La guerra mediática de Miguel Ángel Rodríguez en favor de Ayuso

El asesor de la presidenta de la Comunidad de Madrid influye en un equipo de decenas de personas dedicadas a que la líder conservadora marque la agenda política

Miguel Ángel Rodríguez, Isabel Díaz Ayuso y Bertín Osborne, durante una entrevista.
Miguel Ángel Rodríguez, Isabel Díaz Ayuso y Bertín Osborne, durante una entrevista.Jonas Torres jonas@jonas-torres.com

En la sobremesa del 24 de febrero, un grupo de opinadores que participa en tertulias empieza a recibir mensajes en sus móviles. Se los mandan desde la Comunidad de Madrid. Su contenido busca corregir un dato que circula en una tertulia sobre el contrato de la empresa Priviet con el Gobierno regional, que permitió ganar al menos 55.850 euros, más IVA, al hermano de Isabel Díaz Ayuso. Es el resultado de la movilización de un pequeño ejército: decenas de personas trabajan para que se imponga la versión de la presidenta de Madrid.

Mientras el PP se desangra en su guerra civil, ese equipo de comunicación opera bajo la batuta del jefe de prensa de la líder, José Luis Carreras; bajo la coordinación de la directora de comunicación del Gobierno, Sandra Fernández; y bajo la influencia del poderoso jefe de gabinete de Díaz Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez. Así lo define un antiguo colaborador: “Es listo como un demonio. Cuando tiene un objetivo, lo persigue y se lleva por delante lo que haga falta hasta conseguirlo. Quien piensa en ese equipo es él”.

11 de enero de 2019. Rodríguez le recomienda a Ayuso que se vaya ya a su casa. Quedan pocos minutos para que el PP anuncie a sus candidatos en Madrid: “Y si no te han dicho nada ya, olvídate”, es su consejo. Cuando esa política desconocida está a punto de llegar a su hogar, recibe una llamada de Pablo Casado: “Ven a Génova. Quiero hablar contigo”. Rodríguez responde a la oficialización de la candidatura a la Comunidad con un whatsapp bien cortito: una cara ojiplática. Desde entonces, sus consejos están al servicio de Díaz Ayuso. Y ahora, en la guerra civil del PP, como antes en cualquier jornada, el equipo de la líder conservadora funciona como un reloj suizo.

“Todo está pensado para la presidenta, no para el Gobierno”, concede un profesional familiarizado con la dinámica de un equipo siempre alerta, vigilante y reactivo. Se escuchan todas las radios. Se ven los principales telediarios. Y se escriben “por exceso” documentos con argumentos que contrarrestan lo que no gusta en la sede del Gobierno regional, y que luego se distribuyen entre opinadores, periodistas y directivos de medios de comunicación. Estas son algunas de las dinámicas de trabajo de ese equipo, según este interlocutor, cuyas precisiones no ha querido ni confirmar ni desmentir el entorno de la presidenta.

Isabel Díaz Ayuso, el 3 de marzo de 2022, en Marsella.
Isabel Díaz Ayuso, el 3 de marzo de 2022, en Marsella. Comunidad de Madrid (EFE/Comunidad de Madrid)
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A partir de las seis y media de la mañana, cualquier responsable de prensa de una consejería puede recibir una llamada o mensaje pidiendo un documento que fije posición sobre un tema candente del día ya reflejado en la prensa. Son los famosos argumentarios. La respuesta no puede hacerse esperar. Para cuando acuden las ocho y media, a la Real Casa de Correos debe haber llegado un documento que suele incluir un formato pregunta-respuesta sobre el tema en cuestión (imitando la dinámica de una entrevista de forma muy sintetizada) y, además, varios puntos argumentales que respalden la posición del Gobierno.

En paralelo, la sede central reúne un resumen de los principales artículos de prensa y comienza el trabajo de un equipo (”el pool”, le dicen), que monitoriza televisiones y radios. Estos profesionales actúan a modo de detectores de incendios. A partir de las nueve, mandan un resumen de lo dicho en el arranque de radios y televisiones; pasadas las dos de la tarde, otro; y lo mismo tras las cuatro de la tarde, con un informe centrado en los informativos del mediodía de las teles. El último resumen llega al filo de la noche, tras el arranque de los programas nocturnos, aunque la jornada no acaba hasta que salen las portadas de los periódicos del día siguiente. Nada se improvisa. Nada se deja al azar.

“Como jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez es una especie de asesor total de Isabel Díaz Ayuso: une el control de la agenda política con el control de la agenda mediática, que son las dos vías por las que se intenta controlar la agenda pública, la de la ciudadanía”, analiza el profesor del máster en Comunicación Política e institucional de la UPF-BSM, Toni Aira. “Controla el equipo más inmediato de trabajo de la presidenta y, por tanto, su agenda y el acceso a ella, lo que le erige en el gran aduanero de la presidenta”, detalla este experto, que fue director de comunicación del PDeCAT. “A eso le suma su visión comunicativa y su ascendiente en comunicación”, añade. “Eso le ha llevado al culmen de su carrera. Ha encontrado la persona perfecta [Díaz Ayuso] en el momento adecuado para desarrollar ese papel de asesor total, de estratega que fija el marco conceptual”.

El presidente del Gobierno José María Aznar (izquierda), conversa con el secretario de Estado para la Comunicación Miguel Ángel Rodríguez, en 1997.
El presidente del Gobierno José María Aznar (izquierda), conversa con el secretario de Estado para la Comunicación Miguel Ángel Rodríguez, en 1997.Ricardo Gutiérrez

Rodríguez es el “mister no” del Gobierno de Madrid: “Todo el mundo le pide cinco minutos con la presidenta, pero él no se los da nunca, porque nunca son solo cinco minutos”, explican fuentes del Gobierno. También es el guardián de la imagen de Díaz Ayuso, y de todo lo que le afecte: llegó a quejarse, dicen, de que la imagen de las mesas electorales del PP para las elecciones del 4-M fuera desfasada, “facha”. Y no da puntada sin hilo: cuando Ayuso era una desconocida presidenta, allá por 2019, se solazaba en la idea de un viaje institucional a Cataluña (”a montar el lío”, decían en su entorno sobre la primera de las cinco visitas a Barcelona para confrontar con los independentistas) mientras entre los dos esculpían a la baronesa que es hoy la presidenta.

Miguel Ángel Rodríguez es un asesor resultadista o efectista, muy orientado a que cada acción de comunicación tenga eco en los medios y, por tanto, a asegurarse de llegar a los ciudadanos e instalar en ellos el mensaje deseado”, disecciona el politólogo y vicepresidente de la Asociación de Comunicación Política, Ignacio Martín Granados. “Entiende muy bien la lógica de los medios de comunicación y las emociones humanas”, analiza. “Usando un símil futbolístico, es como fichar a Mourinho de entrenador, cuando era top: te garantizas éxitos, pero a costa de polémicas deportivas y, quizá, de no hacer el mejor juego posible. Pero, al igual que en la política, parece que importan más los resultados que lo que dejas en el camino”, ejemplifica.

El resultado de la guerra civil del PP, abierta por el polémico contrato del hermano de la presidenta, es que quien lo quiso investigar se ha quedado por el camino porque ha tenido que dimitir (Pablo Casado y su número dos, Teodoro García-Egea). Y que quien no quiso aclarar lo que había pasado sigue en el cargo (Ayuso, a la espera de la opinión de la Fiscalía sobre la polémica). Un balance directamente relacionado con el contexto en el que se produjo el conflicto: los primeros titulares no se centraron en que el hermano de la presidenta hubiera ganado dinero gracias a un contrato con la Administración que ella preside, sino en el supuesto intento de la dirección nacional, siempre negado por Casado, de contratar a un detective para investigar el asunto.

“Es que Miguel Ángel es el mejor”, opina una fuente popular, atribuyendo a la influencia del jefe de gabinete de Díaz Ayuso que esos fueran los términos del debate, circunstancia que el Gobierno de la Comunidad de Madrid siempre ha negado. De hecho, a Rodríguez le gusta rebajar su influencia en el éxito de Díaz Ayuso.

―Son muy divertidas las peleas que tenemos―, contó el jefe de gabinete hace un año, en un programa de Telecinco en el que apareció junto a la presidenta, y en el que aseguró que la líder se salta el guion con frecuencia.

―A veces le digo: ‘Voy a decir esto’. Y él dice: ‘¡No, por favor, presidenta!’―, contestó ella.

La realidad es que el tándem Ayuso-Rodríguez, Rodríguez-Ayuso se retroalimenta. Son tal para cual. Cómplices con una relación simbiótica que va mucho más allá de lo profesional, y que se fortificó alrededor del pensamiento compartido de que un político debe estar en campaña permanentemente.

Esto dijo la presidenta de su subordinado en mayo pasado: “Además de mi jefe de gabinete, es, por encima de todo, mi amigo. Y lo es todos los días. Dejó atrás sus quehaceres, sus proyectos, y se enroló en esta maravillosa aventura. Es para mí un escudero, un protector, un compañero de aventuras, la persona que más me divierte, que más me inspira y que más me enseña”. Normal, por lo tanto, que Ayuso esté embarcada desde que saltó a la primera línea política en una guerra mediática que codirige con Rodríguez.

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Sobre la firma

Juan José Mateo

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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