Ir al contenido
_
_
_
_

España y el ‘curling’, un amor imposible

Cada vez que hay Juegos de Invierno, el país se engancha al exotismo de un deporte fascinante, pero de complicada práctica en estas latitudes

Los británicos, en la final masculina de curling de Milán- Cortina 2026.Andrew Milligan (PA Images / Getty Images)

Los pioneros frustrados del curling nacional se reúnen todos los años, entre el último domingo de febrero y primeros de marzo, a orillas del pantano barcelonés de Vallvidrera. El suyo es un ritual melancólico. Depositan la piedra sobre la tenue (o inexistente) capa de hielo con la esperanza de que no se hunda y les permita pasar la mañana jugando a su deporte preferido. Pero siempre se hunde.

Los integrantes del Vallvidrera Curling Club, fundado en 2018, concluyen que el juego que les entusiasma no es apto para estas latitudes y se van a desayunar butifarras al cercano Racó de Collserola. Tienen patrocinador, un himno, un uniforme e incluso participaron en 2019 en un torneo de iniciación en Puigcerdà. Pero su partido anual sigue siendo aún una esperanza quimérica, convertida ya en meme en las redes sociales.

Con incombustible humor, los curlers de la falda del Tibidabo presumen de unos supuestos orígenes que se remontan a 1540, durante el reinado de Carlos I de España y V de Alemania. Por supuesto, en el Siglo de Oro español no se había patentado aún el juego de las piedras, la diana y los cepillos. Pero los de Vallvidrera defienden que a orillas del pantano y a lo largo y ancho de la sierra litoral ya se practicaba algo “muy parecido” antes de que los escoceses empezasen a lijar la superficie del hielo para hacer avanzar un pedrusco junto a la abadía de Paisley, cerca de Glasgow. El juego, qué duda cabe, tiene raigambre y solera; los expertos insisten en que el deporte practicado en Paisaje invernal con trampa para pájaros, tabla al óleo de 1565 del pintor flamenco Pieter Brueghel el Viejo es, con casi toda certeza, curling o uno de sus antepasados directos.

El caso es que durante los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina hemos vuelto a constatar la insólita popularidad mundial de este deporte tan raro, cruce entre petanca, bolas criollas y tarea doméstica. Como explicaba hace años una cronista de BBC Mundo, “no tiene la espectacularidad del esquí alpino, la adrenalina desbocada del descenso en trineo ni la esforzada elegancia del patinaje artístico”, pero resulta “extraño e hipnótico” en su combinación de “estrategia, precisión, trabajo en equipo y tensión competitiva”, por no hablar de sus tres ingredientes estrella: “Escobas, piedras y rugidos”.

Incluso en España el curling es un fenómeno popular, gracias en parte a divulgadores tan apasionados como el comentarista de Eurosport Eduardo de Paz. De Paz tiene un hijo al que inculcó desde niño el entusiasmo por la petanca sobre hielo. Tanto, que fue subcampeón de Europa júnior en 2015 y acaba de proclamarse campeón de España con su equipo, el Txuri-Berri de San Sebastián.

Víctor Navarro, vocal de curling en la Real Federación Española de Deportes de Invierno, insiste en que el suyo es, con permiso del snooker, el deporte de nicho con audiencias más nutridas y fieles en España. Los partidos que transmite De Paz superan con frecuencia los 200.000 espectadores, una cifra digna de los partidos de la ACB de baloncesto, y ya en Sochi 2014, un Noruega-Suiza se convirtió en una de las retransmisiones de aquellos Juegos Olímpicos de Invierno más seguidas en España. El reverso amargo, tal y como reconoce Navarro, es que el curling de diario sobrevive en precario, con apenas 150 fichas y una única instalación semipermanente, la pista del Club Hielo Jaca. España se entusiasma cada cuatro años por la petanca sobre hielo, pero apenas la practica. Es por ello por lo que el símbolo del curling nacional sigue siendo la frustrada cita anual en Vallvidrera, las butifarras a las que sirve de pretexto y los memes que suscita

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_