Jose Coronado

Jose Coronado: “A los 30 ya había vivido tanto que si me hubiera muerto en ese momento tendría que haberlo hecho dando las gracias”

Le sugirieron dedicarse a la interpretación por su increíble voz, y terminó siendo actor por todo lo demás. Con treinta años de carrera a sus espaldas, regresa convirtiéndose en embajador de un proyecto de audiolibros: “Es algo muy íntimo, a través de mi voz intento excitar la imaginación”

Jose Coronado posa para ICON en el interior del restaurante Lhardy de Madrid. Un clásico dentro de otro clásico.
Jose Coronado posa para ICON en el interior del restaurante Lhardy de Madrid. Un clásico dentro de otro clásico.XIMENA & SERGIO

Jose Coronado no lleva ni un minuto en Lhardy, lo que ha tardado en ir de la puerta del restaurante madrileño a las escaleras que llevan al comedor, y una fan ya le ha interceptado por el camino para confesarle su admiración y destacar su buena planta. El actor madrileño responde agradecido manejando la situación con soltura. “Siento que la gente me quiere y me parece tan alucinante que continuamente tengo que seguir dando las gracias. Yo disfruto la fama porque todo el que se me acerca lo hace con mucho respeto y con una felicidad que me alimenta. Es un lujo que te estén piropeando”. “¿No le agobia entonces ser reconocido constantemente?”, le pregunto. “No y no entiendo a esa gente que se queja de la fama. Puede haberse muerto mi padre que si me paran para una foto digo que sí porque cuesta menos hacerla que dar una explicación y porque la alegría y la energía que trae esa persona me carga. Cómo voy a decir que no”.

Las tres décadas de profesión que lleva a sus espaldas son evidentes, además de por una prolífica carrera, por la desenvoltura que demuestra exponiéndose ante la prensa. Ha protagonizado obras de teatro, películas, series de televisión y anuncios populares (“¿va a decirme alguien quién se ha comido mi chocolate?”, pregunta en uno de los últimos que ha hecho para una conocida marca). Como él mismo dice, es un viejo zorro. “Ya no me vienen a jugar como a los Alex González o Mario Casas, yo ya pasé por ahí”, subraya. Cuando no quiere contestar a alguna pregunta tiene un truco que, asegura, nunca falla. “Si me preguntan por una chica nueva con la que me han visto, yo digo: ‘Estás hablando de mi directora de teatro’ y empiezo a hablarles de mi obra de teatro. Al final todo me lo llevo a mi trabajo, que es lo que quiero compartir”.

Coronado es uno de los intérpretes más populares de España, le cae bien al público, ha sido imagen de un buen número de marcas y apenas se mete en charcos. Y eso, en una era —la de Twitter— en la que todo se descontextualiza y genera polémica, tiene mérito. ¿Cómo lo hace? “Ya tengo una edad y puedo decir lo que me dé la gana. Mis películas son las que hablan por mí. Aun así, soy prudente y educado, y creo que soy una persona tremendamente tolerante en todos los aspectos de la vida. Absoluto conocedor de que la verdad absoluta nadie la tiene. Al final, llevando esas armas contigo es difícil que puedas dar la nota”.

La simpatía que despierta y la característica voz que llevó a Cristina Rota, reputada profesora de arte dramático que ha formado a actores como Penélope Cruz o Ernesto Alterio, a asegurarle que si se esforzaba podría vivir de la actuación a pesar de haber empezado tarde —tenía 30 años cuando dejó el restaurante y la agencia de modelos que tenía para intentar labrarse una carrera sobre los escenarios— le han brindado la oportunidad de ser el embajador de Audible, una compañía de la familia Amazon. La del actor es la voz que suena al inicio de cualquier contenido de esta plataforma de podcast originales creados en exclusiva para la audiencia española y de audiolibros de alta calidad narrados por artistas como Leonor Watling, Alaska, Emilio Aragón, Adriana Ugarte, Michelle Jenner o Juan Echanove. Coronado ha narrado cinco libros —El gran Gatsby y cuatro de Sherlock Holmes— canalizando todo lo que ha aprendido después de tantos años interpretando. “Es un lujo poder meterte tú solo en un estudio para contar una historia. Me preparé mucho para hacerlo, llevé a cabo un gran trabajo de documentación y estudié la personalidad de Doyle y F. Scott Fitzgerald para entender qué es lo que querían contar y poder interpretar así la narración. Es algo muy íntimo porque a través de mi voz intento excitar la imaginación del oyente”. Jose Coronado está seguro de que esta plataforma va a hacer furor en España porque la gente, sobre todo los jóvenes, lee muy poco y esta es una buena forma de “engañarles y animarles a leer”.

El madrileño tuvo claro desde el principio que cuanto más abarcase más posibilidades tendría de llegar a su objetivo. Así fue como empezó a hacer teatro, cine y televisión (“en ese tiempo todos me decían que no me metiera en la tele porque era un medio menor”), sin rechazar apenas ofertas. Siempre pensó que todo sumaba y hoy, después de tantos años de carrera, está seguro de que llevaba razón. Reconoce que hace 30 años era más fácil arañar el aprobado y eso le vino fenomenal para abrirse camino. "Los primeros años fui destrozando personajes, pero al mismo tiempo aprendiendo”, señala. De ahí que, a pesar de que le ayudó a curtirse como intérprete, sea incapaz de sentarse a ver ninguno de los trabajos que hizo hace 20 años. “Siempre he visto las cosas que he hecho una vez o como mucho dos. Soy demasiado exigente, me castigo mucho y no es bueno. Aunque ahora relativizo mucho más. Ya no me martirizo, he aprendido a no hacerlo, con los años te vas dando cuenta de que tu oficio no es el de un médico que opera a muerte”.

A sus 63 años, Coronado confiesa que no ha tenido ninguna crisis de la edad, tampoco la de los 40. En junio, tras el confinamiento, retomó el rodaje de la serie de Netflix El inocente y está a punto de grabar una comedia, La familia perfecta, con Belén Rueda. No echa de menos interpretar papeles como los que ahora le ofrecen a Mario Casas porque, dice, sigue sintiéndose igual de capaz de correr y llegar incluso antes que la estrella de Tres metros sobre el cielo. “Mi espíritu es muy joven y a veces digo: ‘Ay, cómo me gustaría’. Pero tengo sentido común para aceptar la realidad y adaptarme. Ahora disfruto de cosas de las que antes no lo hacía”.

Hace tres años, justo antes de cumplir los sesenta, sufrió un infarto de miocardio. “Estaba con 27 cosas de trabajo y mi hija era pequeña. Además, estaba acabando de pagar mis hipotecas, Hacienda… Fue un cúmulo de cosas que me hizo explotar”. Sin embargo, más allá de las dos pastillas que tiene que tomarse a diario y el stent que le pusieron para impedir que la arteria vuelva a cerrase, su vida tampoco ha cambiado mucho. Eso sí, ahora prioriza y relativiza mucho más. “Yo ya sabía antes del infarto que así no podía seguir. Antes iba con el Ferrari corriendo y ahora prefiero ir tranquilo en un 4x4 disfrutando del arcoíris”.

¿Vive con miedo después de aquello? “¿Cómo voy a tener miedo si vivo de sobrao desde hace mucho tiempo? A los 30 ya había vivido tanto que si me hubiera muerto en ese momento tendría que haberlo hecho dando las gracias. Y ya he doblado. Soy un tipo privilegiado y siempre me he prohibido quejarme por lo que la vida me ha regalado. Me hubiera conformado con mucho menos. Lo que tenga que venir que venga”.

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