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Una marea humana recorre durante ocho horas la capital mexicana en paz

Padres de los 43 estudiantes de Iguala retan al Gobierno con un boicot a las elecciones

Vista del zócalo de la Ciudad de México durante la marcha. Ver fotogalería
Vista del zócalo de la Ciudad de México durante la marcha.

Poco después de las seis y media de la tarde, llegaban al zócalo de la Ciudad de México las cuatro marchas que han mantenido en vilo este lunes a la capital del país. Decenas de miles de personas, maestros de Oaxaca, Michoacán, el Distrito Federal y Guerrero, así como estudiantes y organizaciones civiles, partían a las diez de la mañana desde diferentes puntos del Distrito Federal para exigir la presentación con vida de los 43 estudiantes de magisterio desaparecidos la noche del 26 de septiembre en Iguala.

“Manuel, te amo”, decía uno de los portavoces de los padres de familia en el mitin que culminó la jornada de protestas en varias ciudades del mundo. Frente al Palacio Nacional, sobre el mismo escenario donde unos minutos antes un grupo de música ofrecía un concierto y animaba a los asistentes a darse un abrazo, los familiares de las víctimas clamaron contra el Gobierno de Enrique Peña Nieto y desafiaron a los gobernantes con boicotear las elecciones del próximo mes de junio. “No a las votaciones porque ningún partido da solución a los problemas de México. El gobierno del pueblo, las asambleas populares, son las únicas que pueden sacar adelante al mismo pueblo”. Junto a ellos, los rostros de los normalistas iluminaban el palco cuando ya comenzaba a anochecer en la capital del país.

A cuatro meses de la desaparición de los jóvenes, los restos hallados por la fiscalía mexicana tan solo han servido para identificar a uno de los estudiantes, Alexander Mora. Los padres de los normalistas dudan de la versión oficial, que señala que estos fueron entregados por la policía local de Iguala a miembros del cartel Guerreros Unidos, una organización criminal que opera en el territorio. Según esa versión, los narcotraficantes habrían quemado a los jóvenes durante horas en el basurero de Cocula, situado a unos 30 kilómetros de distancia del lugar del secuestro. Los familiares, alentados por algunas informaciones, implican al Ejército mexicano en los hechos. Una gran manta colgada este lunes en uno de los monumentos emblema de la ciudad, el Ángel de la Independencia, acusaba a los militares del asesinato de los 43.

Carmelita Cruz, madre de uno de los estudiantes, cargó durante su intervención en el Zócalo contra la institución. “El Ejército se llevó a nuestros hijos, queremos que nos los entreguen”, gritaba con voz desgarrada.

Los padres de familia recordaron también el carácter pacífico de la marcha en el mismo momento en que un grupo de personas comenzó a quemar una figura del presidente en la plaza. Los actos vandálicos se han sucedido en cada protesta, incluidas las celebradas en la capital. En una de ellas, un grupo de encapuchados prendió fuego a la puerta del Palacio Nacional.

Con proclamas contra Peña Nieto, el Ejército mexicano y el alcalde de Iguala y su esposa -ambos en prisión después de ser acusados por su participación en los hechos y nexos con el crimen organizado- solo hubo un gran ausente: las bandas del narcotráfico a las que el Gobierno atribuye la matanza de Iguala y cientos de crímenes más por todo el territorio nacional.

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