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Italia apuesta por la excelencia en el diseño y la ingeniería

La Alta Escuela Politécnica, nacida en 2004, capta y eleva la formación de los mejores estudiantes de los ya prestigiosos Politécnicos de Milán y Turín

Maria Serena Ciaburri, estudiante del Politécnico de Torino
Maria Serena Ciaburri, estudiante del Politécnico de Torino REPORTERS

Existe una escuela en la que no basta con estudiar arquitectura, ingeniería y diseño. Los arquitectos, ingenieros y diseñadores tienen que trabajar después en una sociedad, y por eso deben conocer todos sus aspectos. Es un concepto de la formación que procede de Estados Unidos y que en Europa solo se aplica en una escuela, la Alta Escuela Politécnica, nacida en 2004 de la colaboración entre el Politécnico de Milán y el de Turín, las dos universidades técnicas más grandes y antiguas de Italia.

Este año, el curso comenzó con una ceremonia en la que el invitado de honor fue Banny Banerjee, de la Escuela de Diseño de Stanford, para hablar del design thinking, es decir, cómo tener en cuenta al mismo tiempo varios aspectos estratégicos de un problema —desde las ciencias del comportamiento hasta la sociología económica— que parecen tener una relación muy lejana con el diseño y, sin embargo, forman parte esencial de él si se quiere trabajar con la máxima calidad en estos sectores.

Cada año se admite solo a 150 estudiantes que deben cumplir unos requisitos especiales, porque lo que se les va a pedir no es nada normal. Durante dos años tienen que participar en una serie de cursos en paralelo al programa de máster. Los cursos se imparten en inglés y no siguen la fórmula clásica de las clases de una o dos horas en el aula, sino el modelo de plena inmersión durante siete días, con grupos de cinco o seis alumnos. En total son tres semanas, lo que equivale a 70 horas lectivas entre seminarios, conferencias y trabajo personal. Se llevan a cabo durante el segundo semestre —en general, en marzo, mayo y julio—. Las materias las proponen los profesores del Politécnico o se hacen en colaboración con empresas, entidades públicas e instituciones de investigación. La clave de todo es la innovación, lo cual significa que cada año los cursos cambian y cambian las personas a las que se invita a participar.

Cathrin Keipert, estudiante alemana del programa Erasmus en el Politecnico de Turín, Italia.
Cathrin Keipert, estudiante alemana del programa Erasmus en el Politecnico de Turín, Italia.

La selección de los participantes, por tanto, es muy rigurosa, basada en los títulos, sí, pero también en la motivación: se exigen un currículum muy bueno, una carta de motivación y un certificado que acredite los conocimientos de inglés.

De los Politécnicos de Milán y Turín en general proceden entre el 5% y el 10% de sus mejores alumnos, escogidos por sus conocimientos pero también por la pasión que sienten por su trabajo. Noventa tenían un título de máster por el Politécnico de Milán, los otros 60, por Turín. Seis de cada 10 habían obtenido el cum laude, pero todos los que llegan deben tener una media superior a 27 sobre 30. Después de comenzar, la tercera parte no consigue aguantar el ritmo y abandona. Los que continúan hasta el final reciben dos títulos, el de la universidad de origen y el de la Alta Escuela de Especialización.

Llegar al mercado de trabajo con una doble titulación es una garantía. Según un sondeo realizado hace tres años en una asociación de antiguos alumnos, todos trabajaban, uno de cada cuatro en el extranjero. El 20% encontró trabajo incluso antes de acabar la especialización, y los demás en el plazo de dos meses después de terminar.

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