Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Barreras al alcohol en Marruecos

La venta de vino y cerveza sufre una caída histórica por las trabas fiscales del Gobierno islamista

Un mercado en Marrakech, el 12 de septiembre Ampliar foto
Un mercado en Marrakech, el 12 de septiembre Getty

En Marjane, el Corte Inglés de Marruecos, se puede comprar casi de todo menos carne de cerdo, por supuesto, y alcohol. Ni siquiera cervezas. La decisión de dejar de vender bebidas alcohólicas de la mayor cadena de hipermercados del país, con 32 grandes superficies, no se admite que haya sido por razones religiosas y el auge del islamismo, pero tampoco se oculta. El consejero delegado de la firma, Mohamed Amrani, ya advirtió hace dos años que tomarían esta medida “para favorecer la convivencia en sus espacios a las grandes familias”. Se avanzó durante el pasado Ramadán, en julio, y ahora se ha ejecutado. El Gobierno islamista de Abdelilá Benkiran tampoco ayuda al sector, al imponerle subidas de impuestos. La caída de ventas en los últimos seis meses ha sido calificada de histórica.

El restaurante español Casa García, en Arcila (en la costa atlántica), ofrece vino en su carta, como L’Océan en Tánger o Al Marsa en Rabat, y algunos otros en distintas ciudades.

También dispensan cerveza la mayoría de los grandes hoteles. Pero en Marruecos se aprecia hace tiempo un retroceso nada casual en el número de puntos de venta de bebidas alcohólicas.

El balance del negocio en los primeros seis meses de 2014 registra un descenso global del 18% en la venta de alcohol (de 759.395 hectolitros a 623.321), con una caída mayor en la venta de vino (una bajada del 46,14%, de 248.000 hectolitros a 133.571). Sucedió lo mismo, pero en menor cuantía, incluso con la cerveza: un retroceso del 3,6% (de 467.777 hectolitros a 450.888) y con las otras bebidas espirituosas (un 10,9% menos).

Alcaldes del partido gubernamental presionan a bares y restaurantes

Las explicaciones a este fenómeno coinciden. La primera causa se focaliza en la clausura este verano por la cadena Marjane de esa línea de negocio, que ha afectado seriamente al sector, ya que aglutinaba el 50% de los ingresos de todos los supermercados del país en ese tipo de productos.

Marjane es una empresa del grupo SNI, la Sociedad Nacional de Inversiones, hólding controlado por la familia real, que se ha adaptado así a los nuevos tiempos políticos tras la llegada al poder hace más de dos años del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), del islamista moderado Benkiran. Ni SNI ni Marjane han querido ofrecer estos días a los medios de comunicación su versión de esta nueva política de la empresa. Solo se ha conocido que han transferido ese tipo de productos a la firma Acima, su cadena de tiendas más pequeñas. Sí se ha filtrado que pretendían contentar así a sus clientes más religiosos, que se estarían pasando a la competencia de supermercados como Aswak Assalam, que no vende alcohol tras la entrada en su capital de una multinacional saudí.

En Marruecos, la venta de bebidas alcohólicas a los musulmanes está prohibida y su consumo público está penado con hasta seis meses de prisión. En las calles marroquíes no se ven jóvenes ni mayores bebiendo latas de cerveza. Pero el país tiene un sector vitivinícola que produce unos 40 millones de botellas al año.

La segunda explicación se dirige contra la política del Gobierno de gravar desde hace dos años con más tasas las bebidas alcohólicas. El alza fiscal en este ejercicio supuso un 31% en los vinos de crianza y un 80% en los de mesa, que cuestan 30 dirhams (unos 2,5 euros) el litro y que consume la población con menos recursos. Esta nueva política antialcohol ha llevado a muchos consumidores hacia el mercado ilegal, que concentra ya el 15% del negocio, y ha beneficiado a los guerrabs (que venden licores artesanos).

El Partido Socialista, en la oposición, ha alertado sobre la marcha atrás en algunas actuaciones relacionadas con las libertades públicas. Fuentes periodísticas marroquíes han revelado que algunos alcaldes del gubernamental PJD presionan a propietarios de bares y restaurantes, incluso los radicados en municipios turísticos, para que suspendan o no renueven las licencias de venta de alcohol.