Souleymane Bachir Diagne: “La pandemia ha hecho reaparecer el ‘afropesimismo”

Referente mundial de los estudios poscoloniales, este intelectual senegalés apuesta por el ‘ubuntu’, un “humanismo de reciprocidad”, para enfrentar la crisis

El filósofo Souleymane Bachir Diagne en Nueva York, el pasado 2 de julio.
El filósofo Souleymane Bachir Diagne en Nueva York, el pasado 2 de julio.Eduardo Munoz (Eduardo Muñoz)

Souleymane Bachir Diagne nació en 1955 en Saint-Louis, Senegal, tan solo unos meses después de que la conferencia de Bandung sellara oficialmente el advenimiento de un mundo plural y descolonizado. Europa ya no era el centro del mundo y el resto, su periferia. Ver más que una coincidencia en este hecho es tentador al tratarse de uno de los mayores referentes mundiales de los estudios poscoloniales. Filósofo ecléctico (estudia desde matemáticas al islam o África) afincado en Nueva York, donde dirige el Instituto de Estudios Africanos de la Universidad de Columbia, fue el primer senegalés admitido en la prestigiosa École Normale Supérieure, donde se formó bajo la tutela de dos referentes de la filosofía contemporánea, Louis Althusser y Jacques Derrida.

Heredero de la filosofía de Henri Bergson, que incorporó a su trabajo académico, Diagne está convencido de que los contrarios pueden coexistir y sobre todo, se valen entre sí. De la misma manera que no hay un arte superior a otro, o un idioma más propenso a expresar la racionalidad que otro, tampoco existe un único y solo concepto de lo universal que prevalezca o sea más legítimo. Hoy ve con preocupación las críticas a los estudios poscoloniales, en particular en Francia, donde las protestas raciales cuestionan el relato nacional. Tras participar en el debate virtual Pensar el mundo desde África, del CCCB de Barcelona, reflexiona por videoconferencia desde su apartamento con vista al río Hudson sobre la necesidad de descolonizar los imaginarios y avanzar, juntos, hacia una humanidad común.

PREGUNTA. Han pasado cuatro meses del primer caso de covid-19 en África y aunque los últimos datos muestran la aceleración de la expansión del virus, los escenarios catastróficos que evocaban los expertos no se han cumplido.

RESPUESTA. Hemos seguido una lógica habitual cuando se trata de África: la del catastrofismo. Creíamos que habíamos salido del afropesimismo porque en los últimos años el continente se encontraba bastante bien económicamente, se hablaba de altas tasas de crecimiento... Con la covid los viejos reflejos reaparecieron. Con todo, sufrir epidemias y otro tipo de desastres naturales crea resiliencia. No podemos predecir cómo evolucionará la pandemia en los próximos meses, pero por ahora África está resistiendo.

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P. Se señalan como factores la juventud de la población, la reducida movilidad interna entre países, la reacción rápida de los Gobiernos...

R. Existe un liderazgo africano que la retórica catastrofista tampoco ha tenido en cuenta. Desgraciadamente los países del norte no conocen a África ni ven los avances que el continente ha realizado en los últimos decenios.

P. Usted ha firmado, junto a otros 50 intelectuales africanos, una tribuna en la que insta al continente a aprovechar “la solidaridad que lleva en los genes” para combatir la pandemia.

R. África tiene recursos y estos no solo son el número de respiradores o camas de hospital disponibles. Apelar a la solidaridad —por ejemplo, pidiendo que se use mascarilla para proteger a los más vulnerables— resuena particularmente en una tradición de humanismo que yo llamo un humanismo de reciprocidad. La idea de que uno construye su humanidad en reciprocidad con el otro. Es el significado de una palabra de las lenguas bantúes del sur de África, popularizada por Nelson Mandela y Desmond Tutu: ubuntu.

P. En la tribuna señala que la crisis ofrece a África la oportunidad de inventar y proponer al mundo un modelo de desarrollo alternativo...

R. Necesitamos alejarnos de la euforia de la emergencia para poder ver que el modelo que hemos seguido ha socavado nuestros sistemas de salud. En África, las consecuencias económicas de la crisis serán muy graves. Tras la pandemia, los africanos debemos ser los primeros en decir que el modelo de desarrollo neoliberal no funciona. Y tendremos que decirlo dentro de la solidaridad. Lo que este virus nos ha mostrado es que somos un solo país, y tenemos que comportarnos como tal.

P. Teniendo en cuenta la relación que los africanos tienen con sus mayores, ¿cuál ha sido su reacción al ver la hecatombe en las residencias del viejo continente?

R. La muerte de tantas personas mayores en la soledad más absoluta, abandonadas por la sociedad, ha sido para mí la cara más horrible e inhumana de esta crisis. Escucho hablar de la inmunidad colectiva, que personalmente traduzco como: podemos dejar que nuestros ancianos mueran. Sigo horrorizado por lo sucedido.

P. ¿Es el ser humano capaz de concebirse como ubuntu?

R. Soy optimista. Creo que la idea de que todos vivimos en la misma casa, y que la casa es frágil, va a abrirse camino y llevará a esta visión de una sola humanidad. No es pura coincidencia que las recientes elecciones municipales francesas dieran ese impulso a la ecología. Esta lucha continuará y se verá alentada y acelerada por esta crisis.

P. ¿No volveremos al mundo de antes, entonces?

R. Imposible. El multilateralismo, que es también una de las formas que debe adoptar esta humanidad común, avanzará, en particular en el ámbito vital de la salud. Europa ha comprendido que en la búsqueda de soluciones a las grandes crisis que afectan a la humanidad no hay países pequeños.

Europa no quiere darse cuenta de que se encuentra en una situación poscolonial, a la par de las antiguas colonias

P. ¿Debe Europa descolonizar su concepto de universalismo?

R. Exactamente. Un ejemplo: el relato que Europa solía tener de sí misma está siendo cuestionado a través de la destrucción de estatuas. Hasta ahora había logrado disimular su rostro menos compatible con los valores universales que siempre preconizó. Le toca descentrar esa narración y empezar a ver cómo ese relato es percibido por los demás. Una lección muy difícil de aprender cuando uno está convencido de su propio universalismo.

P. El rey de Bélgica ha tenido que reconocer por primera vez “los actos de violencia y de crueldad” cometidos durante la colonización. ¿Los Estados se verán obligados a enfrontarse a su pasado colonial?

R. Sí lo creo. Los que se supone que han sido descubiertos también están escribiendo la historia y exigiendo que se restablezca la verdad histórica. No se trata simplemente de una disposición psicológica particular para pedir perdón, sino del reconocimiento científico de una verdad. El gran problema es que Europa no quiere darse cuenta de que está en una situación poscolonial a la par de las antiguas colonias.

P. La muerte de George Floyd ha provocado un movimiento de protesta internacional y reabierto el debate sobre el pasado colonial, con una resonancia particular entre las minorías visibles del viejo continente. ¿Por qué justo ahora?

R. Me pregunto si algo ya estaba maduro en la sociedad. Y tal vez no sea una coincidencia que haya sucedido en una época de pandemia, cuando el sentimiento de vulnerabilidad —y para muchos, el de vivir en un sistema injusto— estaban exacerbados. La indignación que provocó su asesinato atravesó el mundo entero al defender algo tan universal como la vida humana. En el lema “Black Lives Matter (las vidas negras importan), la palabra lives (vidas) debe ser enfatizada.

P. ¿Cómo cambiar las mentalidades donde el racismo es sistémico?

R. La juventud decidirá. Las protestas internacionales contra la muerte de George Floyd han demostrado que hay una juventud que está totalmente preparada para marcar la diferencia. Estos jóvenes no eran todos negros altos con rastas, sino a menudo rubias con ojos azules. Podemos ver una especie de alternancia generacional tomando forma en esta juventud que por otro lado está dando un impulso importante a los estudios poscoloniales porque parte de ella siente que corresponde filosóficamente al momento que está viviendo. Los discursos defensivos o de censura, al fin y al cabo, no podrán hacer nada contra esta evolución que es a la vez democrática y demográfica.

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Sobre la firma

Carla Mascia

Es editora en la sección de Opinión, donde se encarga de los contenidos digitales. Es licenciada en Estudios Europeos y en Ciencias Políticas por la Sorbona y cursó el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Antes de llegar a El PAÍS trabajó como asesora en comunicación política en Francia.

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