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Obama dice que EE UU transferirá el mando militar "en días, no en semanas"

El presidente norteamericano subraya que su Gobierno no renuncia a la caída de Gadafi, pero la sitúa como un objetivo a más largo plazo

Barack Obama aseguró que Estados Unidos transferirá el mando de la operación militar en Libia "en días, no en semanas", pero no aclaró las dudas sobre quién asumirá después el mando, bajo qué condiciones y por cuánto tiempo, lo que mantiene una gran incertidumbre sobre una misión que avanza entre algunos síntomas de desconexión. El presidente norteamericano también advirtió que el propósito de este ataque a Libia no es el derrocamiento de Muamar el Gadafi.

"La política de Estados Unidos sigue siendo que Gadafi tiene que irse", afirmó Obama en Santiago en una conferencia de prensa conjunta con el presidente chileno, Sebastián Piñera, "pero la acción militar emprendida es específicamente para cumplir con el mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas". La resolución aprobada la semana pasada permite el uso de todo los medios necesarios para imponer una zona de exclusión aérea sobre Libia y para proteger la vida de los civiles.

Obama explicó que esta operación tiene varias fases. La primera es la destrucción de las defensas antiaéreas libias para permitir que los aviones de la coalición de voluntarios puedan patrullar en condiciones de seguridad. Una vez concluido esa fase, el mando de la misión, que actualmente recae en el general Carter Ham, jefe del comando africano de las fuerzas armadas de Estados Unidos (Africom), será transferido a la coalición.

Eso debería de ocurrir pronto, "en días, no en semanas", insistió Obama. Pero antes es necesario precisar a manos de quién quedará las responsabilidad de dirigir las operaciones. Obama dijo que "la OTAN debería estar involucrada" en esas próximas fases, pero no dijo que debe asumir el mando. En la OTAN no existe consenso para hacerlo. Turquía, uno de sus miembros más influyentes, se niega a que la organización participe en el ataque a Libia. Para complicar la situación, el ministro italiano de Relaciones Exteriores, Franco Frattini, advirtió ayer que retirará el permiso para el uso de las bases italianas si la OTAN, como tal, no asume el mando.

No es fácil que Italia pueda cumplir con esa amenaza, pero los aliados están tratando de buscar fórmulas que permita el uso de los recursos de la OTAN sin que nominalmente esta cargue con la responsabilidad de las operaciones militares. El ministro de Defensa norteamericano, Robert Gates, de visita en Rusia, dijo que esa fórmula híbrida sería la más conveniente.

Las dudas sobre el mando y sobre el tiempo en que mantendrá Estados Unidos es, en realidad, un ejemplo de otras dudas que rodean a esta misión, como las de su objetivo y su duración. Obama no quiso entrar ayer en detalles sobre estos temas y desvió la responsabilidades hacia los mandos militares, que son, dijo, quienes determinarán con más precisión los plazos. El Gobierno francés pronosticó que el ataque puede llevar bastante tiempo, pero tampoco concretó en qué diferentes circunstancias.

La Administración norteamericana ha advertido que, una vez que transfiera el mando a los aliados, su participación en la operación Odisea al Amanecer se limitará al apoyo logístico y a la aportación de material de inteligencia. Según han explicado funcionarios estadounidenses, Estados Unidos situará en la zona dispositivos tecnológicos para interrumpir las comunicaciones dentro de Libia y facilitará el material obtenido por sus medios de información y espionaje, pero los aviones norteamericanos no seguirán volando sobre Libia ni se dispararán más misiles de crucero sobre objetivos en territorio libio.

Un peligroso punto muerto

Según sostuvo Obama, la coalición no puede ir más allá de lo que permite la resolución de la ONU. Eso no significa, añadió, que su Gobierno renuncie a la caída de Gadafi, pero lo situó como un objetivo a más largo plazo. "Hemos puesto en marcha una serie de instrumentos para conseguirlo", dijo. Un portavoz del Departamento de Estado manifestó, de forma más clara, que la Administración "no ve, en el largo término, a Gadafi en el poder".

Mientras tanto, en unos días más, si no se producen novedades más esperanzadoras, se puede llegar a un peligroso punto muerto en el que Estados Unidos abandona el esfuerzo militar a un grupo de países mal coordinados, con un mando débil y sin voluntad de llegar hasta el final contra Gadafi.

Funcionarios norteamericanos confían en que, en lugar de ese escenario, se cree una situación en que los rebeldes libios sean capaces de reemprender su ofensiva con energía frente a unas fuerzas de Gadafi diezmadas y desmoralizadas por los bombardeos de la coalición.

Ambas posibilidades parecen hoy por hoy al 50% en un momento de enorme ansiedad sobre la marcha de los acontecimientos. Esta operación militar se aceleró por la presión de Gadafi sobre la ciudad de Bengasi, el último bastión rebelde, y ha conseguido al menos, como destacó Obama, rebajar esa presión y poner a Gadafi a la defensiva.