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Fangoria: “Los bobos serán sustituidos por la inteligencia artificial, pero los inteligentes no tienen de qué preocuparse”

Alaska y Nacho Canut se conocieron en 1977, cuando ella tenía 14 años, y él, 19. Casi medio siglo y varias bandas y modas después, siguen juntos. Su nuevo disco, ‘La verdad o la imaginación’, es una vuelta a un sitio del que jamás se han ido: la electrónica y el dance europeo. “Todo lo importante en España ocurrió hace 50 años”, aseguran.

Alaska y Nacho Canut, de Fangoria, retratados el 11 de marzo.Jerónimo Álvarez

Las modas pasan, pero Alaska y Nacho permanecen. María Olvido Gara Jova (Ciudad de México, 62 años) e Ignacio Juan Canut Guillén (Valencia, 68 años) se conocieron en 1977, cuando ella tenía 14 años, y él, 19. En vísperas de la explosión de la Movida madrileña, formaron la banda de punk rock Kaka de Luxe junto a Carlos García Berlanga, Fernando Márquez, Manolo Campo­amor y Enrique Sierra. Tras su disolución, crearon Alaska y los Pegamoides. A comienzos de los ochenta, con la eclosión del pop español, se convirtieron en los “ar­chirri­vales” de Mecano. Luego vino Dinarama y, desde 1989, Fangoria. A lo largo de este casi medio siglo han hecho de todo: rock, punk, pop, electrónica, dance. Sus estilos cambian, pero ellos siguen siendo los mismos. Una década después de Canciones para robots románticos, vuelven con un nuevo LP, La verdad o la imaginación, un regreso al sitio del que nunca se han ido, puro y duro eurodance.

¿Por qué han esperado una década para publicar un nuevo LP?

Alaska: No hemos esperado. Entre medias hemos sacado tres EP y un disco en directo con piano.

Nacho Canut: Nosotros lo hacemos todo por tres.

Este disco tiene un sonido muy tecno y electrónico. ¿Qué lugar tiene este tipo de música en la era de los sonidos urbanos y latinos?

N. C.: Ah, ni idea.

A.: Pero lo urbano y lo latino también es electrónico. En la música urbana, hasta las voces son electrónicas. Mira el auto-tune.

N. C.: Nosotros hemos trabajado con un holandés que vive en Francia, un señor muy europeo [el productor discográfico Matt Pop]. Eso me encanta y es verdad que no pega nada con nada. Nosotros miramos a Europa. Nos encanta Bad Bunny, nos encanta lo latino, pero miramos a Europa.

A.: En De qué me culpas, uno de nuestros EP, hicimos nuestra incursión en el trap.

N. C.: Es verdad. Hace mucho llevábamos de teloneras a un grupo de reguetón.

A.: Era el primer grupo de reguetón travesti. Se llamaba Leopardo no Viaja y lo formaban Topacio y Lara Sajen. Fue hace 20 años. El reguetón ya estaba de moda en Argentina. Tú piensa que el bum de Daddy Yankee y Don Omar ya tiene 30 años. Ahora lo llaman reguetón old school.

Entonces les gusta la música latina.

A.: A nosotros nos gusta, pero a nuestros cuerpos no. Es como cuando los faros de un coche iluminan a una gacela y se queda paralizada. Nosotros somos la gacela.

N. C.: No nos vemos haciéndolo. Nos gusta, pero no sabemos cómo reaccionar. Yo no sabría qué ponerme si tengo que tocar esa música.

Su sonido es más Kraftwerk, más “civilizado”.

N. C.: Exacto.

A.: Es que claro, entre Kraftwerk y el merengue, claramente nos quedamos con Kraftwerk. Adoramos a Celia Cruz y Fania All-Stars, pero nosotros somos más de Kraftwerk. Somos eurodance.

Las canciones de este nuevo disco hablan de relaciones: con un ex, con el alcohol y las adicciones… Hablando de relaciones, llevan casi 50 años juntos. Son como la democracia española.

N. C.: Todo lo importante en España ocurrió hace 50 años. Todo lo importante viene de finales de la década de 1970.

A.: Siempre dicen que somos un grupo de los años ochenta y no es así. Somos un grupo de los setenta.

N. C.: Y se nos nota mucho porque tenemos todos los vicios, las manías y las virtudes de los setenta.

¿Qué balance hacen de estos 50 años?

A.: Estamos aquí sentadas, hablando contigo de un disco nuevo. Seguimos haciendo lo que queríamos hacer cuando éramos pequeños.

N. C.: Ya están todas las entradas vendidas. ¿Qué mejor balance podemos hacer? Hacemos lo que nos gusta y con quien nos gusta. No podemos quejarnos.

Alaska, usted tenía 14 años, y Nacho, 19, cuando empezaron.

N. C.: Recuerdo que, cuando fuimos a firmar nuestro primer contrato discográfico, éramos todos menores de edad y necesitamos la firma de nuestros padres.

A.: Sí, mi primer contrato con Kaka de Luxe lo firmó mi madre.

¿Nunca barajaron separarse?

N. C.: No, porque siempre hemos tenido problemas con otros miembros. Entre nosotros, jamás.

A.: Tú piensa que empezamos siendo siete. Luego, fuimos cinco. Luego, tres. Y ya, nosotros dos. Con Fangoria van a ser 37 años.

N. C.: Ahora es muy fácil tener un grupo así, de dos, gracias a la tecnología. Antes había que ir a ensayar todos juntos y siempre había un batería pesado o uno que llegaba tarde. Ahora, no. La tecnología facilita mucho todo. Ha sido nuestra salvación. Sin ordenador y tecnología, no habríamos durado.

A.: En los ochenta ya teníamos caja de ritmos.

N. C.: Incluso antes. Ya en 1979 teníamos una caja de ritmos. Si tienes un batería estrella, dices: vale, que toque la batería. Pero sin una estrella, ¿para qué vamos a necesitar un batería? Preferimos un ordenador y lo programas.

¿No les preocupa la inteligencia artificial?

N. C.: La IA está fenomenal. No tengo nada en contra de ella. No puedes tener nada en contra de la inteligencia. Si se llamara idiotez artificial, la cosa sería distinta.

Bueno, le pusieron el nombre de inteligencia precisamente para eso, para que sea atractiva.

A.: Ahí tiene razón.

N. C.: Pero la IA es listilla. Si tú le preguntas algo a ChatGPT, te contesta bien, educadamente, y te da información. La herramienta no es mala, lo malo es lo que hagas con ella, como con el móvil. Eso sí, yo he intentado hacer música con la IA y ha salido una mierda. No sirve. Quizá la de pago sea mejor. Yo es que uso una gratuita francesa. La inteligencia artificial no sustituirá a la inteligencia natural. La gente que es boba será sustituida por la IA, pero los que son naturalmente inteligentes no tienen de qué preocuparse.

Ante tantos avances tecnológicos, ¿hay cierta nostalgia del pasado?

N. C.: Esto no es de ahora. En los ochenta había nostalgia de los Beatles. Siempre hay nostalgia de algo.

A.: Ahora hay nostalgia de todo. Ahora todo es: “I love the 80s”, “I love the 70s”, “I love the 60s”.

N. C.: Ahora hay gente que tiene nostalgia de Britney Spears y Christina Aguilera.

¿No nos gusta el presente?

N. C.: Nunca nos gusta el presente. Yo tengo nostalgia del britpop, de Suede y Oasis. La nostalgia es una gilipollez, pero a todos nos da de vez en cuando.

También hay cierto pesimismo, ¿no?

N. C.: Yo es que no soy pesimista, así que no lo soy con el presente. Creo que todo va a ir a mejor, como siempre. Cada vez hay menos hambre y cada vez muere menos gente en las guerras. Las cifras lo avalan.

A.: No comparto. Yo soy una chica gótica, soy Emily the Strange. Para mí las cosas siempre están mal. En nuestra infancia, la Guerra Fría era el gran miedo.

Bueno, hemos vuelto a la Guerra Fría.

N. C.: Y antes de la Guerra Fría era Vietnam. Siempre hay algo. Siempre estamos igual y con las mismas cosas, pero no soy pesimista. Creo que todo va a mejor.

A.: Pero si antes de la entrevista decías que desde la pandemia notas que todo va a peor.

N. C.: A ver, se está degradando todo. Mira, por ejemplo, la Gran Vía. La comparas con la Gran Vía de los años veinte del siglo pasado y te das cuenta de que ya no es habitable. Mira los aviones. Volar es cada vez peor, los asientos son cada vez más pequeños, la comida que te sirven es cada vez más fea. Pero esto es una cosa del siglo XXI. Desde la pandemia está todo degradándose. Tocaremos fondo y volveremos a subir.

¿Tendremos que pasar por la Edad Media para llegar al Renacimiento?

N. C.: La Edad Media me encanta, era todo muy bonito.

Bueno, depende de en qué estamento estuviera.

N. C.: Igual que ahora, como siempre.

Fangoria y Madrid son dos conceptos indisociables.

N. C.: Sin ser de Madrid ninguno de los dos.

Como casi todos los madrileños.

A.: ¡Exacto!

¿Cómo ven la ciudad?

N. C.: Madrid está insufrible en su modernidad.

A.: Como todas las metrópolis del mundo. Las ciudades se han uniformizado. Pero Madrid siempre tiene una cosa y es que te acoge. Es acogedora. Pero sí, en todos lados hay esa sensación de que ya no se puede vivir en la ciudad.

N. C.: La gente piensa que Madrid es la Puerta del Sol, pero es muchísimo más que eso. Las cosas más interesantes están fuera del centro. Hay que salirse del centro. Pero Madrid siempre me ha gustado.

A.: Es que ha sido una elección para nosotros. Elegimos vivir en Madrid, y cuando haces una elección te reafirmas doblemente. Nosotros queremos estar aquí.

¿Qué música escuchan ahora?

N. C.: Toda. El problema que tengo yo con Spotify es que hay tanta música que no tengo horas para escucharla. Quiero escucharlo todo. Tengo playlists de reguetón, house, psicodelia, novedades…

Hay cierta nostalgia por las bandas antiguas. ¿Qué les parece el regreso de La Oreja con Amaia?

N. C.: Yo soy fan de Leire.

A.: Nunca hemos sido de regresos porque nunca nos hemos ido. Y los que se han ido del grupo, no han vuelto.

N. C.: Es muy feo cuando la gente dice que se va, da un portazo, y luego vuelve.

A.: Peor, a nosotros nos ha pasado que uno dijo que se iba y estaba esperando al otro lado de la puerta para que lo llamáramos. La primera vez hicimos como que no había pasado nada, pero no hubo segunda vez.

Sus nombres llevan medio siglo asociados a la palabra modernidad. ¿Qué significa ser moderno?

A.: Para el disco Una temporada en el infierno cogimos una frase de Arthur Rimbaud que decía: “Hay que ser absolutamente moderno”. En un momento dado, es más moderna una postura de Rimbaud de hace más de un siglo que la de cualquier tiktoker de ahora.

N. C.: Ser moderno es vivir tu época. Ya está. No es estar a la última porque eso nunca fue moderno. La gente que siempre está a la última no es moderna. Modernas son esas señoras de 80 años que ves en Nueva York.

A.: Una vez vimos a una señora fumando en [los grandes almacenes] Saks. Le llamaron la atención y le dio igual.

N. C.: Siguió fumando. Esa señora era moderna porque estaba fuera del tiempo. De todas formas, te tengo que decir que cuando nos llamaban modernos en los años ochenta era un insulto. Decían: “Mira qué modernos”. Nosotros añadíamos una l y decíamos: “Mira qué modelnos”. Era un insulto y ahora puede que también lo sea. Yo nunca he tenido interés por lo moderno.

Llevamos años hablando de la polarización, pero Fangoria parece ser una figura de cierto consenso.

N. C.: Eso ya no depende de nosotros. Eso depende del Instagram que visites. Hay cuentas en las que somos lo puto peor, otras en la que se nos respeta, otras en las que se nos aguanta y otras en las que nos tratan como auténticas momias de museo. Pero es verdad que hay niños y jóvenes fascinados con nosotros desde el reality [el programa de telerrealidad Alaska y Mario se emitió entre 2011 y 2018]. Siempre tuvimos muchos niños y jóvenes entre el público.

A.: Es como cuando nosotros teníamos 12 años y veíamos a Alice Cooper. Decíamos: esto es lo nuestro. Sabíamos que no era de nuestra edad o de nuestra generación, pero decíamos: ¿Quién es esta persona? ¿De dónde ha salido? Quiero ser como ella.

N. C.: Estamos fuera del tiempo y nunca hemos pertenecido a nada. No somos de la nueva ola madrileña. No tenemos nada que ver con Los Secretos. Nos dicen que no queremos saber nada de la Movida y no es verdad. Estábamos ahí, porque éramos contemporáneos, pero no teníamos nada que ver. Si comparas los discos y las portadas y lo que decíamos, te das cuenta. Ahora respeto a Mecano, pero no teníamos nada que ver con ellos. No trabajábamos con músicos de estudio ni éramos ambiciosos como ellos. Carlos [García Berlanga] se iba y volvía del grupo todo el rato. Nunca hemos pertenecido a nada y eso nos ha salvado.

Siempre estuvieron en los márgenes, pero también siempre fueron mainstream.

N. C.: Sí, eso sí que sí.

A.: Yo lo llamo tener underground. Cuando eres mainstream, pero vienes del underground, eso lo tienes siempre. Y de hecho nos ha pasado. Cuando no tienes éxito, puedes volver al cabaré.

Fangoria no es una fabricación.

A.: No tenemos nada en contra de las fabricaciones. Estamos a favor de las fabricaciones de los demás.

N. C.: Nuestros grupos favoritos eran los Monkees y los Archies. Así que no tenemos ningún problema con lo prefabricado ni con lo mainstream. Tener mucho éxito no es ningún problema para nosotros, no tenerlo tampoco es un problema.

Pero insistimos en asociarlos a la Movida.

A.: Es como hablar de la generación del 27, hay que poner etiquetas.

N. C.: Pero nosotros empezamos en 1977, justo antes de la Movida. Ahí ocurrió todo lo interesante con Pedro [Almodóvar], las Costus… Todo eso fue antes de 1980.

Ahora hay cierto revisionismo de la Transición. ¿Están a favor o en contra?

A.: Es lógico.

N. C.: Es normal, pasa con todo. Pasa con la música, con el arte, con la historia. Dentro de 20 años todos lo que ahora están poniendo verde la Transición dirán: “Ah, pero si estaba fenomenal”.

A.: Lo que pasa es que nosotros vivimos la Transición y alucinamos con algunas revisiones.

N. C.: Yo no reconozco las revisiones que se están haciendo, pero comprendo que las tengan que hacer. Se está reescribiendo la historia, pero entiendo que la historia está para ser reescrita.

¿Todo lo que se hizo se hizo bien?

N. C.: Nosotros éramos unos adolescentes y estábamos formando un grupo. No sabemos lo que se hizo y no nos interesa.

A.: Pero sabemos lo que vivimos, lo que podíamos hacer y lo que no podíamos hacer.

N. C.: La historia se cuenta según cómo te haya ido. Nos fue fenomenal y lo pasamos bomba. ¿Qué te vamos a decir?

Alaska, usted siempre dice que son “antijuventud”.

A.: De jóvenes solo nos interesaba la gente mayor. Ahora ya empieza a ser difícil encontrar gente más mayor que nosotros.

N. C.: Es verdad, no nos interesa la juventud. Nos interesa la gente. Hay gente mayor que nos interesa y hay gente joven que nos interesa. Los mayores tienen más que contar y se lo tienen menos creído. La juventud tiene algo terrible: la soberbia.

A.: De jóvenes también fuimos muy soberbios.

Entrevista Fangoria

En la era de Spotify, ¿de qué viven los grupos?

N. C.: De los conciertos.

A.: Nosotros somos como una compañía de teatro, tenemos que estar siempre de gira.

N. C.: No pasa nada, nos gusta. Nos encanta ser una compañía de teatro.

A.: Ahora los discos son como los books de las modelos. Somos como modelos con el book debajo del brazo.

Muchos artistas ganan un buen dinero dando conciertos privados. ¿Tocan en bodas y cumpleaños?

N. C.: Por supuesto. Nosotros somos como las vedetes antiguas: donde nos contratan, vamos. Si tienes el dinero, tienes a Fangoria. Pero no nos contratan tanto como nos gustaría para eventos privados. Tocamos en todos los sitios y para todo el mundo.

¿Jeques incluidos?

N. C.: Jeques precisamente no. Pero que nos llamen de Alemania, de Italia, de Suiza, de Canadá, de Japón. No podemos quejarnos. Nos va muy bien.

A.: Como decía Truman Capote, que a su vez citaba a santa Teresa de Jesús: “Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas”.

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