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Carolyn Bessette-Kennedy, reescribiendo la historia de la mujer que no quiso ser princesa de América

Más de 25 años después de su muerte, la nueva serie sobre John F. Kennedy Jr. y la publicista reabre la trágica historia del matrimonio. Pero detrás del icono de moda había una persona reservada cuya imagen fue deformada y denostada por la prensa de la época

John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette-Kennedy en una celebración en homenaje a JFK, el 23 de marzo de 1999, en Boston.Justin Ide/Boston Herald (Getty Images)

El reciente estreno de la serie Love Story: John Kennedy Jr. & Carolyn Bessette, en Disney+, ha vuelto a poner de actualidad a una de las parejas más mediáticas de los noventa. John, el hijo del 35º presidente de Estados Unidos —y apodado desde el magnicidio de su padre en 1963, cuando él tenía tan solo tres años, como el Príncipe de América, era por aquel entonces considerado uno de los hombres más guapos del país. La dinastía de los Kennedy, lo más parecido a una familia real que ha tenido Estados Unidos, copaba portadas, libros y titulares. Así que el matrimonio de Bessette con Kennedy, en 1996, la abocaba a convertirse en la nueva princesa del país. Pero la publicista, una joven de clase media que trabajaba en Calvin Klein, no solo no tenía el deseo de cumplir con ese rol, sino que tampoco se sentía cómoda con la desproporcionada atención mediática que recibía.

La serie está en gran medida basada en el libro de la periodista estadounidense Elizabeth Beller, Once upon a time: The Captivating Life of Carolyn Bessette-Kennedy, publicado en 2024. Un intento, según la autora, de resarcir la memoria de una joven que, por amor, abandonó una fulgurante y prometedora carrera en la moda para pasar a ser retratada en la prensa como una mujer fría y distante, controladora, temperamental e inestable. El de Beller no ha sido el único homenaje. Bessette también inspiró la novela L’autre madame Kennedy (Buchet Chastel), de la periodista francesa Camille Perrier, una ficción inspirada en su biografía publicada en 2025. “Algunos de sus amigos escribieron sobre ella a principios de los años 2000. Era muy interesante ver cómo presentaban a Carolyn: a años luz del retrato que la prensa sensacionalista había hecho de ella”, dice Perrier a EL PAÍS.

Al contrario que Diana de Gales, o los propios Kennedy, acostumbrados a tratar con la prensa e incluso a jugar con ella, Bessette prefirió mantenerse completamente al margen del circo en el que se había convertido su vida, especialmente a partir de septiembre de 1996, tras una boda que consiguieron celebrar en secreto. “Esa celebración clandestina fue percibida como una traición por la prensa. Nunca le perdonaron haber quedado al margen, y después de aquello la atención hacia ellos se disparó: era acosada. En el libro evoco escenas inspiradas en la realidad en las que ella tropieza, cae al suelo y los fotógrafos siguen disparando, insultándola, porque eso es lo que vendía”, la defiende Perrier.

Ella nunca habló públicamente. No concedió entrevistas, no publicó memorias, no tuvo un espacio para defenderse de los rumores que la presentaban como una mujer problemática, una intrusa en el clan Kennedy. Su silencio la convirtió en un personaje construido por otros. Kennedy encarnaba el papel de príncipe azul; a ella le tocó el de la bruja, en gran parte por no entrar al juego de los paparazzi. La asistenta personal de Jackie Kennedy, Kathy McKeon, describe en sus memorias el terror que le daban los fotógrafos a Bessette. McKeon le recomendó que siguiera el ejemplo de Jackie: darles una sonrisa y una buena foto al salir de casa, para que luego la dejaran en paz. “Pero Carolyn no estaba cómoda siendo fotografiada. No lo soportaba. John había sido educado así, Carolyn no”, escribe. Pese a su rechazo, las miles de instantáneas que los paparazzi captaron de ella y su marido en las calles de Nueva York se han convertido en un archivo que ha servido para erigirla en icono de moda, e incluso para dar forma a la nueva serie, que bebe claramente de esas imágenes.

“Es una de las grandes paradojas de su historia. Las mismas fotografías que ella intentaba evitar, en un contexto de acoso y vigilancia constante, son hoy el archivo que sostiene su legado estético”, sostiene la estilista y comunicadora Erea Louro, autora del libro Iconos de estilo: De Cleopatra a Zendaya, en el que incluye a Bessette. “Su iconografía se construye en la calle, en lo cotidiano, en imágenes no consensuadas que transmiten una autenticidad que muchas producciones actuales intentan recrear”, analiza Louro. Un ejemplo es cómo las fotografías de Bessette se han convertido en una constante en los tableros de inspiración de diseñadores como Phoebe Philo o las hermanas Olsen, fundadoras de The Row, emblemas de eso que ha venido a llamarse “lujo silencioso”: un estilo pulido donde prima la calidad de los tejidos y una sastrería impecable. En 2022, la firma francesa Rouje lanzó una campaña de moda inspirada en los clichés de Kennedy y Bessette, y firmas como la británica With Nothing Underneath la reivindican en sus colecciones hasta el punto de ponerle su nombre a un jersey. “Admiramos el resultado estético, pero no deberíamos olvidar el contexto en el que se produjo”, defiende la estilista y comunicadora.

En su libro, Louro recuerda incluso cómo esa elegancia espontánea que transmite es el resultado de un intento desesperado por no llamar la atención. “Ella intentaba crear estrategias para despistarlos, como salir a las siete de la mañana de casa, vestir de negro o repetir conjuntos para causar menos interés, pero nada de eso funcionaba; se había convertido sin pretenderlo en el icono de la mujer americana”, describe en su libro. De hecho, Bessette se tomó varias semanas para aceptar la propuesta de matrimonio de John Kennedy Jr. por el terror que le causaba toda esa exposición, que finalmente fue incluso peor.

De Calvin Klein al mito Kennedy

Bessette nació en 1966 en White Plains (Nueva York), y creció en Connecticut en un ambiente acomodado pero convencional, lejos de cualquier élite política o social. Estudió en la Universidad de Boston con la intención de ser profesora, como su madre, pero acabó trabajando en una tienda de Calvin Klein antes de ser trasladada al equipo de relaciones públicas en Nueva York, donde siguió escalando y entró en contacto con el mundo cultural neoyorquino. En ese ambiente conoció a Kennedy en 1994. “Era excelente en su trabajo como vendedora, hasta el punto de que el propio Calvin Klein se fijó en ella y la promovió hasta convertirla en relaciones públicas. Representaba la marca como una especie de publicidad viviente. Dicen incluso que su estilo inspiraba al diseñador. Había una especie de círculo virtuoso entre los dos”, explica Perrier.

Bessette defendió con ímpetu, según algunos testimonios, que la modelo británica Kate Moss fuera elegida imagen de la marca en la campaña que sin duda lanzó su carrera al estrellato en 1992. Tenía buen ojo y un carácter carismático, un gusto infalible que fascinaba a la industria. Pese a su gusto por la moda, parece que en los últimos meses de su vida estaba planteándose trabajar en documentales para dar voz a otras personas.

La presión mediática que recibía (la pintaban como una fiestera desfasada con problemas de adicción, algo que tampoco se corresponde con la realidad que describen sus conocidos) la desanimó de proseguir con su carrera en la moda y empezó a replegarse en el apartamento que compartía con Kennedy Jr. en Tribeca. La muerte de Diana de Gales en un accidente de coche en 1997, cuando intentaban huir de los paparazzi, la marcó profundamente. “Seremos los siguientes”, le dijo a sus amigos. Apenas dos años después, el 16 de julio de 1999, John Kennedy Jr., Carolyn Bessette y su hermana, Lauren, murieron en un accidente de avioneta frente a las costas de Martha’s Vineyard. Hubo incluso quien quiso culparla del accidente diciendo que habían despegado demasiado tarde porque ella se retrasó con una manicura. Kennedy, que había empezado a pilotar para ganar cierta privacidad, lo hacía ese día sin copiloto y en pleno proceso de recuperación de una operación tras haberse roto el tobillo en un accidente de parapente. El día del accidente aún usaba muletas. El historiador Steven Gillon, autor de America’s Reluctant Prince, recompuso las horas previas al accidente en su biografía: “No hay que darle más vueltas. John es responsable de su imprudencia y solo John”.

La fascinación que sigue causando la figura de Bessette tiene, quizás, mucho que ver con esa sensación de historia inconclusa que dejó su prematura muerte. Tenía 33 años. “Su historia quedó suspendida. No tuvo tiempo de reinventarse, de equivocarse públicamente, de diluirse en el exceso de exposición. Eso la convirtió en una especie de cápsula estética intacta, algo que en la cultura digital actual resulta casi imposible. Es casi como una leyenda”, sostiene Louro.

No sabemos qué diría la discreta Bessette de este interés incansable que causa su vida y su propio estilo, pero lo cierto es que su imagen, más allá del icono, está siendo rehabilitada más de 25 años después de su muerte, como la de otras mujeres que sufrieron la misoginia del momento. “Nuestra época está intentando revisar la narrativa mediática del pasado, cuestionar los prejuicios y las injusticias. Sobre todo en lo que respecta a las mujeres”, asegura Perrier.

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