Belle & Sebastian: “Mi maestra budista opina que las canciones pop son ridículas. Quizá tenga razón”

Los escoceses Belle & Sebastian llevan 25 años relatando en canciones las pequeñas cosas de la vida. Amores, desamores, victorias y derrotas. Por eso cada disco que publican es una buena noticia. El nuevo, “A Bit of Previous”, también

Stuart Murdoch y Sarah Martin, de Belle and Sebastian. Seguramente sus madres les reprocharán que hayan pisado las sábanas para esta foto.
Stuart Murdoch y Sarah Martin, de Belle and Sebastian. Seguramente sus madres les reprocharán que hayan pisado las sábanas para esta foto.Edy Pérez

Stuart Murdoch (East Renfrewshire, 53 años) y Sarah Martin (Lancashire, 48) son compañeros de trabajo y residentes en Glasgow. Forman junto con otros cinco integrantes la veterana banda de indie pop escocesa Belle and Sebastian. Murdoch, cantante y letrista, y Martin, violinista y también compositora, están en Madrid y están contentos. En general, porque publican su décimo disco, A Bit of Previous, (Matador Records), y porque vuelven a girar: en España tocarán en Vida Festival, en Barcelona, el 1 de julio y en las Noches del Botánico de Madrid el 2. Además, lo harán en otra decena de países.

Pero en particular están contentos porque les ha dado el sol y porque la noche antes encontraron, por casualidad, una taquería muy buena cerca de donde se están quedando; todo lo que cabe esperar de España. Contestan sentados en la cama a medio hacer de la habitación de un hotel de la Gran Vía. Piden con la característica educación británica cerrar la ventana para que ningún ruido se cuele en la grabación. En persona resultan tan adorables, y en ocasiones socarrones, como en sus canciones.

”Lo único que hice la última vez que vine a Madrid fue ir a un centro budista. No entendía nada porque era en español, pero me sirvió para relajarme”, explica Murdoch. “Mi maestra budista opina que las canciones pop son algo ridículo, que la gente que las canta son locos que viven engañados. Puede que tenga razón porque la gente sabe qué es lo que debe hacer, pero seguimos comportándonos de forma humana y cometiendo los mismos errores”, filosofa. Y, tras una pausa añade: “Creo que no sabe a lo que me dedico”. Cuenta que hay veces, cuando está meditando, que le viene una melodía a la cabeza, agarra el teléfono y la graba, y vuelve a no pensar en nada.

Stuart Murdoch y Sarah Martin creen que ser escocés significa, simplemente, "vivir en Escocia".
Stuart Murdoch y Sarah Martin creen que ser escocés significa, simplemente, "vivir en Escocia".Edy Pérez

Tras consumarse el Brexit en 2017, se está gestando un segundo referéndum de independencia en Escocia: el 55% de los escoceses eligió permanecer en el Reino Unido en 2014. “El Brexit se llevó a cabo: que si no nos fiamos de los franceses, que si no nos gustan los italianos, que si no nos caen bien los españoles... Entonces Rusia invade Ucrania y de repente se sienten estúpidos por lo que hicieron. Son estúpidos”, añade Murdoch. ¿Qué significa ser escocés en 2022? “Vivir en Escocia”, afirma rotunda Sarah Martin, asentada en Glasgow desde los tiempos de la universidad. Murdoch, de 53 años, señala otro aspecto distinto: “Estar pendiente de qué rivales le podrían tocar a Escocia en el Mundial de Qatar. No soy nacionalista pero siento orgullo cuando veo a mi país en el sorteo”. El cantante cambia el tono: “El Gobierno de Londres no representa Escocia, y no digo solo a la nación sino a gente como nosotros, o a los muchos que viven en Inglaterra. ¿Qué es eso de que gente que tiene poco dinero vote a gente que tiene mucho dinero?”.

Y añade: “Nos sentimos muy cerca de Europa. Bueno, es importante centrarse en las cosas buenas. Ser optimista”, templa al darse cuenta de que se estaba encendiendo. “Tenemos mucho trabajo por delante para aprender las nuevas canciones. Encima me hice daño en el hombro el otro día. Ahora no puedo tocar la guitarra”, revela. “Ostrás, igual por decir esto vendemos la mitad de entradas que se iban a vender de nuestros conciertos”, añade entre risas.

Belle and Sebastian nacieron en los años noventa en el Stow College, en un curso para estudiantes que querían dedicarse a la música. Este instituto –hoy integrado en el Glasgow Kelvin College– cuenta con un sello propio, Electric Honey, que publicó el primer largo de la banda (Tigermilk, 1996) y que cada año incorpora un nuevo artista a su catálogo. Funciona como una disquera convencional pero está codirigida por estudiantes de un curso sobre dirección en la industria musical.

En Glasgow tiene el reconocimiento que corresponde a un sello que lleva 30 años en el negocio y en el que Snow Patrol y Biffy Clyro publicaron en sus inicios.Quizás por haber empezado allí, el septeto liderado por Murdoch forma parte de la primera generación de grupos escoceses que no se trasladaron a la capital de Inglaterra para hacer carrera. Algo que hasta entonces parecía obli- gado. “The Jesus and Mary Chain y Primal Scream se mudaron a Londres en los ochenta”, recuerda Murdoch. Sus coetáneos Mogwai se quedaron, igual que Franz Ferdinand, nacidos ya en los dosmiles. Su último álbum, publicado el pasado 6 de mayo, fue grabado en Glasgow: un trabajo, el primero en siete años, que ellos mismos se esfuerzan en distanciar de sus grabaciones míticas (Murdoch avisó en Twitter: “No podemos haceros volver a aquellos días y a como os sentíais. Tomaos una copa. Escuchad una canción, posiblemente la 5. Suficiente por hoy”).

Pero también sirve para alimentar a esos mismos fans, deseosos de escuchar cualquier publicación de este septeto que te hace llorar con una sonrisa, que celebra ser un iluso sin que ello quiera decir comportarse como un idiota. Que habla de cosas que no se pueden conseguir o no siempre o no gratis o no sin consecuencias. “Los personajes que aparecen en las letras de los primeros discos son inventados, fruto de observar a gente cualquiera en las cafeterías e imaginar su vida”, explica Murdoch. “Los de ahora son gente real, amigos, personas cercanas, incluso seguidores nuestros. Talk To Me, Talk To Me trata sobre un fan que se puso en contacto conmigo, igual que Unnecessary Drama [dos cortes del nuevo disco]”, cuenta este padre de dos niños pequeños, quien desde los 20 años sufre el síndrome de fatiga crónica.

“Me convertí en una persona mayor de repente. No podía hacer nada. Dar un concierto era un milagro. Los días previos a tocar siempre he tenido que andar con cuidado, comportarme como alguien aburrido”, explica. Sus canciones han aparecido en series y en películas. En Alta Fidelidad (2000) suena un fragmento de un tema suyo en Championship Vinyl, la tienda de discos en la que transcurre parte de la historia. “Una vez que la música se ha publicado, que hagan con ella lo que quieran. Es divertido que la usen los niños”, dice Murdoch, al que sus hijos no le dejan cantar en casa. “Sobre todo el más pequeño. Odia la música. Al mayor solo le gusta una canción, Believer, de Imagine Dragons”, cuenta entre risas, a lo que Martin, sorprendida, le pregunta si es música para el cerebro de un niño de nueve años. “¡Qué va! ¡Son una banda americana de rock!”, responde.

“Es una pena. Cuando eran más pequeños siempre escuchábamos en el coche música disco, hip hop, a Michael Jackson... Ahora dicen que no”, afirma sin perder la simpatía. La carrera de Belle and Sebastian ha sido constante y regular, como define Martin, a diferencia de lo volcánica que resultó la de Franz Ferdinand. “Nos conocemos, somos amigos, los vemos de vez en cuando. Nunca se lo hemos dicho, pero la carrera en el mundo de la música no es un sprint sino una maratón”, afirman al alimón. “El pico de la escena musical de Glasgow se alcanzó cuando ellos la rompieron. Surgieron un montón de bandas. Solo tenías que ir a cualquier estación de metro un viernes por la tarde, todo el mundo llevaba una guitarra. O eran chavales que quedaban para ensayar o iban a tomar las cervezas de después”, recuerda Murdoch.

A Bit of Previous se ha grabado concretamente en Finnieston, el barrio en el que viven desde hace dos décadas. Una zona que ha pasado de la nada a no ser un sitio de esos que si no lo visitas no eres nadie; de vender herramientas para colgar un plato de cerámica en la pared a enseñar a los vecinos a hacer ese plato. “Era bastante chunga antes. Había que tener mucho cuidado al otro lado del canal. Ahora ha cambiado mucho. Hay gente viviendo en barcos. Han construido residencias para estudiantes, parques... Lo han nombrado el barrio más guay de Gran Bretaña”, recuerda Martin. “Ahora hay muy buen ambiente. Está lleno de restaurantes, hay un sitio guay para tomar té, una galería de arte, un restaurante de burritos muy bueno... Falta que construyan casas para la gente”, dice Murdoch. “No creo que la vida de la gente en Glasgow haya mejorado mucho. Pero desde luego es una ciudad de la que resulta complicado irse. Es un lugar que de alguna manera te absorbe”, añade Martin. Y todo esto sin hablar de fútbol.

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