Un año del jaque mate de Ayuso: “El adelanto electoral nos dejó de piedra. Fue irresponsable”

La convocatoria del 4-M todavía tiene réplicas: hundió a Aguado, dejó fuera de la política a Gabilondo e Iglesias, debilitó a Cs y abrió la guerra del PP

Isabel Díaz Ayuso en la Asamblea de Madrid, al inicio de la legislatura, el pasado junio.
Isabel Díaz Ayuso en la Asamblea de Madrid, al inicio de la legislatura, el pasado junio.Samuel Sánchez

El 10 de marzo de 2021, Isabel Díaz Ayuso invoca al fantasma de Mariano Rajoy para justificar un jaque mate político: usar la moción de censura que une a PSOE y Cs contra el gobierno del PP en Murcia para asegurar que lo mismo va a pasar en Madrid, y convocar elecciones. “Como ha ocurrido en el gobierno de la nación, podrían haber derrocado nuestro gobierno”, dice Ayuso, que acaba con el primer ejecutivo de coalición de la región (PP-Cs) mientras evoca los días de 2018 en los que Pedro Sánchez llega a La Moncloa con Rajoy ahogando sus penas en un restaurante. Un año después, las réplicas del terremoto siguen sintiéndose. Ni Ignacio Aguado (Cs), ni Ángel Gabilondo (PSOE), ni Pablo Iglesias (Podemos) sobreviven al 4-M. Díaz Ayuso usa su triunfo para reclamar la presidencia del PP de Madrid, lo que acaba con Pablo Casado. Y todos los consejeros de Cs dejan la política, salvo Marta Rivera de la Cruz. Pero primero, el caos.

Menudo lío”. Antes de las diez de la mañana, los consejeros de PP y Cs comentan “sin darle más importancia” lo que ocurre en Murcia. Están citados para la reunión semanal del consejo de gobierno de la Comunidad de Madrid, donde la lucha contra la pandemia del coronavirus es el tema prioritario desde hace más de un año. Díaz Ayuso, que está al tanto de la operación de Murcia desde el día anterior, y en contacto con Casado, preside el cónclave mientras consulta frenéticamente su móvil. Con todo aparentemente terminado, toma la palabra.

―Yo no puedo seguir con esta inestabilidad, no es buena. Voy a convocar elecciones―, dice.

“Me pareció una irresponsabilidad, y me lo sigue pareciendo”, lamenta Manuel Jiménez, entonces titular de Economía por elección de Cs. “Me sentí muy decepcionado por el daño que aquella decisión infligía a la economía madrileña, y a la española”, añade sobre la lucha contra los efectos sociales, económicos y sanitarios de la pandemia.

“Nos quedamos de piedra”, describe otra fuente presente en el cónclave. “Cuando analizábamos la posibilidad de que apretara el botón nuclear (de las elecciones) nos decíamos que no tenía ninguna razón objetiva, y que la gente no entendería, sin que pasara nada, que convocara elecciones en mitad de la pandemia”, recuerda. “Pero es que ese algo pasó, y le dio un argumento perfecto que dejó inmediatamente muertos a los de Cs, lapidados: Cs cometió en Murcia un error estratégico de magnitudes siderales que ha provocado la desaparición del propio partido y ha generado un efecto dominó, empoderando a Ayuso y acabando con Casado”, sigue. “¿Y ahora?”, se pregunta. “El PP ha cambiado un socio incómodo (Cs) por uno ultra (Vox). Y si tras depender de ellos en Madrid pasa a gobernar con ellos en Castilla y León, como parece inevitable, la cosa pasa a mayores: es un socio más incómodo, más fastidioso, que te escora a la derecha y le da armas al PSOE para criticarte”.

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El PSOE, efectivamente, busca movilizar a su electorado poniendo esa alianza en la diana. Pero Madrid, dicen lo clásicos, es un mundo aparte en la política nacional. Y como Vox está actuando mayoritariamente como un partido subordinado al PP, Díaz Ayuso está aprovechando su posición de fuerza para reconstruir la estructura de poder que tuvo a su servicio la expresidenta Esperanza Aguirre.

Así, la líder conservadora está deshaciendo muchas de las cesiones que tuvieron que hacer los gobiernos en minoría del PP entre 2015 y 2019: ha recuperado el control total de Telemadrid, quiere hacer lo mismo con la Cámara de Cuentas, e intenta devolver las investigaciones sobre corrupción organizadas por la oposición en legislaturas pasadas con una comisión sobre la gestión de la pandemia del Gobierno central.

Isabel Díaz Ayuso celebra en la sede nacional del PP el triunfo en las elecciones autonómicas de la Comunidad de Madrid.
Isabel Díaz Ayuso celebra en la sede nacional del PP el triunfo en las elecciones autonómicas de la Comunidad de Madrid. Jesús Hellín - Europa Press (EL PAÍS)

En paralelo, Díaz Ayuso aspira a emular a la propia Aguirre y a Cristina Cifuentes, acaparando el poder institucional y el orgánico al unir en sus manos la presidencia de la Comunidad y del PP de Madrid.

Normal que la expresidenta regional la defienda una y otra vez en público: “Necesitamos más mujeres como Thatcher o Díaz Ayuso”, dijo este martes Aguirre, dejando en el aire la duda de si la modestia le impedía incluirse a sí misma en la lista, y expresándose con la misma soltura de la que hace gala la actual presidenta de Madrid.

Díaz Ayuso ha acentuado más si cabe el trumpismo con el que se movió hasta el 4-M”, asegura José Manuel Franco, secretario general de los socialistas en la región durante aquellos comicios. “No había ninguna negociación PSOE-Cs. Ninguna. Nunca lo hubo, tampoco antes, en Madrid. Lo puedo garantizar”, critica el hoy secretario de Estado de deporte la excusa para convocar unas elecciones que cerraron el ciclo “ilusionante” que vivía el PSOE en la región, donde ganó todas las elecciones convocadas en 2019.

Un año de ‘via crucis’

“Díaz Ayuso ha cogido la seguridad y el aplomo que te da el poder, y solventar unas elecciones de una forma tan favorable”, amplía una fuente conocedora de las interioridades del primer Ejecutivo liderado por la baronesa.

“En actitud, Díaz Ayuso es ahora más arrogante si cabe”, opina Mónica García, la portavoz de Más Madrid, que vivió la jornada del adelanto entre carreras para registra una moción de censura que detuviera la llamada a las urnas. “Ayuso no estaba en la décima legislatura y no está en esta. Sigue más dedicada a sí misma que a los madrileños. Pero ha habido un elemento que lo ha cambiado todo: 283.000 euros”, advierte la líder de la oposición sobre los contratos del hermano de la presidenta con la empresa Priviet, que incluyen un pago de 55.000 euros por facilitar mascarillas a la Comunidad. Y remata: “El escándalo de su hermano hace que una presidenta que despliega chulería y presume de no tener pelos en la lengua hoy tenga que hacerse la víctima y guardar silencio. Hoy Ayuso tiene más dificultades para mantener su discurso, porque ni la libertad; ni el dinero en el bolsillo; ni el “a Madrid se viene a arriesgar”; ni su apuesta por las familias, es convincente después de haber enriquecido a su hermano. Le queda un año muy largo por delante”.

Ese año es el que media entre hoy y la convocatoria oficial de las elecciones autonómicas de mayo de 2023. El via crucis que predice García tiene su principal estación en que la Fiscalía Anticorrupción se pronuncie sobre las denuncias registradas por la oposición en relación con los contratos vinculados con la familia de la presidenta. Pero ningún político regional descarta más complicaciones.

A saber. El Gobierno de Díaz Ayuso depende para todo de Vox, y los precedentes indican que la extrema derecha intentará marcar territorio según se acerquen los comicios. El Ejecutivo ha pasado de mostrar una unidad granítica a agrietarse como consecuencia de la guerra interna del PP. Y el ticket electoral que querían construir Díaz Ayuso y el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, vive una crisis de confianza.

“El año va a ser complicado, pero no se la ve preocupada”, diagnostica una fuente que predice que la líder conservadora seguirá en campaña permanente hasta 2023. “Tiene un respaldo fuerte”, recuerda. “Y aunque moralmente sea reprochable, si la Fiscalía archiva las denuncias sobre su hermano, será un asunto que la refuerce”, añade. Aunque avisa: “En un año todo puede cambiar. Teodoro García-Egea era un héroe en marzo de 2021, cuando detuvo la moción de censura de Murcia con la que empezó todo esto, y mira cómo ha acabado: fuera”.

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Sobre la firma

Juan José Mateo

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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