Alerta en las despensas vecinales improvisadas en Madrid

Las asociaciones de residentes temen la continuidad de sus repartos de comida durante el verano y reclaman al Ayuntamiento de la capital que tome el relevo

La asociación de vecinos del Pozo del Tío Raimundo atiende en el reparto de comida a 100 familias más desde la crisis sanitaria.
La asociación de vecinos del Pozo del Tío Raimundo atiende en el reparto de comida a 100 familias más desde la crisis sanitaria.VICTOR SAINZ

Las redes de reparto de comida improvisadas y no profesionales para plantar cara a la pandemia agotan poco a poco sus recursos. Tras un centenar de días bajo estado de alarma y con la llegada del verano y el regreso de voluntarios que estaban bajo expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) a sus puestos de trabajo, los grupos de vecinos y sus despensas solidarias de alimentos empiezan a perder gas. Cada vez hay menos manos y menos donaciones, pero el número de familias necesitadas no decrece, según alerta la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM).

“La solidaridad tiene un límite. No se va a poder seguir ayudando mucho más tiempo”, dice el presidente de esta asociación, Quique Villalobos. “El Ayuntamiento está desaparecido de los barrios”, se queja. Antes de la pandemia eran muy pocos los grupos de la FRAVM que hacían esta labor. Tras más de dos meses, algunas han empezado a clausurar este servicio y otras anuncian cierres inminentes.

Las asociaciones de vecinos llevan semanas protagonizando un tira y afloja con el Ayuntamiento que se está enquistando. En los últimos días se suceden las protestas ante las sedes de las Juntas de diferentes distritos, como este jueves en Latina y el miércoles en Ciudad Lineal, para reclamar que el Consistorio releve su asistencia a miles de familias. Lo curioso es que, en una especie de pescadilla que se muerde la cola, tanto el Ayuntamiento como la federación vecinal piden que sean los Servicios Sociales los que canalicen la ayuda. Pero no se ponen de acuerdo en el procedimiento para darse el testigo.

En la actualidad, unos 133.000 residentes en Madrid reciben alimentos, 88.000 vía Servicios Sociales y 45.000 en redes vecinales, según los balances del Consistorio y de la FRAVM, de mayo.

En la Asociación de Vecinos del Pozo del Tío Raimundo se hace repartos de comida desde hace 14 años, pero con la crisis del coronavirus sus despensas han aumentado para abastecer a 100 familias más de las 287 a las que ya ayudaba. “Ha sido necesaria una pandemia para visibilizar que esto no funcionaba y no se estaba haciendo bien”, asegura Gabriel del Puerto, presidente de la asociación. “Los vecinos estamos quitando la responsabilidad al Ayuntamiento, no podemos seguir haciendo un trabajo que no es nuestra competencia, pero no vamos a dejar de hacerlo hasta que no veamos algo que funcione”, añade sobre su caso.

María, Raquel, Carmen, Sara y Ana, todas estudiantes universitarias de entre 21 y 23 años, colaboran como voluntarias desde hace cinco semanas para atender a 100 mujeres del Espacio Mujer Madrid, un centro de atención integral de las mujeres de Puente de Vallecas. “Antes no existía esta despensa, pero a raíz de la pandemia han llamado muchas mujeres diciendo que no tenían nada para comer porque muchas han perdido el trabajo”, explica Carmen. Cuando comenzaron los repartos, la asociación les dijo que “pronto iba a llegar a su fin porque es algo circunstancial”. “No sabemos muy bien cuánto va a durar, pero seguiremos lo que podamos”, reconoce Ana.

Complicado de mantener

Jediael Álvarez, portavoz del grupo municipal socialista de Puente de Vallecas, subraya que “va a ser complicado mantener” las despensas solidarias debido a las vacaciones y la reincorporación de los vecinos a sus puestos de trabajo. Según datos del Ayuntamiento, casi el 14% de los ciudadanos cree que necesitará ayuda de los Servicios Sociales debido a la crisis. El número de desempleados registrados en junio en los Servicios Públicos de Empleo en la Comunidad de Madrid bajó en 2.160 personas con respecto a mayo, un 0,5% menos, hasta 417.199. Pero son 82.597 desempleados más que hace un año. La mayoría (334.354), del sector servicios.

“Esto es una responsabilidad que tiene que asumir el Ayuntamiento” en colaboración con las asociaciones, señaló el lunes el alcalde durante su visita a unas cocinas en Cuatro Vientos. José Luis Martínez-Almeida se refirió además a la reunión —la primera desde que hace un año llegó a la alcaldía— que mantuvo la semana pasada con la FRAVM. Ahí la federación vecinal reclamó al Consistorio que se haga cargo de la alimentación de las familias que están asumiendo las redes de los barrios.

El miércoles 8 de julio tienen previsto un nuevo encuentro, esta vez con el delegado del Área de Familias, Igualdad y Bienestar Social, Pepe Aniorte. Villalobos insiste en que Almeida le dijo que los concejales responsables de cada uno de los 21 distritos se iban a encargar de coordinarse con las asociaciones, pero que, en general, eso no está ocurriendo.

Los Servicios Sociales, a través de las Juntas municipales, colaboran para el reparto de comida con una red de ONG, Banco de Alimentos, Cruz Roja, Caritas, parroquias y comedores sociales, además de contar con entidades colaboradoras (empresas, sector hostelero, Mercamadrid...).

El Gobierno de coalición de PP y Ciudadanos lleva semanas reclamando a estas asociaciones los datos de los madrileños a los que ayudan para hacerse cargo de ellos. “No es una cuestión de dar o no datos”, insiste Villalobos. “Que vengan los trabajadores sociales a tomar los datos. Lo que no vamos nosotros a hacer es su trabajo”.

El presidente de la FRAVM entiende en todo caso que los servicios municipales están desbordados. “Hay gente a la que están dando cita para el año que viene o personas a las que no se atiende por estar recibiendo ya la renta mínima”, lamenta.

Hay distritos en los que las relaciones entre la Junta y las asociaciones están más o menos engrasadas, explica el presidente de la FRAVM, como en Arganzuela, Puente de Vallecas o Villaverde; en Villa de Vallecas, la concejal responsable, “aunque es la misma que en Villaverde”, se ve más con el párroco que con los vecinos. “Y ya lo del Fuencarral es exagerado”, se molesta Villalobos refiriéndose al conflicto con el concejal del PP Javier Ramírez, que ha llegado incluso a protagonizar un agrio debate en el pasado pleno municipal con Más Madrid. “Las calles de Montecarmelo no son Venezuela”, dijo Ramírez para justificar que no autorizó a los vecinos recoger comida en el exterior de un supermercado.

Las mesas de diálogo para afrontar la crisis del coronavirus en los distritos, de las que alguna vez hablaron miembros del Gobierno municipal, han quedado en aguas de borraja. Eran en principio una exigencia de la oposición, pero no están finalmente en los acuerdos de reconstrucción ratificados este jueves. “Lamentamos” que se hayan quedado en el camino, dijo el martes Pepu Hernández, portavoz del grupo municipal socialista, que esta semana visitó a una de las asociaciones vecinales que reparten comida en el Pozo del Tío Raimundo.

Tarjeta monedero

Sí se recoge la creación de una Tarjeta social municipal —un proyecto para el que no se ha puesto fecha concreta— para implantar con “carácter urgente” una vía que “canalice el pago de las ayudas económicas temporales de especial necesidad de alimentación destinada a paliar la crisis social por la Covid-19”. Con ella se podrá pagar “en cualquier establecimiento de alimentación, incluido el pequeño comercio de la ciudad de Madrid para la adquisición de productos de alimentación de higiene y primera necesidad”.

En Ciudad Lineal los miembros de sus redes vecinales salieron el miércoles por la tarde a protestar frente a la Junta del distrito. Desplegaron 50 cajas de comida vacía, las mismas que cada semana llenan con alimentos y productos de limpieza e higiene de donaciones de vecinos para nutrir a más de 600 familias. “Estas son las cestas que la junta es incapaz de llenar”, se leía en sus pancartas. Ahora temen no poder hacer frente a la emergencia alimentaria, como demuestra la Asociación Vecinal La Nueva Elipa, que cerrará su despensa solidaria el 4 de julio por problemas de abastecimiento. Este viernes deja de repartir comidas diarias la despensa de la red vecinal de Villaverde Alto y ayer hizo su última recogida de alimentos la despensa de Lucero, en Latina. Después echará el cierre.

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