El mayor lobby latino de EE UU se reúne alarmado por la crisis de los niños

Las principales voces latinas se unen para exigir soluciones humanitarias, indignadas por el discurso del ala dura republicana, y critican la respuesta del presidente Obama

Dos niñas siguen un partido del Mundial desde uno de los recintos donde se está procesando a cientos de menores inmigrantes de Centroamérica.
Dos niñas siguen un partido del Mundial desde uno de los recintos donde se está procesando a cientos de menores inmigrantes de Centroamérica.POOL (REUTERS)

El principal grupo de presión de Estados Unidos en favor de la comunidad latina celebra este fin de semana una conferencia anual que ha quedado sumergida bajo la tormenta política en torno a los niños indocumentados que cruzan solos la frontera y que han desbordado las instalaciones de Texas. La convención en Los Ángeles (California) del Consejo Nacional de la Raza (CNLR), con sede en Washington, se convirtió en un termómetro de la indignación entre la élite latina por el uso político que se ha hecho de lo que consideran un problema humanitario con complejas raíces. La críticas se centraron en el ala dura republicana, que pide el sellado de la frontera y da pábulo a las quejas sobre las enfermedades de los inmigrantes o su impacto sobre los servicios públicos, pero también en el presidente Barack Obama, por responder pidiendo más dinero para “un sistema que atrapa a los inmigrantes”, en palabras del congresista Luis Gutiérrez.

Clarissa Martínez de Castro, vicepresidenta de la oficina legal del CNLR, explicaba el sábado por la mañana que “hay varias razones” por las que la organización se ha volcado en este asunto. “Primero, la gravedad de la emergencia humanitaria. Es ridículo hablar de crisis por 50.000 niños”. Para esta organización es importante que se deje de hablar de crisis en la frontera y el debate se centre en la atención humanitaria. Aparte, “es alarmante el discurso de odio” desde partes de la derecha del país cuando se trata de “niños desesperados”. “Se está utilizando esto solo para atacar al presidente”, dice Martínez. Por último, al CNLR le preocupa que detrás de todo esto “hay un sustrato de cómo nos ven a los latinos”.

Durante una mesa redonda sobre la política actual en inmigración, Martínez recordó que hace solo un año, muy poco antes de la conferencia anterior, se acababa de aprobar el Senado de EE UU un proyecto de reforma migratoria que, sin ser del todo convincente para los líderes del CNLR, aportaba soluciones a largo plazo para 11 millones de indocumentados en el país. Un año después, aquel acuerdo no se ha convertido en ley porque está bloqueado en la Cámara de Representantes (cámara baja del Congreso), donde la mayoría republicana se niega a someterlo a votación.

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Sin embargo, destacó Martínez de Castro, las voces en favor de la reforma migratoria integral no han hecho más que crecer. “Nunca se había visto un consenso como este sobre ningún tema”, aseguró. Por eso se quejó del uso que algunos líderes republicanos hacen de la actual llegada masiva de niños indocumentados desde Guatemala, El Salvador y Honduras, huyendo de la violencia y la miseria. “Están intentando cambiar a narrativa y decir que 50.000 niños sin papeles están poniendo al país de rodillas”.

Los lobbies latinos ponen sus esperanzas en las próximas elecciones parciales al Congreso, que se celebran en noviembre, para que la reforma avance o, por lo menos, los republicanos sientan cierta presión del electorado. Martínez recordó que el 75% de los latinos son ciudadanos con derecho a voto, una cifra que es del 93% entre los jóvenes. “Nos vamos a asegurar de que la gente paga el precio del daño que han hecho”, llamando a votar masivamente en noviembre. Varias voces en la conferencia reconocieron las dificultades para lograr es cambio, pues tradicionalmente, mientras el voto latino no hace más que crecer cada cuatro años en las elecciones presidenciales hasta el punto de que algunos analistas ya consideran imposible ganar la presidencia sin contar con ellos, no ocurre lo mismo en las elecciones legislativas. La mayoría de los republicanos de la Cámara de Representantes no tienen nada que temer de sus electorados latinos.

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Marielena Hincapié, directora ejecutiva del National Immigration Law Center, explicó que solo el Congreso puede dar una solución a largo plazo a los 11 millones de indocumentados del país, pero reclamó del presidente Barack Obama que utilice sus poderes ejecutivos, como ha prometido hacer aunque aún no ha concretado cómo, para frenar las deportaciones que “destrozan comunidades”. “¿Cómo puede un niño aprender nada en el colegio cuando no sabe si su madre va a estar en casa cuando vuelva?”, se preguntó. “Es inhumano y es antiamericano”. El pasado mes de marzo, la presidenta del CNLR, Janet Murguia, que fue asesora de Bill Clinton en la Casa Blanca, llamó al presidente Obama “deportador en jefe”, una etiqueta brutal que lo ha hundido entre las comunidades latinas, tras asegurar que ha deportado a cerca de 2 millones de personas durante su mandato, más que ningún otro presidente.

Hincapié considera que las próximas “seis a ocho semanas” son críticas en este debate. El presidente ha prometido tomar medidas ejecutivas ante la parálisis del Congreso. Pero las tomará probablemente en septiembre, antes de las elecciones. Mientras, con el Legislativo de vacaciones, “es el momento de hablar con todos nuestros representantes”. La decisión que tome Obama la va a tomar con la información que reciba estas semanas, asegura Hincapié.

La crisis de los niños inmigrantes apareció en todos y cada uno de los discursos que se oyeron el sábado, desde la presidenta del CNLR, Murguia (que apareció en el escenario escoltada por Mickey Mouse y Minnie Mouse; Walt Disney Co., una de las empresas más grandes de California, es uno de los patrocinadores del evento), hasta el arzobispo de Los Ángeles, José H. Gómez, el alcalde de la ciudad y el congresista Luis Gutiérrez, considerado uno de los principales batalladores por la reforma migratoria en el Congreso. “Es una situación que rompe el corazón”, dijo el arzobispo en sus breves palabras, y recordó que hasta el papa Francisco se ha referido a lo que ocurre en Texas. “Hay que seguir luchando por la justicia, no solo por estos niños, sino por todos los atrapados en el sistema migratorio”, dijo Gómez.

“Todos sabemos que estos niños tendrían otro estatus si se hubiera pasado la reforma”, dijo Gutiérrez, congresista demócrata por Chicago y uno de los principales impulsores de la agenda latina en Washington. Gutiérrez relató el encuentro hace tres días entre los representantes latinos en el Congreso y el presidente Obama. “Dijo que (con sus medidas ejecutivas) no podrá ayudar a todos los que habría beneficiado la ley del Senado”. Pero al mismo tiempo, “dijo que cree que la mayoría de la gente en América entiende que si vives aquí, trabajas, aportas a la comunidad y tienes hijos americanos, no deberías estar en la lista de deportables”. Gutiérrez se mostró optimista, no porque el presidente se comprometiera a nada, sino porque asegura que le vio “diferente”, “con calor humano”, con una sensibilidad hacia el problema “que no habíamos visto en el pasado”.

El Consejo Nacional de La Raza fue fundado en 1968 y hoy alberga más de 300 organizaciones afiliadas de ayuda a los latinos en EE UU en 41 Estados. El alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, dio la bienvenida al mayor lobby latino del país a una ciudad que definió como “la capital norte de América Latina” en sus palabras en la jornada del sábado. Garcetti, angelino de cuarta generación, recordó que sus propios abuelos llegaron cruzando la frontera hace 100 años.

Garcetti reclamó “una reforma migratoria ya”. “Como padre y como alcalde de una gran ciudad latina no voy a aceptar” la situación de los niños indocumentados. El alcalde fue ovacionado cuando recordó algunas de las medidas que ha tomado su Ayuntamiento. La semana pasada, Los Ángeles anunció que la policía local dejará de cooperar con la Patrulla Fronteriza (policía federal de aduanas) y no les entregará indocumentados para su deportación. “Estoy orgulloso de tener la cuidad más segura desde 1949 porque trabajamos con las comunidades, no contra ellas”.

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Sobre la firma

Pablo Ximénez de Sandoval

Es editorialista de la sección de Opinión. Trabaja en EL PAÍS desde el año 2000 y ha desarrollado su carrera en Nacional e Internacional. En 2014, inauguró la corresponsalía en Los Ángeles, California, que ocupó hasta diciembre de 2020. Es de Madrid y es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense.

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