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De cambista a delator en el caso de corrupción de Petrobras

El testimonio de Youssef es la columna vertebral del caso de corrupción que afecta a Brasil

El cambista Alberto Youssef en las oficinas de la Policía.
El cambista Alberto Youssef en las oficinas de la Policía. AGP/AE

“Siempre fue un contrabandista. Todos lo sabíamos”, dice un vecino de Londrina —una coqueta ciudad de medio millón de habitantes en Paraná— sobre Alberto Youssef, su cambista más famoso, que pasó de vender empanadas por sus calles, a manejar miles de millones de reales y ha acabado en la prisión de Curitiba por la Operación Lava Jato (Operación Lavacoches, porque utilizaban lavanderías y gasolineras para sus negocios). “Está destrozado”, dicen sus abogados. De 47 años y cardiópata, ha perdido 20 kilos desde que está preso y ha ingresado cuatro veces en el hospital.

Youssef es, sobre todo, un reincidente. Suspendida la condena de un affaire anterior por colaborar con la justicia —aunque al final fue condenado a cuatro años y dos meses— Youssef se ha convertido en delator, transformando el caso Petrobras en un polvorín contra el establishment brasileño. Fue su familia quien le persuadió para llegar a un acuerdo de colaboración con la justicia. Bloqueados sus bienes, detenidos algunos de sus socios y hostigados sus familiares, tenía esa opción o la de pasar los próximos 20 años en prisión.

Brazo derecho del poderoso exdiputado de Londrina José Janene (Partido Progresista), imputado en el caso mensalão, la muerte de éste en 2010 lo aupó hasta la cima de una gigantesca trama de desvío y blanqueo de dinero.

Tras lustros de experiencia en operaciones pequeñas al frente de su agencia de cambio en su ciudad natal, se transfiguró en un lobbista total. Era el engranaje del sistema: hacía las llamadas, entregaba los maletines, ordenaba las transferencias, diseñaba la creación de empresas tapadera, negociaba con los contratistas, cuidaba a los agentes públicos, resolvía discrepancias y, si era necesario, se metía en un avión privado para trasladar sumas elevadas a la otra punta del país. Se estima que la cantidad desviada en la Lava Jato es de 4.000 millones de dólares (unos 3.200 millones de euros).

Youssef ha explicado el funcionamiento de la trama de blanqueo y revelado la existencia de un club de directivos de grandes empresas que se repartían un porcentaje de cada obra de Petrobras con destacados políticos. Youssef intermediaba en el pago de sobornos y donaciones ilegales a partidos: la policía federal ha descubierto en su oficina 750 contratos tramitados bajo su supervisión.

Incomunicado desde marzo, su testimonio es la columna vertebral del mayor caso de corrupción de Bral. No parece exagerado que a sus abogados les preocupe “la seguridad” de su defendido: en octubre, cuando fue internado por una crisis cardiaca, la policía tuvo que desmentir que hubiera sido envenenado. En su oficina del centro de Londrina, cerrada hace dos años, sonríen ante la mención de su nombre. “La avaricia rompe el saco”, dice Sergio. “No podría imaginar el poder que tenía el tipo. Y ahora mire… ¿Para qué?”.