Noemí Casquet: “Consumimos cuerpos como si fueran vibradores”

La periodista catalana arrasa en redes sociales hablando de sexo y con libros superventas como la trilogía ‘Malas’, ‘Zorras’ y ‘Libres’

Entrevista a Noemí Casquet, a finales de julio en Madrid.Foto: Olmo Calvo | Vídeo: Paula Casado

Noemí Casquet sabe lo que es mezclar el sexo con el trabajo. Se ha especializado en ello como periodista y arrasa en redes sociales (aunque a veces la censuran) y con sus libros de título provocador con vocación de superventas. De ahí Malas, Zorras y Libres, una trilogía en la que esta comunicadora catalana (Barcelona, 29 años) con residencia en Madrid explora tipos, clichés, traumas y liberaciones pendientes o pasadas de vuelta. Entre el poliamor y el romanticismo, de las páginas de ligar a la gastronomía con semen, no existen tabús para Casquet.

Pregunta. Ha experimentado con todos los portales de citas, se ha dado al poliamor, ha exprimido la masturbación como fin y consuelo; de ahí al vacío, dice que hay un paso, ¿cuál?

Respuesta. Las mejores vistas se encuentran en el abismo y aconsejo mucho a la gente a acercarse. El sexo te lleva al origen y el vacío en parte anda por ahí. Un big bang es un pequeño orgasmo. Follar me acerca a Dios.

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P. ¿Una mística?

R. Una herramienta meditativa poderosa.

P. No me diga que es una experiencia religiosa.

R. No tiene por qué, pero hay un lugar más allá de lo carnal. Cada uno medita como quiere y cuando se folla, en principio, no deberíamos estar pensando nada más que en eso. Nos conduce a un momento presente. Una pequeña parte de ti se desconecta de la mente y se dirige a otro lugar.

P. También recomienda que en una vida plena de sexo haya hueco para el amor.

R. Es que el sexo y el amor son lo mismo.

P. ¿En serio…? ¿Siempre?

R. No puedo hacerlo si no amo, aunque sean dos horas, a la persona con quien estoy.

P. Pero eso lo descubrió más tarde.

R. Sí. Hace relativamente poco. Vivimos en una sociedad cada vez más hipersexualizada. El cuerpo forma parte del control del sistema. Cuando nos fuerzan a una libertad que roza el libertinaje, algo falla. Te limitas a masturbarte con otros cuerpos, los consumimos como si fueran vibradores. El hiperconsumo se traslada al sexo y nos distancia de las emociones: ¿por qué? Si entras en mi templo…

El sexo te lleva al origen y el vacío en parte anda por ahí. Un big bang es un pequeño orgasmo. Follar me acerca a Dios

P. Ya estamos con la experiencia religiosa.

R. Conmigo, siempre. Si entras, digo, te tengo que amar.

P. Generaciones anteriores a la suya crecieron con el convencimiento de que amor y sexo iban directamente conectados. La suya, por lo que dice, no parece muy a tono con el romanticismo.

R. Son cosas distintas el romanticismo y el amor romántico. Lo último son conductas que entroncan con lo posesivo, cuestiones que tienen que ver con el sexo y las cuestiones afectivas.

P. ¿Vamos hacia el sexo mecánico?

R. Se hace, sí, sin mirarse a los ojos. Si paseas por un club swinger, observas que puede resultar un gran deporte. Es parte de la sociedad de consumo, tiene que ver con la tecnología también, con la robotización. Parte de mi trabajo consiste en tratar eso.

P. Entre el culto al falo y el culto al clítoris, ¿qué distancia hay?

R. El culto al falo es ancestral en varias culturas y el otro relativamente reciente. El falo está asociado a la fertilidad, necesitas la eyaculación para que exista la fecundación y eso ha jugado como ventaja. Luego está el culto a la sexualización del pecho femenino, que nos lleva de nuevo al origen.

P. ¿Cómo fue su educación sexual, si es que la tuvo?

R. La tuve y fue maravillosa. Me la dieron mi madre y mi abuela. Mi madre fue siempre muy explícita con ello, desde que tuve curiosidad hacia los 11 o 12 años. A los 14 le pregunté por sus fantasías sexuales. A esa edad perdí la mal llamada virginidad.

A los 14 años le pregunté a mi madre por sus fantasías sexuales. A esa edad perdí la mal llamada virginidad

P. ¿Por qué mal llamada?

R. Porque no se pierde en el acto en sí, la primera vez, sino que se va cuando desaparece la inocencia con el sexo.

P. ¿Cuáles son las fortalezas y debilidades del hombre respecto al sexo y de la mujer?

R. Si nos ponemos en modo bigénero, le diría que, en el hombre, la ansiedad de ejecución: el mito del empotrador. En las mujeres, miedo a decir que no y mucha complacencia. Nos empujan a ser las elegidas y esa es la consecuencia.

P. O sea, que no ha cambiado nada.

R. No, porque no existe una educación sexual. Y mientras no se dé, no avanzaremos. Los canales más grandes en la ficción en masa o la comunicación son demasiado poderosos aún.

P. ¿Ha fracasado Freud?

R. No me gusta nada Freud. Era un machista, todo se reducía al sexo como problema y para mí es una solución.

P. En su caso, mezclar el sexo con el trabajo, ¿es un problema?

R. Lo que le puedo decir es que cuanto mejor me va con el trabajo, peor me va con los hombres y las mujeres.

P. ¡Vaya por Dios! A ver, en el programa de David Broncano confesó que tenía 2.000 euros en el banco pero que practicaba sexo a diario.

R. Entonces, sí. Pero mentí respecto a la cuenta corriente: era menos. Me daba vergüenza admitirlo. ¡Qué cosas!

P. ¿Y ahora cómo anda el balance?

R. Pues al revés. Sexo mal, una vez al mes y 100.000 euros en el banco.

No existe una educación sexual. Y mientras no se dé, no avanzaremos. Los canales más grandes en la ficción en masa o la comunicación son demasiado poderosos aún

P. ¿No exagera?

R. No. Me va muy bien económicamente. Pero no sé por qué, no follo tanto. No sé qué pasa. Quizás el éxito asuste bastante. Al hablar de sexo, además, se presenta otro inconveniente. O te idealizan o se cagan y se bloquean. Estoy en un limbo: gracias a Dios tengo dedos y vibradores.

P. ¿Por qué se vino de Barcelona a Madrid? ¿Sufrió un procés sexual?

R. Me vine en 2018, en moto y con 37 céntimos en la cuenta. Un 14 de abril. Escapaba de una relación poliamorosa tóxica. Me abrí camino poco a poco con mucho trabajo y sacrificio hasta decir con la cabeza bien alta eso: que tengo 100.000 euros en la cuenta.

P. ¿En ello han tenido que ver los títulos de sus libros: Zorras, Malas y Libres?

R. Y Mala mujer, que fue el primero. Pero ser mala mujer no tiene nada que ver con ser mala persona. Lo primero es una cuestión de educación. De nosotros depende romper con el sistema o perpetuarlo. Pero es difícil, a mí me siguen censurando las cuentas en Instagram y Tik Tok por hablar de sexo. En YouTube, igual. Escogí el camino más difícil. ¡Ya podría yo haberme puesto a hablar de zapatos!

Me siguen censurando las cuentas en Instagram y Tik Tok por hablar de sexo. En YouTube, igual

P. Esto de trabajar con estos temas, ¿no le quita chispa?

R. ¡Qué va! El día que me aburra de esto, lo dejo. No tengo plan b y llevo en esto más de 10 años. Hasta he cocinado con semen.

P. ¿Qué plato?

R. Unos tallarines. Con semen fresco, recién ordeñado. Lo mezclé con soja, salió un poco dulce. También hice panna cotta, pero quedó con un regusto así, en la garganta, como espeso.

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Sobre la firma

Jesús Ruiz Mantilla

Entró en EL PAÍS en 1992. Ha pasado por la Edición Internacional, El Espectador, Cultura y El País Semanal. Publica periódicamente entrevistas, reportajes, perfiles y análisis en las dos últimas secciones y en otras como Babelia, Televisión, Gente y Madrid. En su carrera literaria ha publicado ocho novelas, aparte de ensayos, teatro y poesía.

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