escándalo del mensalão estalló en 2005 y destapó una red de compra de votos en el Congreso. En total, 37 personas fueron condenadas, entre ellos el exjefe de gabinete del Gobierno Lula José Dirceu y el extesorero del PT Delúbio Soares. El Instituto Lula, la fundación que creó el expresidente, respondió a las especulaciones este viernes en un comunicado: "Lamentamos que una vez más la prensa brasileña utilice imprecisiones para crear interpretaciones equivocadas y divulgar mentiras".

El PT vive una de las épocas más tensas de su historia. El gigantesco esquema de corrupción de la estatal Petrobras ha salpicado, entre otros, a João Vaccari, que ejerció de fiel tesorero y hoy está acusado de 44 delitos de lavado de dinero. Por otra parte, la Fiscalía General de la República abrió en abril una investigación preliminar a Lula en búsqueda de indicios de un supuesto tráfico de influencias al mediar entre Gobiernos extranjeros y la constructora brasileña Odebrecht.

Mujica, que "admira profundamente" a Lula, según los periodistas, también lo defendió en el libro. “No es un corrupto como sí lo era Collor de Mello y otros expresidentes brasileños”, opinó. “El mensalão es más viejo que el agujero del mate”, añadió. “A veces, ese es el precio infame de las grandes obras”.

El uruguayo, que estuvo preso 15 años y sufrió torturas por pertenecer al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro, lleva una vida austera y siempre ha criticado abiertamente la ambición desmedida de políticos y empresarios. Esta semana, en la presentación de Una oveja negra al poder, en Buenos Aires, insistió: "El tema de tener plata para ser alguien puede ser una herramienta de progreso en el mundo del comercio, donde se corren riesgos empresariales, pero cuando se mete en la política estamos fritos. Pasó en Italia, en parte en España. Es inexplicable lo de Brasil. Y aquí en Argentina el vicepresidente está procesado".

A principios de 2014, el exguerrillero uruguayo y el exsindicalista brasileño pasaron juntos "una noche de copas" en un bar de Montevideo, cuenta el libro. Lula le recomendó a Mujica que al dejar la presidencia asumiera un papel de líder en América Latina. "No quiere agarrar él la manija regional por ser brasilero. A Brasil siempre lo van a acusar de imperialista. Por eso me lo pidió a mí. Nadie va a desconfiar de un uruguayo, no todavía por lo menos", opinó. A la actual presidenta del gigante sudamericano, Dilma Rousseff, la considera "muy buena administradora y mejor técnica que Lula", según los autores del libro. Rousseff, también exguerrillera, también víctima de la dictadura, dijo en una ocasión que se le ponía la piel de gallina al escucharlo hablar. Ella lo llama "viejo sabio del sur”.

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