Por qué nos refugiamos en fotos de objetos y lugares bellos en épocas complicadas

¿Qué cuenta nuestra casa sobre nosotros? ¿Cómo nos sentimos cuando estamos dentro? ¿Y los objetos que la decoran y nos acompañan? ¿Representan de alguna manera nuestra personalidad?

En el confinamiento muchos volvieron la vista hacia la pantalla de sus móviles buscando placer mirando fotos de construcciones, decoraciones u objetos de diseño, como la piscina de la imagen.
En el confinamiento muchos volvieron la vista hacia la pantalla de sus móviles buscando placer mirando fotos de construcciones, decoraciones u objetos de diseño, como la piscina de la imagen.Getty Images

Durante el confinamiento las diferencias entre los que pasaban sus días en una habitación diminuta de un piso compartido y las celebridades que vivieron su encierro en una mansión resultaron tan evidentes que muchos sintieron como nunca la desigualdad social. El tiempo libre entre cuatro paredes y una soledad obligada por el bien común dieron lugar al nacimiento de un fenómeno que surgió en pandemia pero ha venido para quedarse: el designporn. O lo que es lo mismo, buscar fotos de objetos bellos como vía de escape para lidiar con las malas noticas, los malos días y las malas rachas.

Una casa bien decorada o con buenas vistas genera placer porque el cuerpo responde a la belleza segregando endorfinas.
Una casa bien decorada o con buenas vistas genera placer porque el cuerpo responde a la belleza segregando endorfinas. Oleksii Glushenkov (Getty Images/)

Mirar fotos de construcciones, decoraciones u objetos de diseño es una fuente de placer y evasión. “Durante la crisis de 2008 aprendimos algo que quizá ya sabíamos, pero que en aquel momento nos quedó absolutamente claro, y es que la casa es muy importante para las personas. Y lo es por tres motivos”, nos cuenta José Ramón Ubieto, psicoanalista, profesor de la UOC y autor del libro El mundo post covid entre la presencia y lo virtual. “El primero tiene que ver con lo que la casa supuso desde sus inicios, un refugio donde uno se protege de sus enemigos. En segundo lugar, la casa nos une a nuestra familia, por eso todavía hay pueblos donde es habitual preguntar de qué casa somos. Y la tercera razón es que nuestro hogar es también el lugar donde nuestra intimidad está garantizada”.

Según Ubieto, la aparición de una crisis, como por ejemplo la del coronavirus, hace que todos estos motivos se hagan mucho más evidentes. “Por eso es lógico que la casa se venere y se convierta en un elemento casi sagrado. Las redes sociales, mundos virtuales en los que vivimos gran parte de nuestras vidas, también colaboran en esta operación de idealización, de sacralización, de veneración a estos nuevos dioses del hogar”.

Pero existe algo más. En una entrevista para la revista El Mueble, la psicóloga Noelia Sancho planteó diversas razones que explicarían esta atracción por mirar las casas ajenas, entre las que destacan la curiosidad y la atracción innata por la belleza de los seres humanos.

Una casa bien decorada genera placer porque nuestro cuerpo responde a esa belleza segregando endorfinas. Por eso todo lo bello atrae. Por otra parte, la curiosidad es el vehículo a través del cual aprendemos y no podríamos prosperar sin ella. Pero por eso mismo, belleza y curiosidad son también portales para la evasión, algo que, según el escritor Antonio Pau, autor de Manual de escapología. Teoría y práctica de la huida del mundo, los humanos llevamos practicando desde siempre. En este libro, el autor explica 30 maneras a través de las cuales hombres y mujeres de diversas épocas han escapado de las circunstancias adversas refugiándose en entornos más amables, que les permitían ser más felices.

Pau subraya el caso de los epicúreos, los seguidores del filósofo Epicuro, que, ante la caída de Atenas y el comienzo de la crisis de la civilización griega, se alejaron de la sociedad formando sus propios círculos, buscando la tranquilidad y la ausencia de dolor en una vida sencilla en la naturaleza. En la Edad Media, según cuenta Pau en su libro, quizá como una derivación de esas ideas de la antigüedad clásica, surgió el concepto del hortus conclusus (huerto cerrado), propuesta de la que derivan también los conventos de clausura. En definitiva, lugares para alejarse, meditar y desconectar del mundo en completo silencio.

En nuestra época, no es tan sencillo huir de forma física, así que muchos optan por las huidas virtuales. Algunos incluso construyen sus propios mundos imaginarios (no es casual el aumento de usuarios que a principios de la pandemia experimentaron videojuegos como Los Sims o Animal Crossing) y otros encuentran esta evasión en las redes sociales.

Este segundo caso es el secreto del éxito de las cuentas de Instagram que muestran maravillas arquitectónicas, ya sean reales o generadas mediante tecnología 3D, y que en el último año y medio han experimentado un notable crecimiento de audiencia. Una de las más importantes es @somewhereiwouldliketolive, un canal gestionado desde Barcelona por la arquitecta y diseñadora Kathy Schiebeck y el fotógrafo Rubén Ortiz, cofundadores de un estudio de arquitectura e interiorismo, que supera los 826.000 seguidores.

Somewhere nació en 2010. Kathy, mi socia y en aquel momento mi pareja, y yo decidimos abrir un blog para recopilar imágenes de referencia o inspiraciones, tanto para ella como interiorista, como para mí como fotógrafo de interiores”, nos cuenta Rubén. En el éxito de Somewhere se cumple una de las máximas de internet que dice que los primeros que llegan a algo nuevo tienen muchas posibilidades de acabar dominando ese terreno. “Fuimos pioneros y aparecimos en el momento justo porque en esa época surgió una audiencia que demandaba ese tipo de contenidos. El interiorismo y la arquitectura empezaron a adquirir valor en círculos más modernos, más culturales. Coincidimos con la llegada del hipsterismo y el consumo masivo de cultura de todo tipo que esa tendencia trajo consigo”, cuenta a ICON Design.

Respecto al crecimiento de la cuenta durante la pandemia, Rubén confirma este último año y medio ha sido espectacular. “Teníamos 300.000 seguidores y ahora llevamos más de 800.000. Personalmente, creo que la cuarentena ha tenido mucho que ver. Somewhere brinda a su audiencia una forma de escapismo, de viajar a través de esas imágenes, y ofrece la ilusión de estar algún día allí o de poder vivir una experiencia relacionada con el lugar de la imagen”.

Además, las fotografías de interiores que muestran este tipo de cuentas resultan muy útiles para profesionales del sector y para cualquiera que esté buscando ideas para renovar su casa. Algo que, después de conocer lo que es pasar meses de encierro, parece más necesario que nunca. “Somewhere”, nos dice Rubén, “también es una fuente de inspiración y de documentación para tener una referencia de cómo tiene que ser, por ejemplo, una piscina. Al final, el nombre de la cuenta es Somewhere I Would Like To Live [Un lugar donde me gustaría vivir]”.

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