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Negociaciones de Gobierno en Alemania

Objetivo: cambiar los Tratados de la UE

Merkel intentará dar más poder a Bruselas para controlar las finanzas de los 28 Estados miembros

Los socialdemócratas han apoyado todos los planes de rescate europeos

La canciller Merkel y François Hollande, en julio en Berlín.
La canciller Merkel y François Hollande, en julio en Berlín. Cordon Press

Mientras los socialdemócratas del SPD debaten su participación en la tercera gran coalición de la historia alemana, la canciller Angela Merkel encara su tercera legislatura en la cima de su influencia política: si termina cerrando el pacto con el SPD, Merkel contará con cuatro de cada cinco votos en la Cámara baja (Bundestag) para refrendar sus decisiones. Merkel ha visto en esta legislatura cómo su política europea, que controla personalmente desde la cancillería, se convierte en cardinal para la Europa sacudida por la crisis. Su gran éxito en las elecciones del 22 de septiembre la deja, además, sin rivales serios ni críticos relevantes dentro de su Unión Demócrata Cristiana (CDU). La política internacional quedó fuera de la campaña electoral, arrumbada por asuntos tan locales como la conveniencia de un “día vegetariano” en las cantinas. Esa falta de debate permitía presagiar continuidad.

El SPD apoyó en el Bundestag todos los rescates europeos de los últimos tres años, con los consiguientes memorandos de entendimiento estipulados por la troika de acreedores. Pero ahora la canciller cuenta con una capacidad de maniobra sin precedentes en los últimos 20 años. Podría servirle para cambiar el proceso de integración europea con el apoyo de los socialdemócratas.

Cuando aún no se ha constituido la gran coalición que gobernará Alemania hasta 2017, el semanario Der Spiegel adelanta esta semana los planes de Merkel para impulsar la integración europea a favor de Bruselas. Según explica la influyente revista política de Hamburgo, la jefa del Gobierno ha movilizado a sus sherpas (negociadores) para promover cambios en los Tratados de la Unión Europea. El objetivo sería un mayor control de las finanzas de los 28 socios, en pos de un marco político adecuado para la unión monetaria que permita evitar nuevas crisis como la que sacude la eurozona desde 2010. El plan incluye, contra todo pronóstico, el refuerzo de instituciones conjuntas como la Comisión Europea, con la que Merkel mantiene relaciones tensas desde que su presidente, el portugués José Manuel Durão Barroso, se distanció inopinadamente de la política de austeridad que propugna Merkel y que él contribuyó a implementar en Europa. Merkel también contempla la designación de un presidente del Eurogrupo dedicado en exclusiva a esa tarea. Ocupa el cargo un ministro de Economía o Hacienda de la eurozona, actualmente el holandés Jeroen Dijsselbloem. La reforma permitiría la armonización de las políticas fiscales europeas bajo el auspicio de un comisario permanente.

Según Der Spiegel, Merkel prevé la creación de un fondo europeo dotado de decenas de miles de millones de euros. Los socios podrían acceder a estos fondos a cambio de contratos vinculantes que los comprometan a adoptar políticas fiscales y de gasto público acordes con las recomendaciones comunitarias. Estos contratos contribuirían a ajustar los presupuestos y las cargas fiscales dentro de la eurozona. Merkel quiere esperar a las elecciones europeas de 2014 antes de formular propuestas firmes. Entonces cambiará la Comisión y se irá Barroso.

La dirigente desea armonizar las políticas fiscales bajo un comisario permanente

El cálculo sería que la reducción de las diferencias impulse la competitividad del conjunto. El de la competitividad es uno de los mantras preferidos por Merkel, una suerte de receta universal para todos los males económicos.

Estas novedades se enfrían, sin embargo, con las declaraciones de un portavoz de Merkel a la agencia Reuters, según el cual las propuestas alemanas sobre la unión monetaria “son conocidas desde hace tiempo”. Por otra parte, Europa aparece solo de refilón en los diez puntos que el SPD se lleva a las negociaciones con Merkel. Grandes ausentes son los eurobonos, de los que ya nadie habla en Alemania.

Los problemas de una gran reforma de los Tratados pueden venir de dos flancos: los euroescépticos, cada vez más potentes en países como Francia, desacreditarán el proyecto en la medida de sus posibilidades. De otra parte, los europeístas tienen miedo de emprender ahora un proceso de reforma de los Tratados, que podría abrir la puerta a cambios en sentido contrario. Cabe esperar que los euroescépticos de todo color y procedencia ganen fuerza en las próximas elecciones europeas. Así que probablemente Europa siga con una política de pequeños pasos, que evite a países como Francia tener que ratificar un nuevo pacto europeo en pleno auge de la ultraderecha.