GASTRONOMÍA

La pandemia coloca al histórico restaurante Lhardy en el precipicio

Abierto desde 1839 en pleno centro de Madrid, el local anuncia que entra en preconcurso de acreedores tras sufrir durante años dificultades económicas, que las restricciones sanitarias han acentuado

Emplatado de un cocido madrileño en el restaurante Lhardy de Madrid.
Emplatado de un cocido madrileño en el restaurante Lhardy de Madrid.SAMUEL SÁNCHEZ

Es uno de los pocos restaurantes centenarios de Madrid y, en sus seis majestuosos salones que lo mantienen en el Romanticismo en el que nació, ha ocurrido buena parte de la historia de la capital. En el espejo del Lhardy, decía Azorín, “nos esfumamos en la eternidad”. Abierto en 1839 a escasos metros del Kilómetro Cero de la Puerta del Sol, cuando la zarzuela sonaba en todos los rincones de la ciudad, un cúmulo de desafortunadas circunstancias ocurridas en los últimos años ha provocado que el mítico local haya anunciado este jueves que entra en un preconcurso de acreedores. Las restricciones sanitarias y la falta de turismo que ha provocado la crisis del coronavirus ha terminado por complicar su futuro. “Pero esta situación todavía no supone un cierre definitivo”, comenta por teléfono entre la resistencia y la resignación su gerente, Javier Pagola, que lleva más de 22 años trabajando en el restaurante de la carrera de San Jerónimo.

“Tenemos un plazo de tres meses para intentar reducir la deuda, negociarla y resolver el problema. Nuestra intención es continuar con el negocio”, afirma Pagola. “Hemos tenido que soportar las obras del nuevo centro comercial Canalejas. Se nos ha hecho muy largo. Los últimos seis años hemos tenido una valla en la puerta del local. Con el tema de Madrid Central también se notó un bajón. El remate ha sido la pandemia”.

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Ante tanto infortunio, pocas posibilidades de remontar ha tenido el restaurante, conocido entre otras cosas por su cocido. “La zona donde estamos nos impide tener terraza en la calle y la histórica decoración del local hace inviable trasladarse a otro lugar. Sería como mover un palacio a otro sitio”, comenta el que es uno de sus responsables. Y, aunque llevan entregando comida a domicilio desde que abrieron sus puertas en el siglo XIX, “mucho antes de que se pusiera de moda lo que ahora llaman delivery”, no ha servido para salvar las cuentas. ”Un local así tiene unos gastos fijos que ese servicio no puede compensar”.

Durante la pandemia, se acogieron a un Expediente de Regulación de Empleo (ERTE) en el que se mantiene en estos momentos el 60% de la plantilla. Llevan meses sin trabajar las noches ante la falta de visitantes nacionales y extranjeros, que eran los que principalmente ocupaban las mesas en ese turno. Y durante el día solo han atendido en el interior del local con un aforo de 50%.

Alfonso XII, Alfonso XIII, Felipe VI, Manolete, Alcalá Zamora, Lorca, Ortega y Gasset y Galdós fueron algunos de sus comensales ilustres. Ahora, de salvar el negocio en estos tres meses de preconcurso de acreedores, como avanzaba el diario El Mundo, todavía quedarían otros tres meses complicados por delante, explica Pagola, “porque durante el verano, el consumo en el centro de Madrid siempre experimenta un bajón”. Con las obras de Canalejas ya finalizadas y un posible acondicionamiento de la zona que permita en un futuro cercano colocar terrazas en ella, el Lhardy se enfrenta en este 2021 a una situación del todo o nada. El posible fin de la pandemia se suma a esa situación de incertidumbre. “Cuando pedimos el año los créditos ICO por el coronavirus, pensábamos que al final de ese verano el asunto sanitario iba a estar medio resuelto. Y mira cómo seguimos”, dice.

En junio de 2020, el Ayuntamiento de Madrid incluyó al Lhardy en un mapa cultural ilustrado bajo el nombre Restaurantes y tabernas de Madrid, que presentaba los 12 establecimientos emblemáticos de la ciudad con más de un siglo de historia para que “sigan sumando centenarios”. El Pleno del Ayuntamiento de Madrid aprobó a finales de este mes de enero, a propuesta del Área de Cultura, Turismo y Deporte, declarar a estos restaurantes espacios culturales y turísticos de especial significación ciudadana e interés general para la ciudad. “En un futuro será bueno, a nivel turístico y promocional, pero para nosotros quizá llegue demasiado tarde”, lamenta el gerente del local.


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