La esperanza asoma en Irán

La sociedad iraní respalda el pacto nuclear como clave para salir de la crisis económica que asfixia el país. La capacidad de reforma de Rohaní depende de la reactivación

Una iraní hojea libros en Teherán.
Una iraní hojea libros en Teherán.Scott Peterson (Getty Images)

“Nadie compra. Todo el mundo espera a que bajen los precios”, repiten una y otra vez los comerciantes del Gran Bazar de Teherán. El reciente acuerdo nuclear logrado en Ginebra aún no ha logrado desbloquear la parálisis que atenaza la economía iraní. Y sin embargo hay un clima de esperanza. Incluso el parón es un signo de que los iraníes confían en que en que va a fortalecerse el rial y mejorar su capacidad adquisitiva. Pero se muestran cautos. Saben que hay muchos obstáculos en el camino.

El sector de las alfombras del Gran Bazar está desierto. Enormes plásticos cubren las piezas amontonadas, pero a media mañana no hay vendedores en las tiendas como si se hubieran ido a rezar.

“Ya nadie reza. Salimos a dar una vuelta porque no tenemos negocio”, comenta a su regreso Hamid Reza Dilmaghani, de Orient Carpet.

Dilmaghani cuenta que no ha vendido nada desde hace cinco meses. Las sanciones bancarias y el embargo que Estados Unidos impuso a las alfombras iraníes en 2010 han puesto a esa industria al borde del colapso. Su fabricación emplea a dos millones de iraníes, pero según el Ministerio de Comercio, un 10% de la población se beneficia directa o indirectamente del negocio que, tras el petróleo, es la segunda fuente de exportaciones.

De ahí que los vendedores de alfombras, como el resto de los iraníes, estén muy pendientes de las negociaciones nucleares que se abrieron con el compromiso alcanzado el pasado 24 de noviembre en Ginebra.

“Por supuesto que el acuerdo es bueno. Todos tenemos esa esperanza”, afirma Dilmaghani quien no obstante admite que algunos grupos de interés tratan de obstaculizarlo. “No es sólo el Gobierno, es la propia sociedad iraní. Censuramos internet, censuramos incluso a nuestros poetas. Es esa mentalidad la que está detrás de nuestros problemas y tenemos que arreglarlo entre nosotros”, interpreta.

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Los poderes fácticos iraníes no son la única preocupación. Una arraigada desconfianza hacia Estados Unidos hace que la mayoría de los entrevistados expresen su temor a que no cumpla con su parte. O a que ponga condiciones inaceptables.

“Lo apoyamos al cien por cien y pedimos a Dios que tenga resultados, pero [nuestros gobernantes] no deben ceder los derechos del pueblo, ni aceptar que les dicten las condiciones”, manifiesta Hamdullah Mohamedi, erigido en portavoz de un grupo de comerciantes que charlan entre ellos ante la falta de clientes.

“El acuerdo es la mejor cosa que nos puede ocurrir. No importa que tengamos que ceder un poco. Lo óptimo es que lo hagan ambas partes y se alcance un acuerdo estable y definitivo”, señala por su parte Mohsen, el encargado de la joyería Aghigh, quien no obstante teme que Israel se interponga en el camino.

Mohsen se muestra animado porque acaba de vender un juego de gargantilla, pulsera y pendientes por valor de 50 millones de riales (1.250 euros) a pesar que estas fechas, una especie de cuaresma chií, no son muy propicias para los negocios de oro y joyas porque no se celebran matrimonios ni pedidas de mano.

“Es para la prometida de mi hijo”, dice Mehri, envuelta en un chador y flanqueada por sus dos hijas. “No sé si va a bajar más el precio, pero de todas formas ya estamos de preparativos para la boda y tenía el dinero en casa”, añade. En su opinión, la economía ha mejorado un poco con las negociaciones. “Me parece que es un camino muy positivo”, declara.

Pero las sanciones internacionales por su programa nuclear son sólo una parte de los problemas económicos que afronta Irán. Por primera vez desde la fundación de la República Islámica en 1979, el país sufre a la vez inflación (que ha llegado a un 42%) y recesión. A decir de los expertos, ésta es en parte resultado de las sanciones, que han incrementado los costes de producción, pero también fruto de la mala gestión de la Administración anterior que, recuerdan, tuvo los mayores ingresos de la historia del país.

“El objetivo del presidente Hasan Rohaní con las negociaciones nucleares es claramente la economía”, interpreta un embajador europeo.

Sólo si consigue mejorar las finanzas internas podrá abordar otras reformas más adelante. De momento, sus primeros pasos han recibido el aplauso de la comunidad empresarial y de los economistas.

“El equipo económico de Rohaní lo tiene muy difícil. La situación es tan ardua que resulta complicado elegir por dónde empezar”, señala Ali Tehrani, el director de Atieh Bahar Consulting, una asesoría de negocios radicada en la capital iraní. “Están apagando fuegos y hasta ahora han tenido bastante éxito. En conjunto, el clima en los negocios se ha tranquilizado. Ha habido un efecto psicológico gracias al acuerdo [nuclear]”, precisa.

En su opinión, el informe que el presidente presentó la semana pasada ante el Parlamento fue muy acertado. “Primero atajar la inflación, que de hecho ya ha atenuado su ritmo de crecimiento, y a continuación el desempleo, que está directamente vinculado con la recesión”, resume.

Pero esas medidas no son una fórmula mágica. También exigen cierto sacrificio por parte de los ciudadanos. El nuevo presupuesto, por ejemplo, sólo contempla un 18% de aumento de los salarios del funcionariado, menos de la mitad de la inflación, y por lo tanto una nueva pérdida de poder adquisitivo para un importante sector de la población. Además, el impacto psicológico ha estabilizado el mercado de divisas, cerrando el último refugio de los ahorradores.

El metro está lleno de anuncios animando a invertir en bolsa. Sin embargo, en privado, algunos operadores advierten de los riesgos. Por un lado, señalan que los balances de muchas empresas son engañosos y sus aparentes beneficios fruto de trucos contables porque no están produciendo. Por otro, temen que no haya capacidad suficiente para aceptar tanto capital.

“Hay dinero. En el banco no dan intereses. El oro ha bajado. Y ahora la moneda está estable. Sólo queda la bolsa”, explica Tehrani para justificar los récords alcanzados en las dos últimas semanas por la Bolsa de Teherán, donde algunos inversores han logrado beneficios del 100% y despertado el temor de una burbuja.

Mientras, en el bazar, amas de casa y compradores en general se quejan de que la estabilización de la moneda no se ha traducido en una reducción de los precios. “Los comerciantes se apresuran a subirlos cuando cae el rial, pero luego se olvidan de bajarlos cuando se recupera”, lamenta Leyla. Como buena parte del país, esta maestra sigue las noticias con interés deseosa de que esta vez las promesas de cambio se traduzcan en una mejora de su sueldo que le permita vivir con menos agobios.

“Los problemas económicos de Irán no son de ayer. Se arrastran desde hace tiempo, así que serán necesarios de tres a cuatro años para que la economía vuelva al buen camino”, concluye Tehrani.

 

Sobre la firma

ÁNGELES ESPINOSA (ENVIADA ESPECIAL)

Corresponsal para los países ribereños del golfo Pérsico, ahora desde Dubái y antes desde Teherán. Especializada en el mundo árabe e islámico. Ha escrito El tiempo de las mujeres, El Reino del Desierto y Días de Guerra. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense (Madrid) y Máster en Relaciones Internacionales por SAIS (Washington DC).

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