Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Rabat exhibe sus logros económicos para obviar la lentitud de reformas legislativas

El jefe de Gobierno, el islamista moderado Benkiran, hace balance a mitad de mandato

El parlamento, el 9 de junio Ampliar foto
El parlamento, el 9 de junio Fadel Senna

Solemne en las formas, y muy político en el fondo, ya en plena precampaña de su candidatura para las futuras presidenciales, el jefe de Gobierno de Marruecos, el islamista moderado Abdelaziz Benkiran, hizo balance a mitad de su mandato, como exige la Constitución aprobada en 2011 tras las revueltas de la primavera árabe. Como se esperaba, en su discurso se refugió en la buena marcha de la macroeconomía —sobre todo en el control del déficit público— para sortear la carencia y lentitud de las reformas políticas prometidas. Y para justificarse presumió de que su modelo, "la excepción marroquí", es el único islamismo tranquilo y estable en el poder en el mundo árabe.

Tras el estallido en cadena de los conflictos en varios países del mundo árabe en 2011, las protestas y reivindicaciones callejeras de la primavera árabe llegaron finalmente a Marruecos. El rey Mohamed VI y la corte (el Makhzen), el verdadero poder del país, tomaron buena nota. Había peligro de desbordamiento. Aquel verano, se promovió una nueva Constitución llena de grandes promesas y buenas intenciones. En otoño Benkiran fue nombrado presidente del Gobierno, y fue investido a finales de enero de 2012.

Entre otras novedades, la nueva Constitución marroquí establece, en su artículo 101, que el presidente del Gobierno debe comparecer a mitad de mandato para dar cuenta de lo que ha hecho y lo que le queda por hacer. El plazo se cumplió hace meses, y en marzo envió una primera evaluación por escrito al Parlamento, pero ahora ha formalizado la prueba. Se reunieron las dos cámaras y se fijó las 22.00 horas del martes, tras el iftar (la comida de ruptura del ayuno de Ramadán) y tras acabar el partido de fútbol entre Brasil y Alemania. Habló algo más de dos horas.

Benkiran es un buen orador. Tiene 60 años, es populista y lidera el partido Justicia y Democracia, liberal e islamista suave, que no fue el ganador de las últimas elecciones, pero sí aglutinó a otras tres formaciones para formar un gobierno posibilista. Él mismo lo admitió en su discurso: "Este no es un Gobierno normal". Es un Ejecutivo que surgió tras el dilema planteado por las primaveras árabes. En ese contexto, como reconoció Benkiran, el país ha regateado "la primavera democrática" y "la autonomía árabe" con "los mínimos daños". También ensalzó los éxitos ante "la amenaza terrorista".

El político Benkiran había hecho gala en su campaña electoral de la lucha contra la corrupción y la prevaricación, pero el ahora jefe de Gobierno, al dar cuenta de la mitad de su mandato, pasó de largo rápido sobre esos asuntos porque en esos ámbitos se ha hecho y conseguido muy poco. Prefirió volcarse en el terreno económico, en las grandes cifras. Entiende que son los méritos que le han permitido crear "estabilidad" y "paz social" en Marruecos. El principal logro ha sido reducir el déficit público, que ha pasado del 7,2% del PIB en 2012 al 5,4% en 2013 con la meta de alcanzar el 4,9% en 2014.

El otro gran éxito ha sido bajar las aportaciones al llamado Fondo de Compensación, que parecía intocable, y que permite al Gobierno subvencionar productos básicos como la harina, el azúcar y la gasolina, para pacificar y embridar el descontento social. Es una partida (35 millones de dirhams en 2014 frente a los 53 millones de 2013) muy cuestionada por los organismos internacionales. Ante estas mejoras, el Fondo Monetario Internacional (FMI) está planteándose retomar una línea de crédito especial para Marruecos.

La tasa oficial de paro está en el 9,4%, aunque resulta poco creíble, y entre los jóvenes llega al 30%. El jefe de Gobierno sí resaltó que durante su ejercicio se han creado 68.000 nuevos puestos de empleo en el sector público, muy sobredimensionado y que casi llega a un millón de funcionarios en un país de apenas 34 millones de habitantes.

En su balance Benkirane destacó otros dos aspectos curiosos. Su buena relación con el rey Mohamed VI y que piensa supervisar personalmente todas las leyes y reformas que está poniendo en marcha justo ahora el Ministerio del Interior para cambiar de arriba a abajo el sistema electoral. Sobre Mohamed VI valoró que "ha jugado un papel determinante para la preservación del modelo democrático marroquí y su proceso de reformas". La colaboración y cooperación entre ambos es buena aunque estos días el propio Benkirane ha tenido que aclarar que no le consulta todo.

La precisión de Benkiran de que piensa trabajar en la reforma electoral conjuntamente con el ministro del Interior, Mohamed Hassad, ha suscitado muchos comentarios. Varios partidos de la oposición han mostrado su inquietud por que esos cambios nucleares los pilote un departamento como Interior, bajo sospecha desde la época de Driss Basri. Interior acaba de entregar a los demás partidos un borrador para discutir si es mejor el modelo electoral proporcional o el mayoritario, el tipo de escrutinio, la renovación de las listas, el documento de acreditación y las circunscripciones. Y otro texto, aún más ambicioso y con 254 artículos, sobre otra división en 12 regiones en vez de 16 del país y con más competencias autonómicas.

La gran asignatura pendiente del Gobierno marroquí son los cambios políticos, judiciales y los relacionados con las libertades. Frente a las 26 nuevas leyes fundamentales que en este sentido preveía la Constitución de 2011, Benkiran informó de que se han puesto en marcha seis leyes orgánicas, otras cuatro en camino, se han aprobado otros 99 proyectos legislativos normales y firmado 97 convenios internacionales.

Todos los analistas en Marruecos coinciden en criticar el problema de tiempo, de la lentitud con que se ha manejado este Gobierno. "Llegaban de una posición muy radical tras estar mucho en la oposición y ahora han perdido estos dos años en asumir y gestionar la política real", concluye un observador en Rabat.