Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Grecia busca el mal menor

Mientras los griegos deciden entre la austeridad o la ruptura, la Unión se prepara para cualquier escenario y filtra planes de emergencia

Un hincha griego en Varsovia, donde se celebra la Eurocopa 2012.
Un hincha griego en Varsovia, donde se celebra la Eurocopa 2012. AFP

Hoy se celebra en Grecia el referéndum que acabó hace ocho meses con la carrera política del ex primer ministro Yorgos Papandreu. Cuando anunció que consultaría a los ciudadanos si deseaban continuar con la política de austeridad —o, en otras palabras, si preferían dar un portazo a Europa y a su moneda común—, la presión sobre el socialista arreció y se vio obligado a ceder el puesto al tecnócrata Lukas Papademos.

Ahora, con unas elecciones fallidas de por medio, los griegos tienen que responder a la misma pregunta: si se quedan con las fuerzas pro-establishment que defienden el rescate de la UE y el FMI o se inclinan por Syriza, un partido de izquierdas que pretende cuadrar el círculo de rechazar los recortes impuestos desde Bruselas y Berlín y, al mismo tiempo, continuar como miembro de pleno derecho del club del euro.

La expectación es máxima. Un 'no' al adelgazamiento forzoso de su ya muy deteriorado Estado de bienestar podría bastar para agotar la paciencia europea, que coquetea con la idea de dejar caer a su miembro más débil. No existen ni precedentes ni legislación que muestre el camino para una salida ordenada de la moneda común. Bruselas carece de mecanismos para expulsar a Grecia del euro, pero podría optar por la técnica del estrangulamiento: congelar los préstamos a un país que apenas cuenta con 2.000 millones en sus arcas hasta junio. Sí parece claro que la marcha del euro supondría también la salida de la UE.

Oficialmente, en Bruselas solo se maneja un escenario: Grecia seguirá en el euro. Pero por las grietas de los edificios oficiales de la capital europea se escapan otros discursos. Esta semana se filtró que los Gobiernos de la eurozona preparaban planes de emergencia por si la bomba nuclear finamente estallaba. Los líderes han barajado, entre otras, la idea de imponer límites a la retirada de dinero en los cajeros, al movimiento de capitales y a la circulación de personas “al menos” en Grecia. Incluso el Tratado de Schengen podría estar en peligro.

“No estamos al corriente de estos planes”, se limitó a responder la Comisión Europea. El Gobierno español ni desmintió ni confirmó la información. “Preferimos no comentar nada porque solo podemos salir perdiendo. Si hacemos planes de emergencia, se nos criticará porque damos por hecho que Grecia sale del euro. Si no, por ser unos irresponsables al no prever lo que pueda pasar”, se disculpan en el Consejo Europeo.

Europa contiene la respiración ante la partida de póker que los políticos jugarán a partir de hoy. A un lado, Grecia quiere aflojar el cinturón que amenaza con asfixiarla. Ya no es solo Alexis Tsipras, líder de Syriza, el partidario de renegociar. Su máximo rival, Andonis Samarás, del conservador Nueva Democracia, dijo esta semana que el rescate suave de España prueba que cuando sea primer ministro podrá arrancar mejores condiciones a Europa. Tsipras, por su parte, ha relajado su discurso en los últimos días.

Al otro lado de la mesa, en Bruselas, y sobre todo en Berlín, se mantienen inflexibles. “Las condiciones ya aprobadas no pueden cuestionarse. En esto somos muy claros”, apuntan fuentes del Gobierno de Angela Merkel, que admitirían “estímulos adicionales” si Atenas cumple. “La salida de Grecia erosionaría aún más la unión monetaria, pero ellos saldrían peor parados”, amenazaba esta semana Jens Weidmann, presidente del Bundesbank y abanderado de la línea más dura. “No podemos permitir que nos chantajeen con los riesgos del contagio”, añadía el responsable del banco central alemán. La duda es si este discurso se mantendrá invariable pase lo que pase en las elecciones o Alemania está jugando de farol con la esperanza de convencer a los griegos de que voten bien.

Piotr M. Kaczynski, del Centro de Estudios de Política Europea de Bruselas, se alinea con la política de mano dura. “Necesitamos un interlocutor que aclare si Grecia va a cumplir con sus obligaciones. Si la respuesta es que no, será la opción más cara para ellos y para la eurozona, pero habrá que respetarla. La otra posibilidad es emprender reformas muy profundas y sobre todo mostrar un plan duradero y creíble”, sostiene. Kaczynsky recuerda que en el último rescate ya se condonó la mitad de su deuda. “Veo muy difícil para ningún líder griego modificar las condiciones. Europa se opondrá”, concluye.

Nadie sabe con exactitud las consecuencias que tendría una ruptura del euro por abajo, pero el abanico de adjetivos que manejan los analistas va desde catastróficas hasta infernales. Un informe de Barclays señala que lo más probable es la permanencia, ya que los costes de un Greexit —neologismo que ha triunfado en la prensa anglosajona uniendo las palabras Greece (Grecia) y exit (salida)— serían demasiado altos tanto para Atenas como para la eurozona.

Una salida desordenada podría generar una huida masiva de depósitos, el desplome del sector bancario y un agravamiento de la larga recesión que acumula su economía. El FMI estima que el PIB griego, que desde 2008 ya ha caído un 16%, perdería otro 10% tan solo en el primer año. El banco HSBC, poco sospechoso de simpatizar con la izquierda radical, asegura que la austeridad ha provocado el hundimiento de la economía helena.

El principal riesgo para Europa sería el contagio no solo a los dos compañeros de rescate de Grecia (Irlanda y Portugal), sino a España y más tarde a Italia. “Se podría acordar un programa con ciertas concesiones por parte de la troika, como relajar el camino de consolidación fiscal y retrasar las reformas del sector público”, aconsejan los analistas de Barclays.

En otro de los muchos informes que proliferan estos días, el HSBC prevé cuatro escenarios: la victoria de las fuerzas protroika; una derrota de estos partidos, pero sin salida del euro; la salida del euro sin contagio; o un Greexit con contagio. En este último caso se agravaría la recesión en la eurozona y quedará en entredicho la sostenibilidad de países como Portugal, Irlanda, España e Italia. Tampoco es descartable que las urnas no den ningún vencedor claro, como ya pasó hace un mes, y que la indefinición se alargue hasta nadie sabe cuándo. Este es el pronóstico de Nikos Konstandaras, director adjunto del diario proeuropeo Kathimerini.“Lo único claro es que de estas elecciones no va a salir ningún Gobierno fuerte capaz de mantener a Grecia en la zona euro y reformar la economía”, sostiene.

 

España, ¿la próxima pieza del dominó?

El optimismo duró solo unas horas. Los mercados parecieron confiar en las bondades de la ayuda a la banca española anunciada el sábado anterior solo durante la mañana del lunes. A partir de ahí quedó claro que pocos inversores se fían de la deuda de España; y los que quedan exigen precios cada vez mayores. “Rajoy puede tratar de convencer a los líderes europeos. Pero no lo va a lograr con los bonistas de Londres, que ya han tomado una decisión. Vamos inevitablemente a la intervención total del Estado”, resume un alto funcionario de la Comisión.

No es una voz aislada. Así, 35 de los 59 economistas consultados por la agencia Reuters esta semana consideran “probable” o “muy probable” que España siga los pasos de Grecia, Irlanda y Portugal y se vea obligada a pedir ayuda internacional para escapar de la suspensión de pagos en un año. Hace dos meses, solo uno de cada cuatro expertos respondía lo mismo.

Pero, ¿qué ha pasado para que un plan presentado como la solución a la insolvencia de la banca española haya contribuido a disparar el interés del bono hasta el récord del 7% que rozó esta semana? Según The Economist el balón de oxígeno para el sector financiero no va a funcionar porque no soluciona uno de los grandes problemas (la preocupación de los inversores por el círculo vicioso de una economía en recesión, unos bancos que se tambalean y unas finanzas públicas muy deterioradas); y nada para resolver el segundo (la falta de confianza en la moneda única y el lugar de España en ella). “Es un parche, no una solución”, concluye la revista británica.

Y por si todo esto fuera poco, las elecciones griegas amenazan con echar un poco más de sal sobre la herida. “Lo que más me preocupa de una victoria de Syriza son las repercusiones: puede generar un pánico bancario, aumentar la presión sobre la deuda española y que el Tesoro se vea abocado a un rescate completo. Lo peor es que no parece que a Alemania le conmueva este escenario”, reflexiona José Ignacio Torreblanca, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

Los líderes de las mayores economías mundiales se verán las caras mañana lunes en Los Cabos (México). Con los datos de las elecciones griegas aún calientes, el presidente de EE UU, Barack Obama, apretará las tuercas a la canciller alemana, Angela Merkel, para arrancarle un mayor compromiso en la lucha contra la crisis europea.