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El Ejército de Egipto descabeza a los Hermanos Musulmanes

Las fuerzas de seguridad egipcias detienen a Mohamed Badie, acusado de incitar el asesinato de ocho manifestantes el pasado mes de junio

Le sustituye de manera provisional Mohamed Ezat, según la televisión estatal egipcia

REUTERS-live

La policía egipcia le asestó este martes un golpe definitivo a la sociedad islámica de los Hermanos Musulmanes, arrestando de madrugada a quien desde 2010 ha sido su líder supremo, Mohamed Badie. De madrugada, los agentes de policía entraron en un edificio de viviendas cerca de la mezquita de Raba al Adauiya, donde hasta el miércoles habían acampado miles de islamistas que pedían la restitución del presidente Mohamed Morsi y su gobierno. Tras las cargas del miércoles pasado, los últimos líderes en libertad de la cofradía se habían refugiado en varios pisos francos. La prioridad de las fuerzas armadas era arrestar a Badie, para llevarle a juicio por incitación a la violencia junto a varios lugartenientes suyos.

La detención del líder supremo supone el descabezamiento efectivo de una organización que hasta hace siete semanas detentó casi todo el poder en Egipto, y que ahora regresa lentamente a la clandestinidad, mermada por un gran número de bajas en las cargas policiales de la pasada semana, en la que han muerto un millar de personas, y la detención de más de 3.000 de sus integrantes. La fiscalía, que le acusa de incitación a la violencia, había solicitado el arresto de Badie en julio, en principio por un enfrentamiento de islamistas con manifestantes contrarios a Morsi durante el asalto a la sede de la cofradía en El Cairo, durante el 30 de junio, jornada de manifestaciones multitudinarias que precedió al golpe de Estado del 3 de julio.

El juicio contra Badie y otros líderes de la hermandad arrancará, en principio, el 25 de agosto. Hasta la primera vista, el líder supremo permanecerá detenido en la prisión de Tora, donde se halla también el expresidente Hosni Mubarak, cuyo régimen cayó durante las manifestaciones prodemocráticas de 2011. Según el sistema sucesorio de la hermandad, a Badie le ha sustituido de forma temporal Mahmud Ezzat, uno de sus tres lugartenientes. Los otros dos, Jariat al Shater y Rashad al Bayumi, están bajo arresto también. “Ezzat es el único libre, así que la designación ha sido automática”, dijo este martes Tarek Morsi, un portavoz de la hermandad. “El Ejército no se atiene a la legalidad vigente. Ha dado muestras de que no respeta ya nada”.

Ezzat es un veterano de la hermandad. Pertenece a ella desde su adolescencia, cuando estaba prohibida en Egipto, y su militancia le ha llevado a prisión en numerosas ocasiones. Es un hombre que sabe cómo funcionar en la clandestinidad, y que ahora debe enfrentarse al cerco impuesto por los generales, artífices del golpe de Estado y tutores del gobierno interino que ha iniciado un proceso de reforma constitucional. Este martes, un comité encargado de revisar la carta magna envió sus propuestas al presidente interino, Adli Mansur. Según el borrador publicado por los medios nacionales egipcios, una de las provisiones es la de prohibir la formación de partidos políticos “sobre la base de fundaciones religiosas o discriminación en términos de género”.

Durante el año en que Morsi fue presidente sus detractores le acusaron de consultarle sus decisiones a Badie, que detentaba un poder y una influencia desmedidos para alguien no elegido en las urnas. La primera elección de la hermandad para las elecciones presidenciales había sido Al Shater, número dos de Badie. Su candidatura fue anulada por el ejército, lo que propició el ascenso de Morsi desde el anonimato. Creada en 1928, la cofradía había operado en la clandestinidad desde 1954. En marzo se registró finalmente como una organización sin ánimo de lucro. Para presentarse a las elecciones legislativas y presidenciales creó su propio partido, Libertad y Justicia, que opera de forma totalmente dependiente del guía y el consejo supremos.

Este martes, entre los rangos de la hermandad cundía la desazón, después de las cargas y matanzas militares y del arresto de casi toda su cúpula. Los dirigentes que quedan en libertad se han recluido en pisos francos, muchos cerca de la mezquita de Raba al Adauiya, donde habían acampado hasta el miércoles para exigir la liberación y restitución de Morsi, que se halla bajo detención militar. Las manifestaciones islamistas convocadas para esta semana o bien se han cancelado o bien han logrado reunir solo a unos pocos cientos de personas. El temor y el instinto de supervivencia y autoprotección guía de nuevo a los cófrades, que vuelven a operar como en los años de Mubarak, que mantuvo la prohibición de la sociedad.

“Si se busca la disolución de la hermandad será contraproducente empujarla a trabajar de forma subterránea de nuevo. Ahí es donde prospera y donde mejor sabe actuar”, opina Ibrahim Awad, profesor de política pública en la universidad Americana de El Cairo. “Contrarrestar a los Hermanos Musulmanes requiere que se les deje trabajar al aire libre. Se le puede descabezar, pero en el pasado, el ser ilegalizada no le impidió que extendiera su presencia en el país”, añade. Fue, de hecho, durante su año en el poder cuando la cofradía perdió más apoyos e hizo germinar un movimiento de oposición a su gobierno y, finalmente, a su propia existencia.

Ese movimiento lo lideró la campaña juvenil Tamarod (Rebélate), que no se conforma con arrestos. Este martes, ese grupo, que antes del golpe de Estado dijo haber recabado 22 millones de firmas pidiendo la marcha de Morsi, dijo en un comunicado que el arresto de Badie es “un paso importante en la lucha contra el terrorismo” y pidió “el desmantelamiento final de ese grupo terrorista”, en referencia a la hermandad. Tampoco tolera disidencias. Sus organizadores han criticado duramente al premio Nobel de la Paz, Mohamed el Baradei, por haber renunciado a la vicepresidencia de la nación tras la matanza de islamistas de hace una semana. Este martes, Sayyed Ateeq, un profesor de derecho en la universidad de Helwan, demandó al reputado político por “traicionar la confianza nacional”.

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