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El agua seguirá siendo la clave para controlar Fukushima

Richard Haley, uno de los diseñadores de los reactores de la central japonesa, da algunas pistas para entender qué ha fallado y cómo solucionar los problemas más urgentes

El doctor Richard Lahey, reconocido internacionalmente en el ámbito de la tecnología nuclear, fue responsable de Investigación y Desarrollo de sistemas de seguridad en reactores nucleares -del tipo de agua en ebullición- en General Electric, la empresa que diseñó los reactores de la central accidentada de Fukushima. Lahey explica a EL PAÍS por correo electrónico qué ha ocurrido en Japón, y cómo el bombeo de agua en los reactores y las piscinas de residuos es fundamental para evitar que la situación siga deteriorándose. En todo caso, el peor escenario posible sería más parecido al accidente de Three Miles Island que al de Chernóbil, como indica, y cree que los altos niveles de contaminación radiactiva se limitarán al perímetro de la central.

Tepco, la empresa propietaria de Fukushima, ha hecho un buen trabajo, según Lahey. Pero de su capacidad para averiguar cómo se han producido los incendios de los días 14 y 16 de marzo en el reactor 4 -para evitarlos y aprender a sofocarlos con eficacia-, dependerá en gran medida que se evite una "emisión significativa de radiación a la atmósfera", como ha ocurrido en los últimos días. Lo que ha pasado con ese reactor es que las piscinas de residuos no se encuentran en los edificios de contención, sino encima del contenedor en el edificio de los reactores, lo que permite que la radiación se escape fácilmente al medio ambiente.

Como la comunidad científica en general, Lahey ha echado de menos información más precisa y detallada por parte de Japón para que los expertos nucleares del mundo puedan aportar su ayuda y posibles soluciones. En el caso de los incendios, el especialista cree que después del primero la empresa debería haber refrigerado y rellenado con agua la piscina de residuos. El hecho de que se produjese un segundo fuego parece demostrar que eso no se hizo. Este último, además, "ha resultado difícil de controlar por los altos niveles de radiación, y posiblemente la alta velocidad de subida del vapor e hidrógeno producido por el incendio retarda el flujo de agua a la piscina".

Lahey insiste, como todos los expertos, en que Fukushima no será un segundo Chernóbil. La clave es que el bombeo de agua y la refrigeración no se detengan, y que los edificios de contención mantengan íntegra su estructura. "Mientras los núcleos permanezcan sumergidos en agua, no debería haber una dispersión de residuos nucleares, y por lo tanto, no habrá emisiones radiactivas como hubo en Chernóbil", explica el profesor emérito del Instituto Politécnico Rensselaer, de EE UU. Esto, de momento, los japoneses lo han conseguido con la utilización de agua marina, que impedirá que incluso en el caso en que algún núcleo se derrita -como cree que podría llegar a pasar en el reactor 2-, y el combustible rompa la vasija de contención, este no haga reacción con el suelo de hormigón del pozo seco y, en consecuencia, no se produzca una gran emisión de gases radiactivos. "Solo se registrarán grandes cantidades de contaminación en el parque nuclear, e incluso así, serán en buena parte mitigadas mientras los contenedores y las vasijas de contención de los reactores se mantengan intactos, continúe la refrigeración del núcleo y los fondos de los pozos secos de los contenedores sigan teniendo agua", detalla Lahey.

Contaminación "delimitada"

Cuando habla del "parque nuclear" -que reconoce que estará "bastante contaminado"- se refiere a la zona dentro de los límites de la central nuclear donde están los seis reactores. "Esto significa una huella mucho más pequeña que toda la zona que se ha recomendado evacuar [30 kilómetros de diámetro alrededor de Fukushima]", remarca.

En cuanto a la radiación, coincide con la opinión de Robert Peter Gale, un investigador médico estadounidense que estuvo en Chernóbil después del desastre, citado por The Guardian, en que los altos niveles de yodo-131 y cesio-137 detectados en el mar cerca de la central son más preocupantes que las pequeñas cantidades de plutonio hallados en muestras de tierra.

En su opinión, es muy probable que este accidente acabe como el de Three Miles Island, es decir, que "los núcleos de la central terminen seriamente dañados y que esta termine prácticamente destruida". Incluso aunque se libere parte del núcleo del reactor solidificado después de haberse derretido (una especie de lava "controlable") -posibilidad que Lahey apunta para el reactor 2-, "la mayor parte de la radiactividad del núcleo se quedará en el perímetro de la central", reitera.

Con un cierto grado de optimismo, cree que se conseguirá estabilizar los reactores. Entre las muchas lecciones que habrá que aprender de Fukushima, subraya "la importancia de que se garantice una refrigeración fiable a largo plazo (y lo más pasiva posible) para los núcleos y las piscinas de combustible". "Estas son áreas de la tecnología de seguridad nuclear que deben ser mejoradas, y por suerte, pueden ser mejoradas", concluye el experto.

Mientras, Japón ha anunciado que intentará nuevas medidas de urgencia para estabilizar la central como rociar una resina soluble al agua sobre las ruinas de Fukushima, a través de un vehículo controlado a distancia, para fijar las sustancias radiactivas sobre los escombros y evitar que se liberen a la atmósfera.