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Reportaje:

La gratitud de los refugiados

Cuauhtémoc Cárdenas encabeza en Madrid un homenaje póstumo a la ex primera dama Amalia Solórzano, figura clave del exilio español en México

Un jueves de junio de 1937, el barco Mexique, de bandera francesa, llegó al puerto de Veracruz (México). A bordo viajaban 456 niños españoles, hijos o huérfanos de combatientes republicanos. El presidente, Lázaro Cárdenas, y su esposa, Amalia Solórzano, esperaban en la Ciudad de México a los pequeños exiliados. "Los primeros de aquellos que llegarían por el mismo camino", recordó el lunes su hijo Cuauhtémoc Cárdenas, en el homenaje póstumo a doña Amalia (como es conocida en México), fallecida el 15 de diciembre del año pasado a los 97 años.

El recuerdo de la mujer que a los 25 años encabezó la recepción de los más de 20.000 exiliados españoles de la Guerra Civil (1936-1939) protagonizó el acto realizado el lunes en el Ateneo de Madrid. "El nombre de Amalia no puede separarse del de Lázaro, ya estuvieran materialmente juntos o momentáneamente en lugares distintos. Actuaron siempre como uno solo, moviéndose en el mismo sentido, por los mismos ideales", aseguró Cárdenas, fundador del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) y tres veces candidato a la presidencia de México. Explicó que gracias al exilio "surgieron amistades y se crearon amplios círculos que aún hoy continúan" y subrayó la contribución de los refugiados al futuro de su nuevo hogar.

"Para Amalia, España fue siempre inseparable de la República", prosiguió Cárdenas, "Por ello me es muy grato que este acto se celebre en el Ateneo, donde se entrelazan los nombres de Amalia Solórzano, Lázaro Cárdenas y [el presidente español] Manuel Azaña", afirmó ante un auditorio lleno, donde se asomaron el rojo, el amarillo y el morado, los colores de la bandera republicana.

En el homenaje participó también el presidente del Consejo Consultivo de Michoacán (oeste de México), Alfonso Álvarez Miaja, descendiente del exilio español en México y nieto del general republicano José Miaja Menant, quien agradeció la protección de México a los exiliados.

"A doña Amalia nunca le gustó el tratamiento servil y adulador de primera dama. Fue una mujer eficaz en su labor que estuvo siempre al lado del presidente, y cuando éste murió, sus esfuerzos con los desfavorecidos continuaron", afirmó.

Nueva etapa en las relaciones entre México y España

Miaja aseguró que "si el legado de Cárdenas sigue vivo es gracias a la labor de Amalia, de sus hijos y sus nietos. Si existe la democracia en México, es gracias a ellos", y explicó que gracias a la Ley de Memoria Histórica "se abre una nueva etapa en las relaciones entre México y España. Muchos optarán a la nacionalidad, no para vivir en España, sino para honrar así la memoria de su pasado y su presente", añadió.

Por su parte, el arquitecto español Jerónimo Andreu, amigo de la familia Cárdenas, destacó la "extraordinaria lucidez" que Solórzano mantuvo hasta el final. "Era una mujer anclada en el presente más que en el pasado. Opinaba sobre lo que ocurría en México con una tendencia a la acción", relató.

La escritora Fanny Rubio relató una anécdota que la fallecida ex primera dama le contó en uno de sus encuentros. "Me contó cómo una vez sobrevoló el colegio donde estaban los niños un avión comercial, y cómo ellos, por instinto, se arrojaron al suelo para protegerse. Esto le hizo tomar conciencia del drama que vivieron, y supo que tenía que ayudarlos", dijo. Por otro lado, el embajador de México en España, Jorge Zermeño, destacó el cariño entre los dos países, "patente cuando se menciona el apellido Cárdenas".

Al concluir el acto, un grupo de asistentes se reunió en torno a Cárdenas. La mayoría pintaba canas y algunas arrugas. El hijo del presidente que guardó lealtad a la Segunda República Española hasta el último momento recibió abrazos y palabras de agradecimiento. Testimonios de quienes no han olvidado la acogida que les ofreció un país extraño. Una historia que comenzó una mañana de verano, en un puerto del golfo de México.