LA BARCELONA POSTCOVID

Barcelona reduce el espacio para los coches y lo cede a peatones y bicis

El Ayuntamiento habilitará nuevos carriles para bicicletas, ensanchará aceras y reforzará los autobuses

Un hombre cruza el carril lateral de la Gran Via de Barcelona, donde se cortará el tráfico para dar espacio a los peatones.
Un hombre cruza el carril lateral de la Gran Via de Barcelona, donde se cortará el tráfico para dar espacio a los peatones.Albert Garcia

El Ayuntamiento de Barcelona diseña desde hace semanas el día después del coronavirus. Cuando se inicie el desconfinamiento y la ciudad comience a recuperar el pulso, sin que el transporte público pueda asumir la demanda habitual y con el distanciamiento que impone evitar contagios. La idea es ganar espacio para peatones y bicicletas. ¿Cómo? Quitándoselo al coche, para evitar también los índices de contaminación previos a la pandemia. El consistorio anunció este sábado que eliminará el tráfico en el carril lateral mar de la Gran Via y en los de la Diagonal, en sus tramos más céntricos. Creará 21 kilómetros de carriles bici y ensanchará las aceras de Via Laietana.

Con este paquete de intervenciones se ganarán 12 kilómetros de calles para peatones (30.000 metros cuadrados). En total, la inversión será de 4,4 millones de euros. Algunas de las actuaciones suponen acelerar medidas ya anunciadas, como ensanchar las aceras de la Vía Laietana. Se hará con “urbanismo táctico”: sin obras y utilizando solo pintura y señalización. También se agilizará la conversión de Consell de Cent, Rocafort y Girona en ejes pacificados, y también con intervenciones provisionales. También se reforzará el servicio de autobuses de Transportes Metropolitanos de Barcelona y se actuará en los carriles bus para que ganen velocidad.

La alcaldesa Ada Colau puso en valor la “anticipación al escenario de desconfinamiento, para no volver a la contaminación de antes pero manteniendo la movilidad sostenible y segura”. La teniente de alcalde de Urbanismo, Janet Sanz, se refirió a la “necesidad de que la salud tenga espacio en la agenda urbana”, y a la pregunta de si las actuaciones serán para siempre la respuesta fue confusa: “han venido para quedarse”, respondió, pero también dijo que “está por ver si pueden ser estructurales”. La edil de Movilidad, Rosa Alarcón, resumió que la ciudad “se prepara para no pasar de una crisis de salud a otra ambiental”.

Los cambios anunciados fueron celebrados pero tachados de “insuficientes” por colectivos como Eixample Respira y también por expertos en urbanismo. El ambientólogo Miquel Ortega y el arquitecto David Bravo coincidieron en reprochar que “se olvida la fórmula más barata y rápida para ensanchar aceras: sacar las motos y bajarlas a la calzada”. “Son medidas apropiadas para la galería pero no para reducir la contaminación del aire o acústica”, lamentó Bravo. El urbanista Pablo Martínez, del despacho 300.000 kilómetros, opinó que “la propuesta estratégica es correcta, pero es poco porque hay muchos barrios con calles con aceras inferiores a los dos metros”.

Reset, un equipo para la ciudad postcovid

Pero el espacio público es solo una de las patas en las que se centra grupo de trabajo de políticos, gerentes y técnicos de todas las áreas para dar respuesta a la ciudad postcovid. Reset, lo llaman. Entre las propuestas que elaboran figura acelerar proyectos ya previstos: supermanzanas, reducir plástico de un solo uso que ha aumentado o rehabilitar viviendas para mejorar su confort y eficiencia energética y crear empleo. Y también hay ideas nuevas: se quieren captar pisos turísticos para convertirlos en viviendas de alquiler asequible o cambiar normativas para que los pisos nuevos tengan balcones, espacios y azoteas de uso comunitario.

En la redacción de nuevas normas es una oportunidad de oro la reedición del Plan General Metropolitano (PGM), que fija las normas urbanísticas desde 1976. El director de desarrollo de Políticas Urbanísticas del Área Metropolitana de Barcelona, Josep Maria Carreras, entiende que el nuevo Plan director urbanístico metropolitano “deberá incorporar regulaciones normativas que no estaban previstas” y cita “nuevas condiciones para los espacios construidos, el trabajo, el consumo y como se afronta el incremento previsible de la pobreza y se reorienta una respuesta desde el planeamiento”.

La crisis social es otro frente a abordar. La mitad de los barceloneses ha visto como sus ingresos caían (por un ERTE, porque se han quedado sin empleo o pertenecen a un sector que ahora no trabaja). Los servicios sociales van camino de triplicar las ayudas de emergencia. Con partidos hermanos del gobierno local (comunes y PSC) en el ejecutivo de Madrid (PSOE y Podemos), Barcelona aprieta para que se avance en varios aspectos. Que se apruebe un ingreso mínimo vital, para regularizar a migrantes en situación ilegal (para dar acceso a esta renta a 10.000 vecinos que ahora no lo tienen), para prorrogar la moratoria de desahucios, que se limite el precio del alquiler o que los ayuntamientos puedan generar déficit para afrontar el gasto que se avecina.

Acelerar transformaciones

“La crisis nos ha puesto un espejo delante y ya que hemos hecho lo impensable, que era parar, a la hora de arrancar tenemos que ser valientes; no se trata de hacer la revolución, pero sí dar un empujón y acelerar transformaciones”, defiende el concejal de Presidencia, Jordi Martí.

En materia de Vivienda, la concejal Lucía Martín no duda que “la emergencia habitacional crecerá” y ve en el descenso de la actividad turística una oportunidad para captar vivienda o residencias enteras. “Tener secuestradas tantas viviendas con tan poca demanda no es lógico”, cree.

Desde el área de Emergencia Climática, el concejal Eloi Badia señala a los estudios que vinculan el cambio climático y la pérdida de biodiversidad con la pandemia y defiende: “No podemos pensar que volver a lo de antes es la solución”. En este sentido la pauta a seguir son las medidas previstas en la Declaración de Emergencia Climática.

Desde el Colegio de Arquitectos, su decana, Assumpció Puig admite que su gremio debe hacer “autocrítica, por los déficits que se ha revelado que tenían las viviendas que durante décadas se han pensado sobre todo para ir a dormir: de balcones, de sol, de espacios versátiles”. “La vivienda tendrá que permitir otros usos, como los pabellones residencias u hoteles”, afirma.

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