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Comer smashburgers, escuchar a Quevedo o seguir a Ceciarmy: ¿qué es exactamente ‘ser charca’?

Lo que en otros tiempos se llamó “normie” o simplemente “cutre” tiene hoy otra nomenclatura que da un giro a aquellos términos porque sustituye la mirada de desdén por ironía

Es probable que este artículo pase de moda mientras lo está leyendo. Posiblemente ya se haya vuelto cutre. Otra manera de decirlo: forma parte de la charca, es una charcada, se ha charquificado. Es, en definitiva, un eslabón más del charcaverso. Hace tiempo que este inagotable campo léxico reina en internet. Así se define a las películas, música y restaurantes que se viralizan sin mesura y, sobre todo, a aquellos que convierten el seguimiento de cada una de estas microtendencias en su estilo de vida. Tratar de encontrar una definición clara es una misión imposible y la única manera de acercarse a ella es a través de los ejemplos.

“Salir en un artículo de EL PAÍS es especialmente charca”, explican con ironía desde el perfil de Literal247. Lo que empezó como una newsletter de la actualidad digital de la agencia audiovisual Game TV se convirtió en una cuenta de Instagram dedicada por completo a este microuniverso. Con sonidos estridentes y un montaje alucinado, sus vídeos se han convertido para muchos en los jueces de lo que es y no es charca. Algo así como las 58 notas que en su día utilizó la pensadora Susan Sontag para describir el concepto de lo camp, pero al más puro estilo brainrot (la palabra del año para la Universidad de Oxford en 2024), en formato reels y para la generación Z. Les pedimos, por tanto, que nos den algunos ejemplos.

Lo primero que conviene distinguir es la charca antigua y la charca moderna. El límite entre las dos podría ser la irrupción del propio término en internet. De la charca antigua escogen como ejemplos: “La Tagliatella, ser fan de las pelis de Torrente sin ironía, Leiva, Ivan Ferreiro, El club de la lucha, ir a ver las campanadas a Sol y La que se avecina”. Y de la moderna: “Las llaves ácidas, las smashburger, Ceciarmy, Quevedo, Duki, Interestellar y seguir a cuentas con muchos seguidores solo porque tienen muchos seguidores”.

Pero, ¿cuándo nació el propio término en sí? Ya en 1902 lo utilizaba Vladimir Lenin en su panfleto ¿Qué hacer? para referirse a aquellos que traicionaban sus principios y huían del partido revolucionario. Pero, aunque el término haya resurgido ahora también en política para definir a los votantes que siguen sin espíritu crítico las proclamas de cualquier partido, el origen de la acepción actual es bastante más mundano y literal.


“Se origina en Twitter, a finales de 2023, con un chico hablando de lo cutre que era la gente de su pueblo bañándose en una charca en vez de ir a la playa. Por lo que se empezó a emplear el término para definir a la gente que hacía, digamos, cutreces. Con el tiempo esto se empezó a usar como un insulto, y a crear un paradigma social donde se diferencia lo cutre de lo no cutre”, explican desde Literal247. Desde entonces, la palabra ha recorrido un largo camino para acabar utilizándose como arma arrojadiza contra aquellos que disfrutan de las modas sin mayor reflexión. Es decir, el gran público, la gente normal, la masa. De alguna manera u otra, todos formamos parte de él. Todos tenemos reservada una parcelita de la charca.

En un artículo publicado en ICON hace un año ya se explicaba que la obstinación con señalar al hombre común, normie, NPC, nombres que se utilizaban entonces para señalar el mismo concepto de la charca, corría el riesgo de caer en el clasismo al no tener en cuenta el sistema y las estructuras que lo presionaban a actuar y consumir de una determinada manera. En Literal247, en cambio, reniegan de que el término pueda esconder una cuestión de clase y reivindican, sobre todo, su potencial cómico para repasar la actualidad digital. Aplicándoselo, antes que a nadie, a sí mismos. Al hacerse conocidos, ellos también se han charquificado. “Definitivamente la fama es charca”, admiten. “Hay que saber reírse de uno mismo”.

Sobre todo, en un sistema hiperacelerado como las redes en el que todo puede pasar de moda en cuestión de segundos. Entre sus seguidores, confiesan, están muchos de los personajes que ellos califican como charca, pero también comentan los vídeos y acaban entendiendo el chiste. Ante todo es la opinión de cada uno lo que charquifica o no algo y esa ambigüedad explica el éxito del meme: “Son cosas que pueden variar según el contexto de cada uno. Quizás para nosotros es cutre que alguien se gaste ocho euros en un café del Starbucks, pero para el que se lo gasta es cutre que yo me conforme con un café de un euro del Bar Paco. Esto último es lo que ha mantenido vivo este meme frente a otros: la dualidad de cutre y no cutre crea también la dicotomía de lo normie contra lo alternativo, o el mainstream con el underground, cosas que siempre han existido, y son casi intrínsecas a internet”.

Más que un producto en sí, la charca atiende a la intención con la que se consume. “Realmente da igual que consumas algo que esté más o menos charquificado, lo importante es que lo hagas porque realmente te gusta y no porque quieras seguir la moda y entrar en la rueda del postureo donde subes una historia con un Labubu matcha chocolate dubai cuando no te gusta el té matcha y eres intolerante a la lactosa”, zanjan. El lector es, por tanto, el único juez válido para decidir si este artículo acaba o no chapoteando en su charca particular.

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