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Una alcaldía y 700.000 votos en Nueva York

El martes los votantes demócratas decidirán quién será el candidato a la alcaldía de Nueva York

Bill de Blasio, aspirante a la alcaldía de Nueva York.
Bill de Blasio, aspirante a la alcaldía de Nueva York. AFP

La velocidad parece estar grabada en el ADN de Nueva York, una urbe conocida por su prisa, así que el hecho de que las elecciones a su alcaldía puedan ser decididas casi un par de meses antes de que se celebren oficialmente los comicios, puede que encaje dentro del habitual ritmo acelerado de esta ciudad. Lo cierto es que el martes 10 de septiembre desde las 6 de la mañana y hasta las 9 de la noche estarán abiertas las urnas para que los votantes demócratas decidan en estas primarias quién será el candidato a la alcaldía de Nueva York por su partido. Si ningún candidato alcanza el 40% de los votos habrá una segunda vuelta el 10 de octubre, entre los dos demócratas mejor situados.

El registro para votar en las primarias de este martes se cerró el pasado 16 de agosto. Según las últimas estimaciones de los 8.3 millones de ciudadanos en Nueva York, 4.3 millones son votantes activos, y cerca de 3 millones de éstos están registrados como demócratas. Sin embargo, se calcula que serán cerca de 700.000 quienes participan en las elecciones internas de este partido. El reto para los candidatos en estas últimas horas ha sido sacarles a votar. En 2009 sólo 330.000 finalmente lo hicieron, un mínimo histórico. Las primarias de septiembre de 2001 que tuvieron que ser aplazadas dos semanas debido al atentado de las Torres Gemelas contaron con 785.000 votantes.

Así que aunque los comicios generales a la alcaldía están previstos para el 5 de noviembre, a ojos de comentaristas y de la mayoría de los ciudadanos eso será un mero trámite porque la partida seria para ver quién gana el puesto de regidor se juega mañana. Si finalmente acuden a los urnas esos 700.000 votantes, es muy probable que el ganador sea elegido por una décima parte de los habitantes de esta ciudad. Nueva York es abrumadoramente demócrata y sin embargo lleva dos décadas bajo el mandato de republicanos, el último de los cuales, Bloomberg, pasó a ser independiente en su última tenencia.

La sombra de éste multimillonario sigue pesando en la ciudad de los rascacielos, y más allá de su legado, –que defiende con uñas y dientes especialmente ahora que el frente demócrata le recrimina al unísono haber olvidado a la clase media y los ciudadanos más desfavorecidos– la voz de Bloomberg ha tomado especial relevancia en la víspera de las primarias. Sus declaraciones a la revista New York Magazine tildando de racista al candidato Bill de Blasio, que actualmente ocupa el puesto de defensor del pueblo, han calentado el ambiente. Según el alcalde, el candidato mejor situado para sustituirle en el puesto ha aprovechado su entorno multirracial para arañar votos. “Es como si yo enfatizo que soy judío para atraer a los votantes judíos”, afirma en una entrevista en la que califica la campaña de Bill de Blasio de alimentar la guerra de clases. De Blasio, casado con una afroamericana, –declarada homosexual hasta que él la convenció para casarse– y padre de dos hijos, Dante y Chiara, ha mostrado a su familia en los vídeos de campaña, cuyo programa subraya la creciente desigualdad que separa a los ricos de los pobres en Nueva York como uno de los principales problemas que se deben solventar. Residente en Brooklyn, su perfil progresista, su firme postura contraria al cierre de hospitales y a los cacheos indiscriminados de la policía, ha despertado la simpatía de un buen número de demócratas, anónimos y famosos (las actrices Cynthia Nixon y Marisa Tomei así como Harry Delafonte han apoyado públicamente su campaña) que ven en este candidato el reflejo de la cara más amable e izquierdista de la ciudad. Su popularidad entra de alguna forma dentro de la categoría de empatía aspiracional: hay muchos electores que quieren parecerse a él o sienten que es uno de los suyos. La concentración de apoyo a su candidatura el domingo por la tarde frente al Borough Hall de Brooklyn con la que se cerró su campaña fue buena prueba de ello.

Para Christinne Quinn, actual portavoz del grupo demócrata en la alcaldía, su relación con la administración Bloomberg pesa como una losa. Permitió que el alcalde rebasara el límite de dos legislaturas y se presentara una tercera vez y esto no le ha sido perdonado por muchos demócratas. Su amplia experiencia en la administración y arena política de la ciudad, ofrecen un perfil de eficiencia y seriedad que sin embargo no logra superar la antipatía que su imagen inspira en muchos electores. Abiertamente homosexual, Quinn no ha logrado recabar el apoyo de este colectivo, y no han faltado las voces que sienten que lo suyo es un caso de discriminación sexista. “Ella es la única para nosotros”, clamaba la cantante dominicana Milly Quezada el domingo en el acto de cierre de campaña en Washington Heights, con el que Quinn apelaba al electorado femenino e hispano, dos colectivos por los que ha apostado con fuerza. En las filas de su campaña cuenta con algunos expertos que ayudaron a Bloomberg en las suyas, y en el despliegue previsto para estas últimas horas pretenden efectuar llamadas a un millón de casas y tocar a cerca de un millón y medio de puertas.

William Thompson, interventor de la ciudad, descendiente de inmigrantes caribeños cuyo padre fue un destacado demócrata, también ha apelado al electorado hispano, y ha logrado el apoyo del presidente del distrito del Bronx Ruben Diaz Jr. Pero este candidato, el único que repite en los comicios tras su derrota frente a Bloomberg en 2009, ha encontrado su base en el sindicato de maestros United Federation of Teachers que ha invertido cerca de 2.6 millones de dólares en su campaña, según The New York Times. El domingo cerró su campaña con un acto celebrado con las comunidades ortodoxas judías, otro poderoso colectivo en la ciudad.

Educación -con las controvertidas reformas que implantó la administración Bloomberg y sus sistemas de evaluación de las escuelas públicas- la sanidad, y el preocupante cierre de hospitales públicos en los distritos; las costosas infraestructuras que deben construirse para preparar a la ciudad ante huracanes y tormentas tipo Sandy (se estima que sólo la primera fase de las obras recomendadas costará 20.000 millones de dólares); y la negociación con los funcionarios de la ciudad, cuyos contratos están en un limbo burocrático (las subidas retroactivas que quieren aplicar ascenderían a 8.000 millones) pintan un duro horizonte para quién quiera que logre esos votos que están en disputa. Bloomberg mientras tanto parece tener claro que la solución pasa por atraer no sólo votos sino también capital: “¿No sería estupendo que todos los multimillonarios rusos se mudaran aquí?”, afirmó en la entrevista.