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Los cazas F-18 españoles comienzan a patrullar sobre Libia

La contribución a la zona de exclusión aérea cuesta 10 millones de euros.- Fuentes militares definen la misión como "de riesgo moderado".- Un submarino y una fragata "se han hecho a la mar para preposicionarse camino a la zona de operaciones", confirma Chacón

Militares españoles arman con misiles uno de los cazabombarderos F-18 desplegados en la base de Decimomannu (Cerdeña, Italia) para la misión en Libia.
Militares españoles arman con misiles uno de los cazabombarderos F-18 desplegados en la base de Decimomannu (Cerdeña, Italia) para la misión en Libia. MARIO ROSAS (AFP)

Dos cazas españoles F-18 realizaron ayer por la mañana el primer vuelo de vigilancia para evitar la violación de la zona de exclusión aérea libia, delimitada por la coalición internacional. Los dos aviones dejaron al mediodía su base al sur de Cerdeña, acompañados por un Boeing 707 de abastecimiento, y según confirmó la ministra de Defensa, Carme Chacón, regresaron a la isla italiana "sin novedad". En la base de Decimomannu permanecieron otros dos cazas que aún no han participado en la "patrulla aérea de combate".

Según fuentes militares, las operaciones de los cazas españoles no están exentas de riesgos debido a que no se han destruido totalmente las defensas antiaéreas de los partidarios de Gadafi. Se trataría, según las mismas fuentes, de una misión de "riesgo moderado".

La ministra, que asistió en San Fernando (Cádiz) a la botadura del Buque de Acción Marítima Tornado, el cuarto de la serie inicial de cuatro construidos para la Armada Española, confirmó que el submarino S-74 Tramontana, con base en Cartagena, y la fragata F-100 Méndez Núñez "han zarpado para preposicionarse camino a la zona de operaciones". Chacón explicó que las bases de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) "reciben medios que se preposicionan para acudir a la zona".

La primera misión de patrulla sobre suelo libio se produjo la víspera de que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero comparezca ante el pleno del Congreso para pedir su ratificación a posteriori. Según el texto que se someterá hoy a votación, la duración de las operaciones de la zona de exclusión aérea -en la que participan los cuatro F-18 y el B-707- será de un mes prorrogable; y la del embargo naval -que controlarán una fragata, un submarino y un avión de patrulla marítima CN-235- de tres meses, también prorrogables.

Fuentes militares indicaron que un mes es tiempo suficiente para asegurar el control del espacio aéreo libio y que una eventual prórroga, a partir del 22 de abril, sería probablemente corta, los días necesarios para replegar el contingente. Un factor que considerar es el alto coste de este dispositivo aéreo: unos 10 millones de euros al mes.

Los cuatro cazabombarderos, que el domingo llegaron a Cerdeña, deben garantizan que ninguna aeronave hostil invada el espacio aéreo libio. Para ello, han sido armados con misiles aire-aire y tienen autorización para abrir fuego si se topan con dificultades en sus misiones de patrulla aérea.

Los F-18 y el avión de reabastecimiento en vuelo están bajo el mando del general al mando de la operación internacional, Carter F. Ham, según informó el domgino en rueda de prensa el jefe de Mando de Operaciones (CMOPS), teniente general Jaime Domínguez Buj, después de un reunión en el Estado Mayor de la Defensa, presidida por la ministra, Carme Chacón, para analizar el desarrollo del despliegue de las Fuerzas Armadas en la misión internacional de Libia.

Buj explicó también que la fragata Méndez Núñez zarpó desde Ferrol con destino Rota para "preposicionarse". El objetivo del buque de guerra, uno de los más modernos con los que cuenta la Armada, es llegar a la zona de operaciones en el menor tiempo posible, una vez que se apruebe la misión de embargo de armas que también establece la resolución de la ONU.

Entre las 17.30 y las 18.30 de la tarde del sábado despegaron de la base de Torrrejón de Ardoz (Madrid) los cuatro cazas y el avión cisterna con rumbo a la base de Decimomannu, al sur de Cerdeña. Su destino inicial era Trapani, al oeste de Sicilia, pero el creciente overbooking en las bases del sur de Italia por la llegada de aviones obligó a buscar un nuevo alojamiento más lejano al teatro de operaciones. Y ni siquiera es seguro que sea el definitivo.

El domingo los F-18 ya estaban listos para participar en las operaciones de la coalición internacional encargada de imponer la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU al régimen de Gadafi. En principio, los cazas españoles realizarán misiones de patrulla aérea, por lo que serán los encargados de derribar cualquier avión o helicóptero que viole la prohibición de volar sobre Libia.

Para ello, volarán equipados con misiles aire-aire de medio alcance AMRAAM y de corto alcance Sidewinder, según fuentes militares. Aunque los F-18 españoles también están capacitados para ello, no se encargarán de momento de la destrucción de los radares y defensas aéreas libias ni de los ataques contra objetivos en tierra (fijos o móviles). El destacamento incluye la Escuadrilla de Apoyo al Despliegue Aéreo. En los próximos días se unirá un avión de vigilancia marítima CN-235 de fabricación española.

Este último, sin embargo, no se dedicará a vigilar el espacio aéreo libio, sino a apoyar el bloqueo con el que se quiere impedir la llegada de armamentos y mercenarios al régimen de Trípoli por vía marítima. Una operación que está planeando la OTAN, que el domingo reunió al Comité Militar y al Consejo Atlántico. Aunque el embargo lleva varias semanas en vigor, la resolución del pasado jueves del Consejo de Seguridad de la ONU permite abordar buques sospechosos en aguas internacionales.

La aportación española a este dispositivo incluye igualmente la fragata F-104 Méndez Núñez y el submarino S-74 Tramontana. Las fragatas de la clase F-100 figuran entre las más modernas del mundo y están equipadas con el sistema de combate Aegis, cuyo radar SPY-1D es capaz de controlar por si solo el espacio aéreo de toda la costa libia. La Méndez Núñez intervino en la liberación en noviembre de 2009 del pesquero Alakrana, secuestrado durante 47 días por piratas somalíes, y ha trabajado con grupos de combate estadounidenses y británicos. Mucho más veterano es el Tramontana, un submarino de la clase S-70 con 26 años de antigüedad que participó en 2002 en la recuperación del islote de Perejil.

En total, la aportación española a la misión en Libia suma casi 500 militares, según fuentes de Defensa, de los que unos 150 pertenecen al Ejército del Aire y el resto a la Armada.