Disturbios raciales

Nueva York, entre la protesta y la reconciliación

Miles de personas provocan cortes de tráfico mientras víctimas y policías debaten sin descalificaciones

Protestas por el caso Brown en Nueva York
Protestas por el caso Brown en Nueva YorkEFE

La tensión que recorre Estados Unidos por los sucesos de Ferguson (Misuri) ha provocado este martes manifestaciones de protesta, por segunda noche consecutiva, en ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Atlanta, Boston, Washington, Detroit, Seattle o Nueva Orleans, entre otras. En todas ellas resonaron las consignas de la indignación ciudadana contra la violencia policial. Nueva York, que vivió la marcha más numerosa, con miles de manifestantes repartidos por varias zonas de la ciudad, también oyó otras voces, que hablaron de reconciliación, de trabajo en común, de confianza en las instituciones y en los ciudadanos.

Mientras cientos de personas se concentraban en Times Square, o cerraban en plena hora punta el paso de vehículos por el Lincoln Tunnel, que conecta Manhattan con Nueva Jersey, o recorrían a pie la Franklin D. Roosevelt Drive, junto al East River, para desesperación de los conductores, o marchaban por el puente de Manhattan provocando graves problemas de circulación y algunas detenciones, un insólito panel de discusión, en las antípodas de lo sucedido en Ferguson, tenía lugar en la Mount Sinai United Christian Church de Tompkinsville, en Staten Island.

Allí, en el barrio en el que murió asfixiado este verano a manos de varios agentes el vendedor de cigarrillos afroamericano Eric Garner, líderes locales, familiares de víctimas y representantes de la policía discutieron sin descalificaciones sobre cómo mejorar las relaciones entre los cuerpos de seguridad y los ciudadanos. El motivo de tan singular reunión fue el octavo aniversario de la muerte en Queens del afroamericano Sean Bell, que recibió 50 disparos de la policía. Su novia, Nicole Paultry Bell, presidió el acto. Cerca de ella, sentados juntos, Rodney Harrison, jefe adjunto de la policía de Staten Island, y Gwen Carr, la madre de Eric Garner, en un escena, esta vez sí, que valió más que mil palabras.

“Nosotros no tenemos en Nueva York una policía como la de Ferguson. Aquí hay esperanza, hay diversidad”, proclamó Kirsten John Foy, unos de los líderes de la National Action Network, la organización de derechos civiles del reverendo Al Sharpton. “¿Cómo podemos trabajar colectivamente si hay desconfianza?”, se preguntó Paultry Bell. Todos los participantes destacaron el contraste entre los sucesos de Ferguson y las manifestaciones pacíficas celebradas en Staten Island y otros lugares por la muerte de Garner. El reverendo Victor Brown, presente en el acto, atribuyó lo sucedido a la actitud de la familia de la víctima. “Esta gente salió y dijo: ‘Queremos justicia, pero no queremos conseguir esa justicia con violencia’. Ellos marcaron el tono”, afirmó.

El encuentro de Staten Island se celebró en las horas finales de una jornada en la que las reacciones a los sucesos de Ferguson se sucedieron, con referencias a las últimas tensiones vividas en Nueva York entre el departamento de policía y algunos colectivos de la ciudad. El último incidente, la muerte tiroteado por un policía novato de un joven afroamericano desarmado en Brooklyn, Akay Gurley, ha reavivado esas tensiones, pero también evidenciado que, en contraste con Ferguson, la indignación pueden vehicularse de forma pacífica.

El acalde de Nueva York, Bill de Blasio, se mostró muy crítico con la violencia desplegada en Misuri, pero declinó hacer comentarios sobre la decisión del gran jurado. “Es muy triste para América que haya gente que elige la violencia. Tenemos que hacer profundos cambios en nuestra sociedad, pero no se van a conseguir a través de la violencia. Se conseguirán con manifestaciones pacíficas, con leyes y con elecciones”.

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De Blasio estableció una clara diferencia, a su juicio, entre el suceso de Ferguson y las muertes de Eric Garner o Akay Gurley. “Cada caso es distinto. Nos tenemos que centrar en lo que subyace”, dijo. El regidor se refería a la siempre difícil relación entre una policía entrenada durante años para combatir el pequeño delito, con el efecto estigmatizador que eso supone para las minorías afroamericana e hispana, y la dificultad de establecer una relación de confianza entre el departamento y estas comunidades. “Está claro que una parte importante de la población no tiene plena confianza en la policía. Es un asunto en el que tenemos que trabajar”, señaló William Bratton, jefe de policía de Nueva York.

Bratton se mostró sorprendido por la forma en que las autoridades de Ferguson gestionaron la información sobre las razones de la exculpación del agente Darren Wilson. En concreto, se refirió al testimonio del policía, recogido en las actuaciones judiciales, sobre la pelea que mantuvo con Michael Brown, de 1,93 metros y 130 kilos depeso, y cómo este intento arrebatarle el arma. En una entrevista concedida a la cadena ABC, Wilson se mostró convencido de que actuó conforme a la ley cuando abatió a Brown, según dijo, en defensa propia.

“Como profesional de la policía, no comprendo cómo esa información no se hizo pública antes. Habría equilibrado la historia”, dijo Bratton, quien se mostró partidario de abordar casos así con la máxima transparencia. La semana pasada, el jefe de policía tuvo que afrontar el caso de Akai Gurley. Bratton habló de “trágico accidente” e identificó al policía responsable. Hubo protestas, pero sin incidentes.

El responsable policial explicó que una de las claves es el diálogo permanente con los cargos electos locales y con los representantes de las distintas comunidades. “Nosotros intentamos ser todo lo accesibles y transparentes que nos permite la ley. También hay que reconocer los errores y tener voluntad para mejorar la formación de casi 35.000 uniformados en Nueva York”, señaló.

A lo largo de la noche del martes, grupos de varios centenares de personas acudieron a las convocatorias de protesta en todo Estados Unidos. La más concurrida fue la de Nueva York , donde unas 4.000 personas, divididas en varias columnas, provocaron graves cortes del tráfico. En otras ciudades, el número de manifestantes osciló entre unas pocas decenas y varios centenares. Unas 300 personas concurrieron en Boston, Detroit y Atlanta, donde se concentraron frente a la sede de la cadena de televisión CNN. Otras tantas personas hicieron lo propio en Seattle, en su mayoría jóvenes procedentes de varios institutos locales. En Nueva Orleans se reunieron unos 50 manifestantes.

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