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Así actualiza y sofistica la nueva extrema derecha sus medios de propaganda en las redes

El fascismo actualiza sus códigos. Más crípticos y ambiguos, burlan la censura llegando a más público a través de las redes sociales, sirviéndose tanto de la imagen de inocentes atletas polacas como de guiños a poetas del siglo XX admiradores de Mussolini o configuraciones numéricas que pueden esconder mensajes de negación del holocausto

La velocista polaca Ewa Swoboda (derecha), durante una competición en verano de 2024.

Una atleta polaca con unas uñas postizas larguísimas. Unos emoticonos de paquetes de zumo. El código “271K”. La puntualidad del sistema ferroviario. ¿Qué tienen en común? Son solo algunos de los nuevos símbolos que usa la extrema derecha para burlar la censura y hacer propaganda.

Los politólogos llaman a este tipo de códigos dog whistle. Cuando se los entrena, los perros policía no reciben tanto afecto como los civiles. Para su entrenamiento se usan silbatos con frecuencias inaudibles para nosotros, pero nítidas para ellos. Estos silbidos (dog whistle en inglés) son, también, política. Los dog whistle son eufemismos o claves emitidos en entornos amplios dirigidos a una minoría que sabe su significado mientras la mayoría lo ignora. Por ejemplo, el saludo de Elon Musk que aún suscita debate sobre qué fue realmente y qué no.

Guillermo Fernández-Vázquez, profesor en la Universidad Carlos III y autor de Qué hacer con la extrema derecha en Europa. El caso del Frente Nacional, explica que los dog whistle no son exclusivos de la extrema derecha. Sin embargo, arguye que este espectro político, al haber sido diabolizado (“con razón”), intenta presentarse más tolerable para la opinión pública pero manteniendo en sus discursos guiños para aquellos más radicales. Como hizo, o no, Musk. Estos guiños, argumenta, adoptan multitud de formas, como palabras, bromas, nombres, ciertos adjetivos… Y es aquí cuando entra la imaginativa radical. Un simple matiz cambia todo, con una capa de pintura de “comedia” se difunden discursos de odio. “En redes sociales se puede hacer dog whistle de forma mucho más masiva que lo que podrían hacer los partidos políticos”, destaca.

Ewa Swoboda es un ejemplo. Cuando la velocista polaca ganó en 2019 una prueba, saludó con la mano derecha (gesto castrense), rápidamente rectificó y lo repitió con la izquierda (gesto civil). Esta confusión anodina no pasó inadvertida. Desde entonces, extremistas en redes sociales difunden ahora sus carreras, especialmente aquellas en las que gana a atletas negras. Todo a pesar de que Swoboda no tiene vinculaciones con ese mundo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, fascistas y neonazis se refugiaron bajo el paraguas de códigos alfanuméricos: HH y 88 (Heil Hitler), 14 (eslogan de 14 palabras del supremacismo blanco), AHTR (Adolf Hitler Tenía Razón) y otros tantos fueron durante tiempo moneda de uso común entre ellos. Ahora han mutado, los códigos ya no son los de American History X. Pero la intolerancia vive. Para difundir contenido antisemita usan emoticonos de zumo por la similitud en inglés entre las palabras jew (judío) y juice (zumo). “271K” es un argumento negacionista del Holocausto basándose en un falso informe de Cruz Roja que certifica la muerte de solo 271.000 judíos (frente a las cifras de entre cinco y seis millones que manejan los expertos). Una larguísima lista de códigos ampliada cada año (cada vez con más islamofobia) y que varía según el territorio. Los extremistas griegos portan banderas más oscuras que la actual en referencia a la dictadura; los italianos usan referencias al poeta estadounidense (admirador de Mussolini) Ezra Pound o hablan de trenes por la supuesta puntualidad que tenían con Il Duce. Y, en España, Abascal hizo referencia al fascista Ramiro Ledesma en un debate el 5 de noviembre de 2019, y Vox lo replicó en redes después.

Toda esta nueva simbología de ultraderecha consigue burlar la censura y llegar a más público a través de las redes sociales. Look with thine ears (mira bien con los oídos), dijo el rey Lear al conde de Gloucester, sin saber que tendríamos que hacerlo nosotros también.

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