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ANÁLISIS

Rehncesión

El balance del activismo económico de la Comisión; recesión, un tercer rescate griego, deuda y paro es una verdadera calamidad

El final del verano nos trae noticias de la posible salida tanto de la eurozona como de toda la UE de la recesión económica. El modesto crecimiento en Alemania y Francia, el reequilibrio de la balanza comercial, alzas en los indicadores industriales y de confianza, además de los avances en consolidación fiscal de países como España y Grecia, son síntomas de una salida de crisis que nadie se atreve a anunciar en voz alta. Comprensible prudencia: otros indicadores negativos y preocupantes (el récord de paro, por ejemplo) y la fallida recuperación de 2010-11 están en la mente de todos. Olli Rehn, Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, afirma en su blog que la recuperación está al alcance, lo que ratificaría el acierto de la respuesta basada en la cultura de la estabilidad y las reformas estructurales.

El finlandés Rehn se ocupa de los asuntos económicos y monetarios en la Comisión Europea desde febrero de 2010, cuando la economía se estaba rehaciendo de la crisis financiera pero la prima de riesgo griega andaba disparada; el primer rescate a Grecia de Mayo de 2010 fue uno de los primeros dossieres que aterrizaron en su mesa. Con ese rescate empezó para la Comisión Europea una etapa de mayor implicación en los asuntos económicos de los Estados miembros; los sucesivos acuerdos institucionales aumentarían sus poderes hasta límites insospechables. Nacía también la Troika, el grupo de funcionarios de la Comisión, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional que dicta hasta un asombroso grado de detalle las políticas económicas de Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre. La batería de decisiones y rescates decididos por el Consejo Europeo e implementados con mano de hierro por la Troika y la Comisión Europea contribuyó, con la inestimable ayuda del BCE y su Presidente Draghi, a su objetivo principal: detener el ataque especulativo de los mercados. Fuera de este indudable logro, el balance de estos años de activismo sin precedentes de la Comisión en la política económica de la UE es una verdadera calamidad: la UE y la Eurozona entraron en recesión, Grecia se encamina hacia su tercer rescate, la deuda acumulada no deja de crecer y el paro alcanza cotas inauditas.

Los ciudadanos de la UE no pueden opinar donde de verdad cuenta: en las urnas

Los partidarios de lo que Olli Rehn llama la cultura de la estabilidad echan la culpa a años de endeudamiento, despilfarro y falta de reformas que deben purgarse con austeridad y reformas sin anestesia, toda vez que acusan a los Gobiernos de los países rescatados, o en la cuerda floja, por su falta de entusiasmo en aplicar su infalible receta. Sus detractores, a la cabeza de los cuales se situó el Nobel de Economía Paul Krugman, señalan que el curso económico emprendido en primavera de 2010 ha resultado en todo menos estabilidad en los países periféricos e impone un ajuste a un solo lado, el de los deudores, hundidos en una espiral descendiente por obra de políticas basadas en prejuicios ideológicos e incluso en cálculos que se han demostrado equivocados.

Los debates entre economistas de uno y otro signo pueden ser apasionantes, pero los ciudadanos no pueden hacerse demasiadas ilusiones al expresar su punto de vista donde de verdad cuenta: en las urnas. Tanto da que piensen que la recesión es la consecuencia inevitable de los errores anteriores que las actuales políticas están subsanando, como que las políticas adoptadas por la UE no sólo la han provocado sino que han concentrado sus efectos y los costes del ajuste para salir de ella en los más vulnerables, porque la posibilidad de usar su voto para premiar o castigar a esta política está complicada. Ni el Banco Central Europeo ni el Fondo Monetario Internacional se someten a elección. En el Consejo de la UE cada cuál responde a sus propios ciudadanos. Queda sólo la Comisión Europea, cuyo Presidente podremos elegir indirectamente por vez primera en 2014, al emitir el voto al Parlamento Europeo.

El mismo Olli Rehn, según dejó entender en agosto, estaría dispuesto a someterse a ese veredicto encabezando la candidatura de los liberales en las elecciones europeas del año próximo. Antes tendrá que sobreponerse a las ambiciones de los exprimeros ministros de Bélgica, Guy Verhofstad, y Dinamarca, Anders Fogh Rasmussen, y convencer a sus correligionarios liberales para apoyar a un Comisario asociado a la gestión de la peor crisis económica de la Europa unida. Tal vez Rehn se vea a sí mismo como salvador del Euro y maestro de la buena hacienda pública que ha disciplinado a los renuentes países del sur. Pero, para muchos, Olli Rehn es el defensor más tenaz e inflexible de las políticas que llevaron a la segunda recesión, una Rehncesión se hubiese podido evitar.